17/12/2017
Ciencia

La vida es química

Monos, mitos y moléculas reúne artículos de Joe Schwarcz que abordan diferentes temas científicos y pretenden romper con la asociación entre artificial y malo

La química tiene hoy día tan mala prensa que el mismo adjetivo “químico” se ha convertido en sinónimo de tóxico y antinatural. La fobia a cualquier producto de origen químico quizá sea la principal superstición laica de nuestros tiempos. No es de extrañar que los químicos se rebelen ante esta demonización de su disciplina, pero no hay muchos autores que se dediquen a vindicar la química a través de libros para el gran público, y menos aún que lo hagan tan bien como el canadiense de origen húngaro Joe Schwarcz.

El doctor Joe (como se le conoce a través de su popular programa de radio en Canadá) es un colaborador habitual de Discovery Channel y ha publicado numerosos libros de divulgación de notable éxito, con títulos tan llamativos como ¿De qué se alimentan los zombies? (Robinbook, 2009). El título de su nuevo libro traducido al español, Monos, mitos y moléculas, es un tanto engañoso, porque en él se habla mucho de moléculas, bastante de mitos y casi nada de monos (solo en la introducción se alude a una caricatura de unos monos que se agarran de la cola unos a otros, como alegoría del anillo de átomos de carbono de la molécula de benceno).

Separar lo real de lo ficticio

Se trata de una colección de 65 artículos cortos (no más de cinco páginas) agrupados en seis partes: “Tragarse la ciencia”, “Volver la vista atrás”, “Preocupaciones químicas”, “Química por aquí y por allí”, “Asuntos de salud” y “Medias verdades”. Los temas tratados pueden clasificarse a grandes rasgos en tres bloques: alimentación y nutrición, historia de la química y los químicos, y medicina (aunque unos cuantos artículos, como el que trata de la historia del retrete con cisterna, no acaban de encajar en ninguna de estas categorías). El autor también tiene una columna de ciencia en la revista Montreal Gazette, de donde presumiblemente procede la mayoría de artículos, lo que explica su brevedad y su desconexión. Esta independencia de los capítulos, lejos de ser un defecto, permite leerlos en cualquier orden y retomar el libro en cualquier parte, lo cual es una ventaja para aquellos que tengan dificultades para seguir el hilo de una argumentación prolongada.

La fobia a cualquier producto de origen químico quizá sea la principal superstición laica hoy en día

Pero Monos, mitos y moléculas no es solo un compendio de curiosidades para conversaciones de sobremesa. Aplicando la misma estrategia del gran Stephen Jay Gould en sus insuperables colecciones de ensayos cortos sobre evolución, el doctor Joe se vale de casos en apariencia anecdóticos para comunicar ideas profundas y generales. Leyendo este libro no solo nos enteraremos de los beneficios de una dieta baja en azúcares, o de cómo nuestros gatos nos embadurnan de feromonas, o del intento de emplear murciélagos como bombas “inteligentes” en la Segunda Guerra Mundial, o del impacto del yogur griego sobre el medio ambiente, o del uso de bacterias presentes en nuestras axilas para producir quesos, o de cómo la música parece estimular el crecimiento de las plantas, sino que también encontraremos pistas para aprender a separar lo real de lo ficticio en la ciencia de la vida diaria (como reza el subtítulo de la edición en inglés).

La falacia naturalista

La crítica de la falacia naturalista (la idea de que lo “bueno” se reduce a lo “natural”, y de que todo lo artificial es malo por definición), la diferencia entre correlación estadística y relación causa-efecto, la creación de montañas a partir de granos de arena por los medios de comunicación, la información sesgada y las medias verdades de la propaganda anticientífica, y la propagación y perpetuación de mitos infundados son temas recurrentes a lo largo del libro. No me resisto a citar el apasionante artículo sobre el mito del mito de las espinacas de Popeye. Digo el mito del mito, sí, porque el consabido argumento de que la presunta riqueza en hierro de las espinacas (que es la presunta base de su efecto fortalecedor en Popeye) es un mito derivado de una coma mal puesta en la cifra correspondiente a la cantidad estimada de hierro en el estudio original del valor nutritivo de las espinacas, que es a su vez otro mito. Tal como revela Schwarcz, el presunto error nunca existió, y la fábula se ha perpetuado solo porque los divulgadores tienden a copiarse unos a otros sin contrastar las fuentes originales. Para más inri, resulta que Popeye comía espinacas no porque tuvieran mucho hierro, sino por su contenido en vitamina A.

Esta es solo una muestra del estilo, tan divertido como riguroso, del doctor Joe. En cualquier caso, si algo queda claro después de leer este libro es que la química no es un aditivo extraño y artificial en nuestras vidas, sino un elemento omnipresente e inseparable de nuestra naturaleza. En definitiva, es un libro delicioso y nutritivo para el intelecto (aunque contenga mucha química).

Monos, mitos y moléculas
Monos, mitos y moléculas
Joe Schwarcz
Traducción de Antonio Iriarte
Pasado y Presente, Barcelona, 2016,
328 págs.