17/9/2019
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Tiempo retenido

Romero de Solís publica Palmagallarda, la primera entrega de una trilogía sobre la caída de la aristocracia rural andaluza

Tiempo retenido
Romero de Solís. Jorge Aparicio / FLM16
Hay dos razones, una de orden estilístico, otra de carácter conceptual, que confieren una notable originalidad a esta novela de Ignacio Romero de Solís, primera de una trilogía, que lleva por título Palmagallarda. La razón estética se infiere de la ambiciosa narrativa, de la mirada cenital con que el autor reconstruye un mundo de precisos contornos: el mundo de la aristocracia rural, mediado el año 36, que aún señorea el paisaje del sur, la ardiente soledad de la campiña andaluza. La segunda razón, de orden conceptual, hace referencia al declive de dicha aristocracia y al paradójico hecho, sugerido aquí por el autor, de que el triunfo del alzamiento militar significara, en última instancia, la derrota de esta clase crepuscular, ordenancista y refinada.

Cabe añadir otra razón, que no debe separarse de la primera. La eficacia de Palmagallarda, la oportunidad de su recreación (una recreación que tiene mucho del paisajismo denso y climático de José Arpa y del erotismo umbrío, de la carnalidad, a un tiempo lírica y rotunda, de Romero de Torres), deriva de una omisión; o si se prefiere, de una inteligente labor en huecograbado. Esto significa que los personajes de Palmagallarda, tanto la marquesa de Monsalves de Tous como sus familiares, amigos y servidores (y la servidumbre adquiere una extraordinaria relevancia en esta novela), ignoran por completo cuanto se avecina. Y lo que se avecina es la Guerra Civil, que habrá de devorarlos a todos. Aun así, mientras dure su lectura, mientras el lector viva inmerso en esa España ceremoniosa, áspera y remota, dicha ignorancia y tal estupor serán también los suyos; de modo que los acontecimientos se ofrecerán a su entendimiento, y a la propia configuración de los personajes, no con la pesada certidumbre de quien recuerda, sino con la novedad y la urgencia, diestramente pautadas, del propio momento histórico.

Sobre esta deliberada ausencia se construyen, pues, la clausura del orbe que aquí se muestra y la dramática verosimilitud con que expone. Debe decirse, a este respecto, que si es legítimo indicar cierto aire lampedusiano, así como una atmósfera ambarina que remite, con certeza, a Proust, dicha similitud tiene su origen no tanto en la estructura literaria de la novela cuanto en la clase social que allí se evoca. Lo que en El Gatopardo se enuncia como la grosera consumación de una ruina, lo que en Proust se formula como la búsqueda y exasperación de un recuerdo, en esta Palmagallarda de Romero de Solís asistimos al lento orbitar de un mundo cuya consunción se precipita, inadvertidamente, al despertar de la guerra. Una guerra —y una victoria del bando alzado— que no frenaría en absoluto dicho declive. Muy al contrario, para esa nobleza agraria que aquí se acuña y se amoneda el mundo mesocrático que ya se intuye no es sino una vana fantasmagoría extramuros de la realidad visible. Cuando esa mesocracia prevalezca, habrá muerto cuanto aquí revive. Y es mérito inusual de Palmagallarda este de  fijar —tiempo retenido y sin embargo en marcha— el modo en que esa muerte irrumpe.

Palmagallarda
Palmagallarda
Ignacio Romero de Solís
Renacimiento,
Sevilla, 2015,
684 págs.