17/12/2017
Opinión

El desvarío norcoreano, amenaza para la paz y seguridad internacionales

La deriva de Corea del Norte y sus estúpidas declaraciones podrían desencadenar una carrera armamentista en Asia oriental

El desvarío norcoreano, amenaza para la paz y seguridad internacionales
álvaro valiño
La mafia dirigente de Corea del Norte —encabezada por el déspota Kim Jong-un, actual preboste de la dinastía criminal iniciada por su abuelo Kim Il-sung— acaba de llevar a cabo una quinta prueba nuclear de potencia similar a la de Hiroshima. Al parecer se dispone a efectuar una sexta, de mayor potencia, en octubre. Sin tapujos, Corea del Norte debe ser calificado de Estado terrorista en una doble vertiente. En el exterior, por sus provocaciones nucleares, y en el interior, por la opresión generalizada, sistemática y genocida a la que somete a la mayoría de su pueblo. Los términos de extrema dureza con que describo la realidad no son exabruptos ni un momentáneo acaloramiento expresivo. En similares términos se manifiestan diversos órganos de Naciones Unidas —la Asamblea General, el Consejo de Seguridad y el Consejo de Derechos Humanos incluidos—, amén de numerosas organizaciones de la sociedad civil internacional. La mafia gobernante comete crímenes de lesa humanidad, fehacientemente constatados por la ONU.

La atención de los medios de comunicación hacia este Estado delincuente en relación a su provocación nuclear es creciente. Lanzamiento de misiles hacia el mar de Japón, empeño tecnológico en lograr un misil intercontinental capaz de alcanzar la costa oeste de Estados Unidos y otras diversas actitudes militaristas pueden, con rigor, ser calificadas de amenaza a la paz y seguridad de la región. Desigual interés demuestran los medios a la pavorosa condición de los derechos humanos en el “reino ermitaño”, algo no obstante comprensible dado el recalcitrante, provocador y temerario comportamiento del mismo en las últimas semanas. Empero, no debemos olvidar (como expliqué en “Corea del Norte: nuclearización y conculcación de derechos humanos”, AHORA, 13-05-16) que los crímenes de lesa humanidad también suponen una amenaza a la paz y seguridad internacionales.

En dicho artículo me ocupé del capítulo humanitario. En este, de la locura nuclear irresponsable de la camarilla Kim. El ensayo del pasado 9 de septiembre es el segundo realizado en un solo año (el anterior, en enero). El más potente. Provocó un terremoto de 5,3 grados en la escala Richter con importante repercusión en Corea del Sur, Japón y China. Preocupante, sobre todo si detona un nuevo ingenio en octubre, porque supondría que ha logrado incrementar de forma considerable la carrera (las tres primeras pruebas se llevaron a cabo en 2006, 2009 y 2013, con intervalos de tres años).

La tensión, de momento dialéctica, que la actitud norcoreana provoca en Corea del Sur y Japón es obvia

Las condenas de este último ensayo han sido más contundentes que nunca, signo evidente de que quienes las pronuncian son conscientes de la gravedad de la situación. Provienen del Consejo de Seguridad, primer burlado ante la inutilidad de las sanciones impuestas por este organismo (sanciones que por sí solas no detendrán la carrera norcoreana), pero también de EE.UU. y de los vecinos de Corea. “Ante esta quinta prueba, Corea del Norte implica un nivel diferente de amenaza que exige una nueva y más potente respuesta”, dijo el primer ministro japonés, Shinzo Abe. Más contundente es la presidenta surcoreana Park Geun-hye, que califica a Kim Jong-un de “maniaco temerario” y declara que “las fuerzas armadas deben estar preparadas para lanzar un contraataque con la firme determinación de aniquilar al régimen norcoreano al segundo siguiente de que Corea del Norte lance un solo misil contra el Sur”.

La tensión, de momento dialéctica, que la actitud norcoreana provoca en Corea del Sur y Japón es obvia. Conocen la importancia atribuida por la élite norcoreana, temerosa del mundo exterior, al capítulo militar, dispuesta a mantener permanentemente al país en pie de guerra. La hambruna que periódicamente lo azota no supone un impedimento moral. La pobreza generalizada, miseria en muchas áreas, queda justificada por la necesidad de priorizar lo militar.

El desvarío norcoreano es notorio. Al tiempo que declaran que su último objetivo nuclear es EE.UU. (para lo que trabajan en fabricar un misil intercontinental dotado de una minicabeza nuclear), demandan ser reconocidos por Washington como “legítimo Estado dotado de armas nucleares”.

Las declaraciones estúpidas son asimismo notables: “La prueba nuclear de septiembre es una respuesta necesaria a la amenaza nuclear estadounidense. Corea del Norte trabaja para incrementar su fuerza nuclear, en calidad y cantidad, en relación a la de EE.UU. Deseamos proteger nuestra dignidad y derecho a vivir no amenazados por la guerra nuclear de EE.UU.”.

Un portavoz del Ministerio norcoreano de Asuntos Exteriores proclamaba estos días que “Obama intenta ignorar la posición estratégica de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) en cuanto legítimo Estado con armas nucleares”, al tiempo que se mofaba de la paciencia estratégica del presidente de EE.UU., calificándola de “paciencia sin estrategia”.

El portavoz de Pyongyang se refiere a la actitud que durante años ha mantenido la Administración estadounidense, intentando “con paciencia” e incentivos económicos y humanitarios convencer a los norcoreanos para que renuncien al arma nuclear. No es de extrañar que con este panorama pueda desencadenarse en Asia oriental una carrera armamentista. La discusión es intensa en las sociedades japonesa y surcoreana. En Corea del Sur, un importante dirigente del partido en el Gobierno acaba de manifestar que “solo las armas nucleares pueden disuadir a las armas nucleares”. El Ejecutivo surcoreano dice no porque, hasta ahora, propicia la desnuclearización de la península.

En Japón se preguntan si, teniendo capacidad tecnológica para ello, deben fabricar su propio arma nuclear. Gravita aquí la cultura estratégica, asentada tras la Segunda Guerra Mundial, con el precedente de Hiroshima y Nagasaki. Todavía la opinión pública es mayoritariamente contraria, pero si no percibe en los próximos meses una política específica estadounidense para poner fin o al menos congelar el desarrollo nuclear de Pyongyang, es predecible un cambio de tendencia. Y, con toda probabilidad, si Tokio se moviera hacia lo nuclear, Seúl le seguiría.

Resulta meridiano que Pyongyang camina resueltamente hacia la constitución de un arsenal nuclear operativo capaz de amenazar a sus vecinos y, con menor probabilidad, a EE.UU. Resulta asimismo evidente que únicamente con sanciones económicas no se puede detener ese camino, salvo que China —si bien remiso, único aliado que le queda— decida implementarlas plena y contundentemente.

China empieza a pensar que la actuación de Pyongyang puede poner en peligro sus intereses

Rusia, antiguo sostenedor de los Kim, ha variado sensiblemente el rumbo y lleva tiempo advirtiéndoles de lo peligroso de su provocativa actitud, si bien afirma que los tres países occidentales implicados son parcialmente responsables de la situación a la que se ha llegado. Una declaración oficial rusa de marzo de 2016 decía: “Consideramos absolutamente no permisible amenazar con golpes nucleares preventivos. Pyongyang debe ser consciente de que de esta manera la RPDC se opondrá plenamente a la comunidad internacional y originará la base jurídica que posibilitará el uso de la fuerza militar contra ella, en virtud del derecho de todo Estado a la autodefensa, consagrado en la Carta de las Naciones Unidas”. Por cierto, Moscú puede estar asimismo modificando su cerrada defensa de Pyongyang en el campo humanitario. En el debate en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ese mismo mes, el embajador ruso concedió que “la RPDC tiene problemas con sus derechos humanos”.

No ha tenido hasta ahora lugar en China un grado tan fuerte de amonestación, si bien no es descartable que se dé a medio e incluso a corto plazo, habida cuenta de que Pekín comienza a considerar seriamente que tal actuación puede poner en peligro sus intereses y que la estabilidad del área exige la desnuclearización. Aun así, el mismo 9 de septiembre Pekín proclamó: “Urgimos a la RPDC a que honre su compromiso con la desnuclearización, a que cumpla con las resoluciones relevantes de Naciones Unidas y a que emprenda una acción decidida para detener el deterioro de la situación”.

Dada la cada vez más distante posición de Moscú y la posible evolución de Pekín en línea similar, una estrecha coordinación entre esas dos capitales y Washington podría facilitar una solución, si no plena, sí aliviadora de la escalada. En mi opinión, el principal obstáculo es el acuerdo entre EE.UU. y Corea del Sur para establecer en el territorio de esta el sistema de defensa antimisiles de última generación conocido en inglés como THAAD, a lo que Pekín se opone firmemente.

Ello ha causado ya el fin de la luna de miel política chino-surcoreana iniciada con la llegada al poder de Xi Jinping y Park. En la reciente reunión del G20, el primero dijo a la segunda que “el asunto del THAAD no facilita la estabilidad estratégica de la región”, y unos días antes el ministro de Exteriores chino telefoneó a su homólogo surcoreano para manifestarle que se oponían a las pruebas nucleares norcoreanas, pero también al THAAD. Todo ello preocupa a Seúl, entre otras razones por las posibles represalias económicas, dado que un cuarto de sus exportaciones se dirigen a China.

Es entendible la hipersensibilidad de China ante el THAAD, dado que sería operativo en la cercanía de su frontera, con capacidad para interferir en su sistema de defensa. Ello hace difícil concluir un acuerdo con Pekín sobre Pyongyang, porque los chinos estiman que dicho sistema es, como se dice en inglés, un dealbreaker, algo que rompe cualquier acuerdo.

Cabe preguntarse si la renuncia al mismo conduciría a la plena incorporación china (Rusia lo haría) a la urgente tarea de detener definitivamente la megalomanía irresponsable de la mafia norcoreana. La Administración Obama debería contemplar esta posibilidad antes de legar el dosier a su sucesor o sucesora. Incidentalmente, Donald Trump —elogiado por medios oficiales norcoreanos como “político sabio”— declaró en junio que estaría dispuesto a entrevistarse como presidente con Kim Jong-un. Esperemos que el pueblo estadounidense no le dé en noviembre esa oportunidad.