26/6/2019
Europa

Los políticos irlandeses se dan más prisa

Tras fracasar en tres votaciones de investidura, los dos grandes partidos pactan el ejecutivo de Fine Gael

Gregorio Zurita - 06/05/2016 - Número 32
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Los políticos irlandeses se dan más prisa
El centrista Martin (izq.) ha negociado un gobierno en minoría encabezado por el conservador Kenny. L. NEAL / AFP
Algo más de dos meses después de las elecciones generales en la República de Irlanda, el partido conservador Fine Gael (FG), ganador de los comicios, y varios diputados independientes se disponen a formar un gobierno en minoría. Será un ejecutivo de corta duración porque su supervivencia depende del apoyo que reciba desde la bancada de la oposición por la segunda fuerza nacional, el centrista Fianna Fáil (FF), rival histórico del partido del primer ministro, el democristiano Enda Kenny. En principio, FF, liderado por Micheál Martin, se ha comprometido a ayudar a FG a sacar adelante al menos tres presupuestos generales y a abstenerse en cualquier moción de censura planteada en la Cámara Baja de Dublín (Dáil). Los centristas, que ya rechazaron durante las negociaciones una oferta de Kenny para formar un gobierno de poder compartido, no han querido ir más lejos.

Según el analista político Johnny Fallon, las bases de los Soldados del Destino (Fianna Fáil en gaélico) no hubiesen aceptado ese acomodo con la Tribu de los Irlandeses (FG) por la “profunda antipatía que se profesan ambas partes” desde la guerra civil irlandesa (1922-1923).

Martin tampoco quería dejar al izquierdista Sinn Féin de Gerry Adams, tercera fuerza más votada en los comicios, como el principal partido de la oposición. “Desde esa cómoda situación el antiguo brazo político del IRA podría haber aprovechado el desgaste de conservadores y centristas para crecer y asaltar el poder en futuras elecciones”, recuerda Fallon. Por esos motivos, tanto Kenny como Martin tantearon a las formaciones minoritarias e independientes del nuevo Dáil para presentar sus respectivas candidaturas al puesto de taoiseach (primer ministro). Pero, sin los números suficientes, fracasaron en hasta tres votaciones de investidura. Con las matemáticas en contra, no les quedó otra opción que sentarse a negociar un acuerdo que facilitase la formación de un ejecutivo en minoría encabezado por los “camisas azules”, en referencia al color de los uniformes de los milicianos que FG envió para ayudar a Franco.

Según recalcan democristianos y centristas, su pacto no es un programa para gobernar, sino una hoja de ruta que establece, con vaguedad, unos compromisos y normas de convivencia para que el ejecutivo tenga estabilidad durante dos o tres años. El camino hasta llegar a ese acuerdo no ha sido fácil porque FF condicionó su apoyo a la abolición de la impopular tasa sobre el agua, introducida por el gobierno de coalición de FG y el Partido Laborista en la anterior legislatura y vista como una medida más de austeridad. “Es sorprendente que este asunto dominase los contactos, si se tiene en cuenta que el país tiene problemas más acuciantes como el paro juvenil, la falta de viviendas asequibles o el deterioro de los servicios sociales”, apunta Tom Healy, director del Instituto de Investigaciones Económicas Nevin (NERI). Tras varias semanas de negociaciones, FG rechazó la eliminación definitiva del impuesto sobre el agua y optó por su suspensión temporal, a pesar de que este asunto le pasó factura en unos comicios que también castigaron a los laboristas, que perdieron 30 de sus 37 escaños en una cámara que en la anterior legislatura tenía 166 diputados (ahora son 158).

Para Fallon, las concesiones efectuadas por FF y FG respecto al agua podrían esconder una hábil maniobra política con la que, a corto plazo, podrían salir beneficiadas casi todas las partes. “El impuesto sobre el agua se suspenderá durante un año, periodo durante el cual una comisión independiente examinará otras alternativas para su cobro al tratarse de una imposición de la UE.”

Las recomendaciones de la citada comisión se someterán después a una votación en el Dáil, donde, seguramente, serán rechazadas porque la mayoría de sus miembros hizo campaña en contra de esta cuestión de cara a las elecciones del 26 de febrero. “Si FG no es capaz de reintroducir alguna tasación sobre el agua en uno o dos años y crece el malestar entre los parlamentarios que se la jugaron en los comicios, podría verse obligado a disolver el gobierno y convocar elecciones, esta vez sin Kenny”, advierte Fallon. Para entonces, el primer ministro, al final de su carrera, ya habría cumplido el sueño de convertirse en el primer líder de los azules que encadena dos legislaturas consecutivas como taoiseach, algo que ningún dirigente de FG había conseguido en sus 83 años de historia. Sin este político al frente, no muy popular entre los votantes, los democristianos mejorarían su imagen. A la espera de tomar su relevo están jóvenes como Leo Varadkar y Simon Coveney, ministros de Sanidad y de Agricultura y Pesca en el último gobierno, respectivamente.

Por su parte, el FF de Martin, uno de los políticos mejor valorados, afrontaría la cita con las urnas desde una posición de fuerza tras haber demostrado “flexibilidad y responsabilidad” al apoyar un ejecutivo en minoría de su viejo enemigo, y por mantenerse firme en  el asunto del agua. Los centristas completarían así la recuperación experimentada desde los comicios de 2011, cuando perdieron el poder al ser vistos como los responsables del desastre económico que les llevó a solicitar un año antes un rescate multimillonario a la UE y el FMI.

El papel de los independientes

Otra fuente de posible inestabilidad para el nuevo gobierno radica en el papel que desempeñarán los independientes. Debido a su complejo sistema electoral, los ejecutivos de coalición en Irlanda son comunes y, aunque en el pasado ha habido también independientes, casi siempre hubo una formación minoritaria acompañando a FF o FG. “En esta ocasión es diferente, solo hay independientes y alguno de ellos asumirá carteras importantes. Normalmente son elegidos por su circunscripción de acuerdo con un programa político muy local, haciendo campaña para construir un hospital o arreglar las infraestructuras de comunidades rurales”, apunta Healy. Ahora, precisa el economista, deberán hacer política nacional y al mismo tiempo cumplir con sus promesas electorales si quieren revalidar su escaño en uno o dos años. “Es difícil que los independientes vayan a apoyar cuatro o cinco presupuestos generales si se ven obligados a tomar decisiones en contra de sus intereses particulares.”

Tampoco está claro, agrega Healy, que la economía siga creciendo al ritmo actual, el más alto de la zona euro, en cuyo caso se abrirían grietas en el pacto entre FF y FG. Una economía tan globalizada como la irlandesa está expuesta a la inestabilidad internacional, a la marcha de mercados como los asiáticos (con muestras de desaceleración) y, sobre todo, a la temida salida de Reino Unido de la UE.