15/9/2019
Economía

La energía solar ilumina África

El continente más afectado por los efectos del cambio climático encuentra en su mayor recurso natural la vía para llevar el bienestar a millones de personas

Jaime Velázquez - 19/08/2016 - Número 47
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La energía solar ilumina África
Una mujer fabrica jarras de cerámica bajo la luz de una farola alimentada con energía solar móvil en Dona, al noreste de Bamako. HABIBOU KOUYATE / AFP / Getty

Johnny Arries tiene al fin un negocio. Desde la caseta que alquila en el patio trasero de una casa en el barrio humilde de Blackheath, Ciudad del Cabo, este hombre de 37 años se ha convertido de la noche a la mañana en peluquero. Corta el pelo y la barba a sus vecinos, cobra unos céntimos por cargar los móviles de sus clientes y, de noche, ilumina su hogar con dos potentes luces LED. La energía procede de dos pequeños paneles solares instalados en el exterior de su improvisada vivienda.

Forma parte del proyecto de Community Chest, una ONG local, que ha distribuido más de un millar de Ecoboxxes en los deprimidos townships de los alrededores de Ciudad del Cabo, los antiguos guetos del apartheid reservados para la población negra y mestiza que hoy son el caldo de cultivo para el desempleo, la violencia y el tráfico de drogas.

La Ecoboxx está compuesta por dos paneles solares y unas baterías, dos lámparas, enchufes, puertos USB para cargar teléfonos y una maquinilla de afeitar. En el futuro incluirán también un secador de pelo y hasta una lavadora, explica Beverley Du Plooy, trabajadora social de Community Chest. Con el kit solar la organización contribuye a la creación de puestos de trabajo en el sector informal, el verdadero motor económico del África subsahariana, que emplea al 72% de la mano de obra de la región, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Paneles para el desarrollo

A 20 rands (1,25 euros) el corte de pelo, Johnny Arries consigue un humilde salario. “Como no pago la luz, es cien por cien beneficios”, se congratula. “He aprendido a invertir y ahorrar, a saber cómo funciona el dinero. Los pobres trabajan por dinero, los ricos hacen que el dinero trabaje por ellos.”

Desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, los paneles solares brillan sobre centenares de pequeñas viviendas sociales ordenadas en cuadrícula sobre los antiguos barrios chabolistas. La mayoría dispone solo de letrinas comunitarias, pero gracias a las placas de sus tejados cuentan al menos con agua caliente.

El Gobierno de Sudáfrica se ha propuesto dotar de calentadores solares a 1,75 millones de hogares para 2019, y espera aumentar la cifra hasta los 5 millones en 2030. La electricidad llega a la práctica totalidad de la población, pero el alto coste y los continuos cortes de suministro aún sumen a la mayoría de sus ciudadanos en la pobreza energética.

250 millones de africanos no tienen acceso a la electricidad y 600 carecen de un suministro adecuado

Según un estudio del Africa Progress Panel, un grupo de expertos presidido por el ex secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan, la mitad de los 90 gigavatios instalados en todo el continente se produce en Sudáfrica. Se calcula que 250 millones de africanos carecen de acceso a la electricidad y 600 millones no cuentan con un suministro adecuado.

Especialmente en las zonas rurales, la comida se prepara aún en cocinas de leña, los estudiantes hacen sus deberes bajo lámparas de queroseno y los negocios funcionan gracias a generadores de gasolina cuando se corta la luz.

La población africana aumentará en 1.300 millones hasta alcanzar los 2.500 en el año 2050, según las proyecciones de Naciones Unidas. Más de 313 millones de personas han logrado salir de la pobreza, y a medida que mejoran sus condiciones de vida, también aumentarán sus demandas de electricidad. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que las necesidades energéticas del continente aumentarán en un 75% para 2040.

“Es incuestionable que el desarrollo humano no puede producirse sin acceso a la energía”, reconoce Bob Scholes, profesor de Ecología de Sistemas y miembro del Instituto de Investigación sobre Sostenibilidad y Cambio Global de la Universidad de Witwatersrand (Johannesburgo). “Hay que reconocer que África va a tener que incrementar su uso de energía, pero eso no significa que tenga que incrementar sus emisiones”, añade.

“No tenemos que seguir todos los pasos de la revolución industrial desde el año 1750 —continúa—. De hecho, podemos saltarnos todos esos pasos y engancharnos a las nuevas tecnologías, más eficientes y limpias. Vemos un ejemplo claro en las telecomunicaciones: algunas partes de África jamás verán una línea fija de teléfono, sino que han dado el salto directamente a la telefonía móvil.”

Un nuevo modelo

7 de los 10 países más soleados del planeta están en África, donde hay más de 3.000 horas de sol al año

Con más de 3.000 horas de sol al año y 7 de los 10 países más soleados del planeta, la energía solar es quizá el mayor recurso natural de África. Desde las grandes centrales proyectadas en Sudáfrica o Kenia a pequeñas plantas para suministrar a poblaciones rurales en Ruanda o paneles individuales en casas y pequeños negocios de todo el continente, centenares de proyectos están contribuyendo a llevar la luz a quienes no la tenían. También ayudan a crear empleo, frenar la deforestación y liberar a miles de mujeres y niños de la tarea de cortar y transportar leña.

Casi la mitad de la energía que se consume en el continente procede de la madera. Un estudio de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) apunta a que las nuevas tecnologías podrían sustituir hasta el 60 % de las cocinas tradicionales para 2030.

Con la financiación adecuada, las energías renovables podrían pasar del 5% actual al 22% de la producción eléctrica en la región, con un aumento de la solar de 1,3 a 90 gigavatios.

El programa Lighting Africa (iluminando África) del Banco Mundial promueve el suministro de equipos solares en zonas del continente donde el tendido eléctrico, por razones orográficas o económicas, no puede llegar. Desde su puesta en marcha en 2007 ha acercado la luz a 35 millones de personas, y espera alcanzar a 250 más en 2030. La iniciativa creará además 100.000 puestos de trabajo en un continente castigado por el paro, según el Programa Ambiental de Naciones Unidas (UNEP).

“No se trata solo del número de empleos. La cantidad es más o menos similar a [la creada por la industria de] los combustibles fósiles, pero es sin duda de mayor calidad. Frente a la dureza de la minería o los campos de petróleo, hay trabajos más estimulantes y, sobre todo, seguros. En esto la economía verde gana”, explica Scholes.

'Pay as you go'

La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) calcula que se necesitarán 70.000 millones de dólares anuales hasta 2030 para lograr un verdadero impacto en el futuro de África. Pese a que las tecnologías basadas en combustibles fósiles tienen un menor coste que las energías limpias, el abaratamiento de los equipos y las circunstancias particulares del continente juegan a favor de un modelo verde.

“En lugares sin acceso a la red eléctrica, la energía solar ha demostrado ser una solución mucho más barata —asegura el profesor Bob Scholes—. No podemos hablar de un solo modelo; debemos tener tanto un sistema de generación para grandes demandas industriales, como también pequeñas centrales para dar servicio al consumo del hogar. Incluso esos pequeños paneles individuales, que apenas calientan agua y alimentan unas cuantas luces, van a suponer una mejora tremenda en las condiciones de vida de millones de personas.”

El coste de los paneles solares se ha abaratado un 75% desde 2009, según IRENA, pero siguen estando fuera del alcance de la población, incluso para ese 34% que forma parte de la incipiente clase media. Aun así, la iniciativa privada ha encontrado soluciones para satisfacer la demanda.

La empresa sudafricana Solar Africa se ha expandido por el continente con la fórmula del pay as you go: el cliente recibe su instalación sin coste alguno y la va pagando a medida que la usa. “Nosotros asumimos los riesgos y los costes de instalación y mantenimiento. Los clientes cuentan con la tecnología que no podrían pagar de una vez. Esto es fundamental si realmente queremos que esta tecnología se adopte en África de manera masiva”, explica James Irons, fundador de la start-up con sede en Ciudad del Cabo.

Cambio climático

Las emisiones de gases de efecto invernadero de África suponen únicamente el 4% a nivel mundial, pero el aumento de las temperaturas y la subida del nivel del mar afectarán con especial virulencia al continente. La expansión de la malaria, que acaba con la vida de 395.000 africanos al año, el avance de la desertificación y el impacto en las cosechas, unidos a la escasez de recursos para paliar sus efectos, hacen a la región especialmente vulnerable al calentamiento global. Según el Banco Mundial, el cambio climático amenaza con devolver a la pobreza a 34 millones de personas para 2030.

La pasada Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático (COP21) celebrada en diciembre en París alcanzó —pese a no ser vinculante— el mayor acuerdo internacional hasta la fecha para mantener las temperaturas por debajo de los 2 grados centígrados con respecto a la era preindustrial. Las grandes economías africanas se han comprometido a reducir sus emisiones en torno a un 30% y hasta un 50% si cuentan con la ayuda necesaria.

“Nadie quiere contaminar, pero todos tenemos derecho a las mismas condiciones de vida y de desarrollo”, reclama Bob Scholes. “África puede ir por un camino diferente, pero lo que las naciones africanas piden son herramientas para hacerlo. Reclaman a los países desarrollados ayuda para adoptar tecnologías que todavía son más caras que los combustibles fósiles, pero tampoco quieren ser ‘clientes’, quieren acceso a la tecnología y a formación para ponerla en práctica por ellos mismos”.

La Iniciativa de Energías Renovables para África, adoptada en París, se ha propuesto aumentar la generación de energías limpias en el continente hasta los 10 gigavatios en cuatro años, y aspira a lograr 300 gigavatios para 2030. Los países desarrollados se han comprometido a desembolsar 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020, con un paquete de entrada de 10.000 millones, movilizando recursos de las agencias de cooperación, bancos de desarrollo y la iniciativa privada.

La mitad de las instalaciones que África necesita están aún por construir. Una oportunidad para ensayar, casi de cero en muchas partes del continente, una economía verde sin sufrir las desastrosas consecuencias ambientales y sociales de la industrialización basada en los combustibles fósiles. “La única ventaja de llegar el último —ironiza Bob Scholes— es que ya no tenemos la excusa de decir que no sabíamos lo que iba a pasar.”

Un pueblo español en el desierto

Jaime Velázquez

Upington era hasta hace unos años una localidad de 38.000 habitantes clavada en el desierto del Kalahari. Un cruce de caminos, un oasis regado por el río Orange en medio de una explanada interminable de matorrales abrasados por el sol. Pero fue precisamente esa luz implacable la que atrajo a centenares de españoles a este rincón del planeta.

Vista aérea de la torre solar Khi Solar One, cerca de Upington. abengoa

Vinieron a trabajar en las grandes centrales de energía solar concentrada que construyen aquí las grandes empresas del sector, como Abengoa, Acciona, ACS Cobra, Elecnor, TSK o Gestamp. La comunidad de expatriados en esta pequeña localidad del noroeste sudafricano llegó a alcanzar las dos mil personas y hoy cuenta con su propio cónsul honorario.

Sudáfrica disfruta de 2.500 horas de sol al año con una radiación de 220 vatios por metro cuadrado, más del doble que la media europea. Todo ello, unido al ambicioso plan de energías limpias del Gobierno de Pretoria, ha convertido al país en el paraíso de las renovables.

El Departamento de Energía Sudafricano ha adjudicado hasta el momento la instalación de 6,3 gigavatios de este tipo de tecnologías, de los que 2,9 corresponden a plantas solares, y ha anunciado la próxima licitación de otros 6,3 gigavatios de energías verdes. Y las empresas españolas acapararon el 21% de los contratos, ya sea como titulares del proyecto o como constructores de las instalaciones para terceras compañías. Sudáfrica, uno de los grandes exportadores de carbón del mundo, pretende de esta manera reducir su dependencia de los combustibles fósiles y avanzar hacia una economía verde al tiempo que satisface sus necesidades energéticas. El plan de renovables permitirá al país reducir el uso de carbón y fuel de un 91% en 2015 a un 74% en 2030, según los cálculos del Departamento de Energía Sudafricano.

“El mercado de las energías renovables en Sudáfrica es muy relevante para las empresas españolas”, reconoce Emilio Calvo, agregado comercial de la embajada de España en Pretoria. “Hay cerca de 30 compañías nacionales operando en el país. Están desarrollando sobre todo proyectos de gran tamaño, de más de 50 megavatios, y somos líderes en energía concentrada solar, en la que hemos logrado el 83% de los contratos”.