21/10/2017
Opinión

Las respuestas de Europa

Editorial - 14/10/2016 - Número 55
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Nunca ha habido tan pocas cosas en común entre los estados miembros de la Unión Europea, nunca menos discurso europeo ni tanto nacional, nunca mayor fragmentación. Más que a una tormenta perfecta, la Unión está siendo expuesta a una sucesión escalonada de tormentas diferentes y cada una se está llevando por delante alguno de sus pilares básicos. Las crisis del euro y de la deuda la han partido de norte a sur, han desmentido la promesa de las transferencias fiscales y han aumentado la divergencia real y empobrecido a una parte significativa de la población. La oleada de refugiados y migrantes ha mostrado el perfil más insolidario entre sus miembros, incapaces de gestionar un flujo que apenas supone el 0’5% de su población total, además de despertar de nuevo los demonios del nacionalismo identitario. El Brexit ha cebado la ambición disgregadora de líderes populistas y xenófobos de países centrales de la UE. La democracia está siendo seriamente vulnerada en países como Hungría y Polonia.

Aun así, la UE sigue siendo un proyecto y un espacio privilegiado que hay que defender con determinación. Todas estas crisis tienen respuesta, todas son abordables. Bajo la condición de que se afronten en común, con respuestas europeas globales y no con parches nacionales. En la UE hace tiempo que se ha roto el pacto que garantizaba un modelo social. Una gran parte de sus ciudadanos se siente desprotegida frente a los retos que vienen del mundo global, y ante la falta de respuestas europeas se refugian en el ámbito nacional. Doble error, porque no hay respuestas nacionales a esos retos y porque son sus estados los que frenan las respuestas europeas.

Por supuesto que necesitamos preservar nuestra democracia, una seguridad y defensa comunes, fortalecernos como actor global, invertir para innovar y cambiar el modelo productivo, reparar los fallos del euro, reformas para gobernarnos más eficazmente. Pero la clave final reside en nuestra capacidad para poner en pie una Unión Social y Fiscal que mejore la vida de los europeos y refuerce su legitimidad. O somos beneficiarios de un mismo sistema de bienes y libertades o estarán en riesgo los objetivos de la UE: una economía abierta, con un modelo social, en un espacio democrático, solidario con sus ciudadanos y sus territorios, garante todo ello de la paz.