18/8/2019
Internacional

El espectáculo de Donald Trump

Lo ha intentado, pero el Partido Republicano no acaba de conseguir cerrar filas en torno a su candidato presidencial

Dori Toribio - 22/07/2016 - Número 43
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El espectáculo de Donald Trump
Donald y Melania Trump en la Convención Republicana en Cleveland. MICHAEL REYNOLDS / EFE
Donald Trump había prometido “el espectáculo más increíble jamás visto en una convención”. Y no defraudó. Aunque el show que vimos quizás no era el que el magnate tenía en mente. La semana de la Convención Republicana celebrada en Cleveland, Ohio, dejó un rastro de grandes polémicas imposibles de sortear. Desde la revuelta interna de los delegados de varios estados del país contra Trump al descarado plagio de Melania Trump en su noche de estreno copiando el discurso que Michelle Obama pronunció en Denver en 2008, cuando los demócratas eligieron candidato a la Casa Blanca a Barack Obama.

En las convenciones de los grandes partidos políticos estadounidenses siempre se viven momentos inesperados, sorprendentes o  caóticos. Es parte del encanto democrático de estas intensas concentraciones políticas, donde el espectáculo cobra un protagonismo central. Mire uno donde mire, hay asistentes ataviados con llamativos atuendos patrióticos, pancartas diseñadas para la ocasión, desatados bailes en plena sesión de votación, masificados puntos de venta de merchandising y apasionadas declaraciones de intenciones en los pasillos en busca de cinco minutos de gloria mediática. No es un detalle menor que el horario de las convenciones esté diseñado para coincidir con las franjas de más audiencia televisiva y su puesta en escena esté milimétricamente coreografiada para el directo ante las miles de cámaras acreditadas.

La ovación final para arropar la candidatura fue contenida, más de resignación que de celebración

Pero esta vez el guion de la Convención Republicana saltó en pedazos en varias ocasiones, y no siempre para bien. La nominación presidencial de Trump ha revuelto la conciencia de los conservadores. El objetivo de estos eventos políticos que se celebran cada cuatro años en EE.UU. es escenificar la unidad del partido en torno al candidato ganador de las primarias. Pero en 2016 el reto es difícil.

Pese a que Trump es ya formalmente el candidato presidencial republicano, la brecha abierta en el seno del partido estos meses será difícil de sanar completamente. Su nominación, que se selló formalmente en la votación de las delegaciones de los 50 estados como uno de los platos fuertes de la convencion de Cleveland, tuvo lugar entre abucheos, protestas y peticiones de recuento de votos y aclaración de reglas. Algunas delegaciones —como las de Washington D.C. o Alaska— dejaron claro su malestar. Y los medios estadounidenses recordaron que semejantes divisiones internas no se habían visto en el partido republicano desde 1976. La ovación final para arropar la candidatura del magnate fue contenida, con aplausos que destilaban más resignación que celebración. Este no fue el único incidente.

Las protestas acapararon por sorpresa el protagonismo del primer día de la convención. El movimiento Never Trump (Nunca Trump) nació a principios de año como respuesta al ascenso del magnate neoyorquino. Desde entonces, un nutrido grupo de congresistas, senadores y delegados estatales ha dejado claro que no estaba de acuerdo con la nominación presidencial de Trump y pedía evitarla a toda costa, augurando el principio del fin del Partido Conservador. El comité de reglas que diseñó la Convención Republicana se aseguró en junio de blindar el proceso para evitar rebeliones incómodas ante los ojos del país. Trump ganó las primarias con el mayor número de votos de la historia moderna del partido y su nominación era un hecho, advertía la cúpula conservadora. Pero las voces disidentes no amainaron.

Ni Bush, ni Romney, ni McCain

El primer día en Cleveland volvieron a manifestar su malestar, intensificado por las grandes ausencias en la convención: desde el anfitrión, el gobernador de Ohio, John Kasich, a los expresidentes Bush o los candidatos presidenciales de 2012 y 2008. Durante los procedimientos rutinarios que inauguran el encuentro político, las delegaciones de Utah y Virginia lideraron una revuelta inesperada. Exigieron poder ejercer su derecho al llamado voto de conciencia, personal y libre, en lugar del voto unitario vinculado a quien ha ganado en cada estado. Querían al menos tener la opción de poder decir no a Trump.

La cúpula del partido y de la campaña de Trump se aseguraron de calmar la situación hasta que quedó resuelta. El resto de la semana, la Convención Republicana trató de sonreír ante las cámaras y lanzar un mensaje de fortaleza y unidad. Pero la sombra de la divisón nunca acabó de disiparse.

Muchos republicanos confiesan sin reparo que votarán a Trump porque no hay más remedio que hacerlo. “¿Acaso tenemos otra opción?”, respondía un matrimonio de delegados de Montana, Bill y Valerie Morton, en los pasillos de la convención. Este era un perfil habitual entre los 50.000 asistentes a la cita republicana en Cleveland. De la misma manera que muchos de los invitados lanzaron discursos pronosticando una victoria republicana contra Hillary Clinton, pero sin mencionar apenas el nombre del candidato oficial del partido. Así lo hicieron el gobernador de Texas, Rick Perry, que no considera al magnate un verdadero conservador, o el presidente del Congreso, Paul Ryan, que durante semanas amenazó con no asistir al encuentro político. Después suavizó su postura, sobre todo tras la elección del gobernador de Indiana, Mike Pence, como nominado a la vicepresidencia de Estados Unidos. Una decisión de la campaña de Trump que calmó muchos recelos.

A Pence lo consideran el contrapunto perfecto al temperamento impredecible de Trump. “Soy católico, conservador y republicano, por este orden”, aseguró Pence al presentarse ante el público. Con más de una década de experiencia como congresista, cuenta con una impecable reputación en el Capitolio de negociador templado e incluyente, aunque apenas es conocido por los ciudanos estadounidenses.

Pence, vicepresidente con Trump: “Soy católico, conservador y republicano, por este orden”

Y en las contadas ocasiones en las que su nombre ha saltado a la palestra nacional ha sido debido a perjudiciales polémicas, como la ley que aprobó en Indiana que abría la puerta a la discriminación de la comunidad LGBT por parte de los negocios privados, basándose en la libertad religiosa. “Esta elección demuestra el peligroso plan de Donald Trump para Estados Unidos con una de las fórmulas presidenciales más conservadoras en décadas”, dijo Hillary Clinton sobre la nominación de Pence.

Pero esa es la apuesta del Partido Republicano que, como demostró en la convención, ha dejado atrás la estrategia de lanzar un mensaje incluyente que amplíe las bases y atraiga a nuevos votantes. El camino escogido, voluntariamente o no, es mantener, ensalzar y energizar el voto que Trump ya tiene en el bolsillo. El Partido Conservador se aleja cada vez más del centro y tensa sus extremos, tendencia que ha seguido de manera imparable en los últimos seis años. Según una encuesta de FiveThirtyEight y SurveyMonkey, la propuesta con la que más se identifican los estadounidenses republicanos estas elecciones es que el número de inmigrantes que llega a Estados Unidos cada año debería disminuir.

“El último republicano”

No en vano, Donald Trump arrancó su campaña electoral en 2015 lanzando su incendiaria intención de construir un muro en la frontera con México para detener a los inmigrantes que “traen el crimen y son violadores”. A esto hay que sumar sus ataques a los musulmanes, dentro y fuera de Estados Unidos. Esta estrategia le ayudó a ganar las primarias de su partido, que tienen un perfil de voto más conservador que las elecciones presidenciales, con una masa votante mucho más moderada y un protagonismo esencial de los independientes. Muchos dentro del partido lo saben y advierten sobre las nefastas consecuencias.

“Me preocupa que yo vaya a ser el último presidente republicano”, confesó George W. Bush desde Texas al inicio de la convención, a la que declinó amablemente asistir. Lo mismo hicieron su padre, George H. Bush, y su hermano, Jeb Bush.

El Partido Republicano se ha resignado a su suerte. Y al mandato de las urnas. Trump es su candidato presidencial. Los recientes años de polarización y bipartidismo escorado y visceral le abonaron el camino junto a otros muchos factores, como su tendencia al populismo, la conexión con el voto de la ira, el hartazgo de los estadounidenses con la política tradicional y el agotamiento de los dos grandes partidos. “Es el perfecto outsider y no podemos estar más orgullosos de él”, presumía Eric Trump, hijo del magnate, en la celebración. Ese argumento fue uno de los mejores recibidos en la convención, con pocos perfiles políticos de peso.

“Nunca he visto a tanta gente real en lugar de políticos del establishment hablando en una convención”, confesaba en las redes sociales el analista y escritor Baltazar Bolado tras la cita republicana con menos nombres conocidos, pero más polémica, de los últimos años. Y más espectacular. Porque si de algo sabe Trump es de espectáculo televisivo. Y así selló su nominación, rodeado de su fotogénica familia, entre globos de colores patrióticos, máquinas de humo y cámaras con el piloto rojo encendido. Con la única promesa con la que el Partido Republicano puede identificarse: vencer al enemigo que todos dicen tener en común, Hillary Clinton.