25/6/2019
Economía

Los robots compiten por el empleo

Además de sustituir trabajos humanos por máquinas, las tecnologías avanzadas transforman la economía capitalista

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Los robots compiten por el empleo
Robots soldadores ensamblan la carrocería de los coches fabricados en la plantaTsutsumi, en la ciudad japonesa de Toyota. KAZUHIRO NOGI / AFP / Getty

La llegada masiva de las tecnologías avanzadas a las empresas y a la vida cotidiana está instaurando una nueva economía. Todo el mundo nota el cambio tecnológico en su actividad habitual. Y algunos temen por la supervivencia de su propio empleo. Que se lo pregunten si no a los trabajadores y a los usuarios de algunos sectores afectados. Por ejemplo, Uber, con su oferta de vehículos alternativos a los taxis basada en una aplicación informática que ya opera en varias ciudades del planeta. O a los hoteles y a sus clientes, atañidos por la competencia de los apartamentos de la empresa Airbnb, que se contratan online en todo el mundo. En Estados Unidos varias empresas están probando vehículos sin conductor que amenazan miles de empleos en el gremio de los transportistas. Algo no exento de riesgo humano, como quedó patente en Florida el pasado mes de mayo con la primera muerte de una persona que viajaba en un turismo sin conductor, al empotrarse su coche bajo un camión.

Esta nueva economía, basada en un gran predominio de las máquinas y de la inteligencia artificial, “no puede ser una economía capitalista”. Así lo asegura el periodista económico Paul Mason, que acaba de publicar Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro (Paidós, 2016), una de las grandes novedades editoriales del año. “Estamos entrando en un mundo de máquinas gratuitas, de bienes básicos a precio cero y de niveles mínimos de tiempo de trabajo necesarios”, apunta Mason.

En España el avance de la tecnología puede relevar entre el 12% y el 13% de la mano de obra, según la OCDE

Al hilo de estos cambios se suceden los informes, libros y debates en torno a qué pasará con el empleo cuando las nuevas tecnologías acaben de extenderse a gran escala. Uno de los últimos informes llega desde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). El organismo radicado en París presentó en mayo un estudio sobre el riesgo de la automatización en el trabajo en los países desarrollados. Este informe le ha puesto algunas cifras al impacto que puede tener sobre el empleo el cambio tecnológico. En países como Alemania o España el avance de la tecnología puede relevar en los próximos años entre el 12% y el 13% de la mano de obra, según este estudio. El promedio para los países de la OCDE, los más ricos del planeta, ronda el 9%. Los empleos en riesgo de ser sustituidos por máquinas inteligentes son trabajos repetitivos, los más fáciles de mecanizar. Es la peor noticia posible para ese gran contingente de parados de larga duración (casi dos millones en España, según la última Encuesta de Población Activa).

¿Abrir los festivos?

Los cambios sobre el empleo que traen las máquinas inteligentes se aprecian desde hace tiempo en los peajes de las autopistas, en la banca y en el comercio. En los peajes, los empleados han convivido durante años con las máquinas de cobro. Ahora en muchos peajes las personas han desaparecido y son las máquinas las que cobran, devuelven el cambio y hasta hablan cuando surge algún problema. ¿Cuál será el próximo sector? De momento, aunque de forma lenta, podría ser la banca. El impulso de las firmas que conceden pequeños préstamos rápidos o gestionan los impuestos de pequeñas empresas a través de plataformas digitales —las llamadas Fintech, que combinan las finanzas con la tecnología— puede ser una seria competencia para ella. El sector bancario está acelerando la poda de oficinas y la forma de operar hacia una manera más digital. Muchos clientes jóvenes no pisan nunca una oficina bancaria sino que realizan sus operaciones desde su propio smartphone.

Hay otro sector afectado de manera especial: el comercio. Las ventas en internet funcionan las 24 horas del día y están empezando a convertir en irrelevante el eterno debate sobre los horarios comerciales y la apertura del comercio los días festivos. De momento las ventas se concentran en libros, muebles, ropa, billetes de transporte, reservas de hoteles, productos electrónicos o perfumes. Pero está por ver la fuerza con la que el comercio electrónico seguirá extendiéndose a otros productos.

En tres siglos de capitalismo se han producido cambios parecidos, consecuencia del célebre proceso de “destrucción creativa” que citan los manuales de economía: unos avances sustituyen a otros eliminando los viejos empleos y creando otros nuevos. Algunas editoriales están abordando el tema y varios expertos creen que la actual robotización está llevando a un cambio social profundo. Entre otros, hay dos libros publicados la pasada primavera que lo hacen. El primero es Economía en colores, (Conecta, 2016) del economista Xavier Sala i Martín, que, fiel a su estilo didáctico, aborda la robotización y otros temas relacionados con el progreso y el cambio económico. El segundo, el citado Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro, de Paul Mason.

Lo que la máquina no hace

Los puestos en riesgo de ser sustituidos por máquinas inteligentes son trabajos repetitivos, fáciles de mecanizar

“(…) debemos entender que los humanos no podemos competir con los robots en memorización, en cálculos ni en tareas repetitivas, ya que ellos lo hacen mucho más rápido y mucho más eficientemente”, escribe Sala i Martín. El economista defiende el papel de la innovación y la educación para el progreso económico. “Lo que debemos hacer es prepararnos para educar a nuestros hijos para que sepan hacer cosas que las máquinas no pueden hacer”.  Y añade: “Hay dos cosas que los robots no pueden hacer. La primera es crear (….). La segunda, ser críticos e inquisitivos. Las máquinas obedecen. No preguntan”, concluye este profesor de las universidades de Columbia y Pompeu Fabra.

El libro de Mason, redactor jefe de economía de la televisión británica Chanel 4 News, hace un repaso de la economía capitalista desde sus inicios en el siglo XVIII a través de las sucesivas revoluciones industriales. Al llegar a la actualidad sostiene que el avance de las máquinas y de la tecnología transformará tan profundamente el mundo laboral que provocará un gran cambio del capitalismo. “Una economía basada en la información, por su tendencia misma a los productos de coste cero (…) no puede ser una economía capitalista”, escribe Mason.

¿Destruirán las nuevas tecnologías más puestos de trabajo de los que se logre crear con ellas? Se trata de un asunto capital y de una pregunta imposible de responder. Numerosos expertos recuerdan que hasta ahora los cambios siempre han logrado crear más empleo del que destruían. Ocurrió con las industrias siderúrgicas y con el textil. Y también mucho antes en Europa y Estados Unidos, sobre todo, con la desaparición de los herreros o los carboneros cuando irrumpió el automóvil o de los artesanos cuando empezó la producción en cadena. Con independencia de lo que ocurra en el futuro, hoy los trabajadores no están destruyendo violentamente las máquinas por considerarlas enemigas del empleo, a diferencia de lo que ocurrió con la oleada de protestas del movimiento ludita que recorrió Europa y afectó a España —por ejemplo, a Cataluña— desde mediados del siglo XIX.

El imparable avance tecnológico también trae nuevas propuestas. Por ejemplo, la de implantar una renta universal para los ciudadanos. Aunque los suizos acaban de rechazar en referéndum otorgar una renta mensual de algo más de  2.200 euros a todos sus ciudadanos, sus promotores siguen defendiendo que la medida es necesaria porque con el avance de la robótica habrá personas que no podrán trabajar. Resulta llamativo ver en las recientes manifestaciones a favor de la renta básica por las calles de Zurich a personas disfrazadas de robots ¡pidiendo una renta para los humanos a los que teóricamente perjudicará la robotización!

Economía en colores
Economía en colores
Xavier Sala i Martín Conecta
2016, 312 págs.
Postcapitalismo Hacia un nuevo futuro
Postcapitalismo Hacia un nuevo futuro
Paul Mason
Traducción de Albino Santos Paidós, 2016, 432 págs.