22/9/2019
Internacional

La inseguridad descarrila el eje franco-alemán

Los últimos ataques registrados en territorio europeo complican la intención de Merkel y Hollande de relanzar la UE tras el Brexit

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La canciller alemana y el presidente francés tardaron apenas cuatro días en reunirse en Berlín tras el triunfo del Leave en el referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea. Se citaron ambos, junto al premier italiano, Matteo Renzi, para mostrar su intención de relanzar Europa. “Cuando estamos de acuerdo, eso preocupa, y cuando no estamos de acuerdo, eso preocupa más, así que intentamos estar de acuerdo”, decía François Hollande en alusión a Angela Merkel.

Prometían entonces los mandatarios medidas concretas con las que impulsar el proyecto europeo a partir de septiembre. Las áreas concernidas eran la seguridad, la economía y la juventud europeas, además de la sempiterna armonización fiscal y social. Sin embargo, los problemas de seguridad tras los últimos ataques terroristas podrían dejar en entredicho la intención de relanzamiento comunitario.

Los ataques en Niza y en Normandía no invitan a pensar que desde París se vaya a priorizar la agenda europea

“Los franceses están tan preocupados por sus problemas de orden doméstico que no están realmente interesados en Europa”, dice a AHORA Daniel Gros, director del Centro de Estudios Políticos Europeos (CEPS). Junto con la búsqueda de soluciones para su alicaída economía, la seguridad es un tema crucial en Francia, un país cuyo presidente ha vuelto a reconocer hace unos días que “la amenaza terrorista sigue siendo muy elevada”.

La masacre de Niza del pasado 14 de julio, que dejó 84 muertos y cerca de 200 heridos, y el reciente asesinato de un cura en la toma de rehenes de la iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray —dos ataques en menos de dos semanas reivindicados por el autodenominado Estado Islámico— no invitan a pensar que desde París se vaya a priorizar la agenda europea. “Para relanzar Europa, una de las cosas que tienen que ocurrir es que Francia vuelva a interesarse de verdad por Europa”, estima Gros.

En Alemania, la cuestión de la seguridad comienza a ser preocupante después de lo ocurrido en los últimos días. El 18 de julio un solicitante de asilo afgano hirió a cuatro viajeros de un tren con un hacha y un cuchillo en un ataque reivindicado por Dáesh en la ciudad bávara de Wurzburgo. Apenas una semana después, un atentado con una bomba a manos de un demandante de asilo sirio proclamado “soldado” de Dáesh dejó otros 15 heridos en Ansbah, también en Baviera.

A ello se suman las 9 víctimas mortales y 27 heridos que causó en Múnich, la capital bávara, un joven germano-iraní que terminó suicidándose y cuyos padres llegaron a Alemania en calidad de refugiados en los años 90. En el mismo fin de semana que ocurrió la tragedia en Múnich y el ataque de Ansbach, otro refugiado sirio mató a una mujer en lo que parece ser un crimen pasional que dejó otros cinco heridos en la ciudad de Reutlingen, en el Land de Baden-Wurtemberg.

Merkel bajo presión

La preocupación generada por estos ataques llevó a Angela Merkel a interrumpir sus vacaciones, que comenzaron el mismo día en que ocurrió la matanza en Múnich. Por mucho que la jefa del Gobierno germano evite siempre tomar decisiones en caliente, será difícil obviar que entre sus prioridades figure ahora la seguridad. Es lo que reclama la formación ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), el partido más crítico con la política de refugiados del Gobierno germano que permitió la entrada de 1,1 millones de demandantes de asilo solo en 2015.

Más problemáticas son las críticas procedentes de la Unión Social Cristiana (CSU), partido bávaro hermanado a la Unión Cristiano Demócrata (CDU) que lidera Merkel, que está llamando a endurecer las políticas de inmigración e incluso a movilizar al Ejército en tareas antiterroristas. “La CSU y sus líderes, como Horst Seehofer o Joachim Hermann, son reconocidos populistas”, sostiene en declaraciones a este semanario Christine Strassmaier, experta en terrorismo y seguridad del Grupo de Investigación sobre Oriente Medio y Asuntos Internacionales.

“Merkel está ahora bajo presión”, opina Strassmaier, aludiendo a la influencia que pueden tener sobre la canciller los discursos de AfD y de la CSU. Por su parte, la formación izquierdista Die Linke, el principal partido de la oposición en el Bundestag, ha criticado las políticas de integración. Para el 83% de la población germana, según un reciente sondeo, la inmigración y la integración son “un quebradero de cabeza”.

La CSU pide endurecer las políticas de inmigración e incluso movilizar al Ejército en tareas antiterroristas

La situación de la seguridad en Alemania y Francia, sumado a que ambos países celebrarán, respectivamente, elecciones generales y presidenciales el próximo año, plantea un contexto poco esperanzador para relanzar la UE pese a lo prometido tras el Brexit. Así lo cree Nicolai von Ondarza, experto en cuestiones europeas del Instituto Alemán para Política Internacional y Seguridad. “No estoy seguro de cuánta Europa van a poder vender Hollande y Merkel a sus electorados”, dice a AHORA.

Con el acuerdo UE-Turquía en materia de refugiados, Merkel había encontrado algo de calma en lo que a inmigración se refiere. En los sondeos de intención de voto, AfD había caído incluso por debajo del 10%, cuando en marzo llegó a obtener un 24,2% de los sufragios en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt.

Tras los últimos ataques registrados en Alemania, Strassmaier estima que habrá cambios en las encuestas porque “AfD y CSU tienden a aprovecharse de los sentimientos de miedo”. Daniel Gros considera que Merkel era la “única figura política que podía permitirse el lujo de pensar en Europa”. Un lujo, el de priorizar la agenda europea, que parece ahora fuera de su alcance.