15/9/2019
Política

‘Salir a fumar’, nuevo espacio de relaciones

La adaptación de los fumadores a las restricciones de la ley antitabaco les ha abierto nuevas maneras de conectar con los demás

Moisés Alonso - 19/08/2016 - Número 47
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‘Salir a fumar’, nuevo espacio de relaciones
Funcionarios de la Junta de Castilla-La Mancha aprovechan la hora del desayuno para salir a fumar un cigarrillo a la calle. La foto se tomó en 2006, poco después de la entrada en vigor de la ley antitabaco. jesús carvajal / Efe

Han pasado ya 10 años desde que en 2006 entrara en vigor la Ley 28/2005 (más conocida como ley antitabaco) con la que, junto a su posterior reforma en 2011, España se situó como uno de los países más restrictivos en cuanto al consumo de tabaco: se prohibió fumar en cualquier tipo de espacio de uso colectivo que no fuera la calle (salvo alguna excepción como centros penitenciarios o psiquiátricos) y, al mismo tiempo, aumentó el control sobre su publicidad. Parece que además esa ley ha impulsado un cambio de mentalidad de manera que, en poco tiempo, la sociedad española ha pasado de aceptar el tabaquismo a rechazarlo. “Se ha generado una nueva conciencia antitabaco, que hace que nos sintamos como un lastre por fumar”, afirma Óscar (43 años de edad y fumador desde hace 25).

Cada año diferentes organismos publican información alertando de los riesgos del consumo del tabaco. Según Miguel A. V. Ferreira, fumador y profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, esto responde a la lógica de disciplinamiento propuesta por Foucault: “Se regula el comportamiento siguiendo criterios científicos que señalan qué está bien y qué está mal. Antes, fumar estaba bien —sostiene Ferreira— ahora está mal. Y a partir de ahí surgen las regulaciones normativas.” 

Este cambio en torno al tabaquismo está reduciendo el número de fumadores año tras año en España. Según un comunicado de la Sociedad Científica Española de Estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y las otras Toxicomanías (Socidrogalcohol), en este momento los fumadores representan el 23,9% de la población, cuando en 2006 era del 26,4% (según datos del Instituto Nacional de Estadística).

Renuncia a lugares colectivos

Aun así, España sigue siendo uno de los países de Europa con más fumadores, lo que indica que hay una parte importante de la sociedad que se ha tenido que adaptar a las restricciones de la ley antitabaco en los lugares de trabajo y de ocio, para poder seguir ejerciendo su derecho a fumar. “Esta ley nos obliga a renunciar a espacios de ocio que resultaban habituales hace poco”, valora Ferreira. “Restringe la interacción entre las personas y te echa de los espacios. Solo escucha la expresión ‘tengo que salir a fumar’.”

Lejos de ser un obstáculo para los fumadores a la hora de relacionarse con los demás, esos momentos de salir a fumar han generado nuevas maneras de vincularse con otros fumadores. En esta dirección, Darío (publicista de 26 años) admite que en su trabajo ha congeniado más con los que coincide fumando, incluso de otras compañías. “En mi edificio hay distintas empresas y a veces coincidimos fumadores de varias de ellas, lo que me ha permitido conocer a gente que no hubiera conocido de otra forma.”

Jefes y compañeros

Incluso ha profundizado en la relación con uno de sus jefes. “Uno de los británicos que fundó mi empresa solo fuma cuando toma cerveza o después de comer. Cada vez que viene a España y comemos con él, me pide un cigarro y fumamos juntos. Supongo que eso ha contribuido a que tengamos una relación más estrecha.” También reconoce que ha buscado compartir el momento de fumar con alguna compañera. “Ha habido compañeras fumadoras a las cuales he estado atento para ver cuándo bajaban a fumar y coincidir con ellas, pero curiosamente he acabado flirteando más con las no fumadoras.”

Sin embargo, no en todos los trabajos existe la posibilidad de ir acompañado cuando se sale a fumar. Es el caso de Lucas (27 años), que trabaja como teleoperador mientras estudia filología alemana. Asegura que fumar se ha convertido en un aliciente en trabajos como el suyo, en los que se controlan los tiempos casi de manera cronometrada. “Solo podemos salir de uno en uno, así que fumar es una excusa para poder tomar descansos”, afirma. “Aunque pueden hacerlo todos, al final solo los aprovechamos los fumadores.”

“Se crea una especie de clan con los que se sale a la calle y se habla de cosas de las que no se habla con el resto”

Por su parte, Lucía (a quien hemos cambiado de nombre) tiene 39 años y lleva 12 como fumadora. Es profesora y siempre se ha sentido cómoda en los corrillos de fumadores. “Me gustaban algunos momentos que compartía con los fumadores y tal vez eso me animó a fumar.” Asegura que de esa manera ha conocido a gente con la que “ha entablado curiosas conversaciones que posiblemente no hubiera tenido si no fumara”. De hecho, afirma que tanto fuera como dentro del trabajo “quizá se crea una especie de clan de fumadores con los que se sale a la calle a fumar, y se habla de cosas de las que no se suele hablar con el resto o al menos no de la misma manera”. Algo similar piensa Lucas, que aprovecha los momentos de salir a fumar para despejarse. “Es una buena excusa para salir de cualquier sitio lleno de gente y pasar unos minutos tranquilo. Además, acabas teniendo más confianza con la gente que sabes que fuma.” Pero a veces en la puerta de los locales uno se puede topar con personas con las que no simpatiza mucho. “Conviene resaltar que no siempre son la gente más deseable”, opina Darío.

Más fácil ligar

“El momento de salir a fumar se ha convertido en una excusa para tener más intimidad con otra persona”

Otros momentos de salir a fumar se envuelven en una atmósfera mucho más íntima en la que el flirteo tiene cabida. Lucas piensa que es más sencillo seducir a alguien en la calle que en el interior de un local. “En realidad, es más fácil hacerlo en un ambiente libre de música y ruidos. Es igual que cuando podías hacerlo fumando dentro, solo que cambia el espacio.” Darío sospecha que detrás de algunas proposiciones de “salir a fumar” se esconde la intención de querer intimar. “El salir a fumar se ha convertido en una interesante excusa para generar un momento apartado de todo y tener más intimidad con otra persona. He presenciado y protagonizado varias situaciones en las que ese momento escondía en realidad el propósito de buscar un contexto más íntimo.”

Es evidente que la ley antitabaco ha cambiado gran parte de los hábitos de los fumadores. Si al principio les resultó desconcertante e incómodo tener que abandonar el lugar en el que se encontrasen para fumar, esas escapadas han generado espacios alternativos, flexibles y fugaces en los que han ido originando nuevas maneras de relacionarse entre sí. Llama la atención que todos los consultados para este artículo (salvo Ferreira) defienden esos momentos por no molestar con el humo a los no fumadores y porque les supone un rato de descanso, relajación o de encuentro con otros fumadores con los que pueden llegar a compartir situaciones singulares.