24/6/2019
Análisis

Después del Brexit, la improvisación

Ni los partidarios de quedarse ni los que preferían dejar la UE se habían planteado cuál iba a ser su estrategia en caso de que ganara la salida

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Esta semana corría por internet un tuit de la cuenta de David Cameron publicado hace un año en el que el equipo del primer ministro pedía a los británicos que escogieran entre la estabilidad y el Gobierno fuerte que él ofrecía “o el caos con Ed Miliband”, el entonces líder laborista. Ya se sabe que la política es impredecible, y que la mayoría de los mensajes envejecen mal, pero poco más de un año más tarde es difícil imaginar una situación de más inestabilidad y con un Gobierno más débil que el de Reino Unido desde el pasado 24 de junio, cuando el país se despertó con la sorpresa de la victoria del Brexit. A pesar de que las encuestas ya predecían un resultado ajustado con probabilidades de que ganara la salida de la UE, la sensación es que nadie se las había creído y que todo el mundo actuó pensando que, en el último momento, la opción de quedarse se acabaría imponiendo, aunque fuera por un estrecho margen. Ni remainers (partidarios de quedarse en la Unión) ni leavers (los que preferían irse) se habían planteado cuál iba a ser su estrategia en caso de que ganara la salida, y han tenido que ir improvisando, de forma un poco torpe, su reacción al resultado.

Más allá de la curiosa situación en la que se encuentran los invisibles Liberal Demócratas —ausentes de la cobertura mediática y del debate a pesar de su europeísmo— y de la incertidumbre alrededor del UKIP —claros vencedores de la votación sin líder ni posición de partido en un Reino Unido fuera de la UE—, la improvisación se ha visualizado sobre todo en los grandes partidos: los laboristas y los conservadores. En los tories se abrió el debate de la sucesión de Cameron, con la doble dificultad de cerrar las heridas abiertas en el interior del partido durante la campaña a la vez que se buscaban hojas de ruta para gestionar el resultado sin poner en riesgo la situación política y económica de un país aún liderado por el Partido Conservador. Entre los laboristas, que hasta el momento habían conseguido mantenerse más o menos unidos, el resultado ha servido de excusa para abrir el debate sobre el polémico Jeremy Corbyn, dejando el liderazgo del partido en una situación tan o más precaria que la de sus competidores.

No está claro cómo May negociará con la UE ni si podrá evitar que se vuelvan a abrir los debates en su partido

Tres semanas después del referéndum que ha sacado a Reino Unido de la UE, los conservadores ya tienen sucesora a Cameron.  Theresa May es la nueva primera ministra después de un proceso de relevo del liderazgo accidentado y lleno de sorpresas. La elección de una candidata que se había posicionado por el remain, pero que cuenta con un largo historial de oposición a la libre circulación de personas y a la integración política, seguramente ayudará a parar la guerra interna abierta durante la campaña. Pero el debate está muy lejos de estar cerrado. El Brexit ha sido primordialmente una campaña entre los beneficios del acceso al mercado europeo y los costes de la falta de control de la inmigración. Dos temas que, seguro, van a estar encima de la mesa en la renegociación con los 27 miembros restantes de la UE. No está claro cómo la nueva jefa del Gobierno va a encarar la negociación con la UE ni si va a poder evitar que se vuelvan a abrir las cuestiones que han dividido al partido estos meses.

Los laboristas deben decidir si aceptan la salida e intentan influir en la negociación

Más incierto aún es el futuro del Partido Laborista. Después de la moción de censura de los parlamentarios, Corbyn se ha negado a dimitir y a facilitar su relevo, dificultando la aparición de candidatos dispuestos a enfrentarse en primarias a un líder que hace poco más de un año demostró que cuenta con el apoyo de una parte importante de la militancia. Independientemente de si el líder del partido es Corbyn u otro candidato, lo que parece evidente es que también va a tener que gestionar la decisión sobre cómo posicionarse ante la perspectiva de un Reino Unido fuera de la UE. Si aceptan la salida e intentan influir en la negociación o si optan por una oposición frontal a la idea y se presentan a las próximas elecciones, que no se sabe muy bien cuándo serán, con una propuesta de intentar dar marcha atrás en el proceso.

Pase lo que pase las próximas semanas, lo que parece evidente es que el debate sobre la UE, y la inestabilidad generada con él, no han acabado. Queda también despejar la incógnita de qué hacer con Escocia e Irlanda del Norte, los dos territorios que apostaron por quedarse.