15/12/2019
Política

Una Diada de rebajas

Los partidos y organizaciones independentistas, conscientes de que el fervor soberanista se ha desinflado, convocan concentraciones en cinco puntos diferentes en lugar de una gran manifestación como en los últimos años

Francesc Arroyo - 09/09/2016 - Número 50
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Una Diada de rebajas
Manifestación por las calles de Barcelona en la Diada de 2013. David Ramos / Getty
Este año Cataluña vivirá una Diada de rebajas. Los partidos y organizaciones independentistas son conscientes de ello, de modo que ya han renunciado a nuevos récords y se conforman con concentraciones menores en cinco puntos diferentes. En vez de una vía que vaya desde la Ceca a la Meca, el domingo se concentrarán en Barcelona, Tarragona, Lleida, Berga y Salt. La elección de esta última población, en la vecindad de Girona, ha sentado mal a algunos independentistas de la provincia en la que el secesionismo tiene más fuerza. Pero esa discrepancia ha ido decayendo al comprobar que hay muchos otros problemas, el mayor de ellos, el agotamiento del personal al que cada día se le promete el paraíso pero se le siguen aplicando recortes en sanidad o educación (en la pública, no en la privada).

Para estimular a los independentistas, la ANC (Asamblea Nacional Catalana), en funciones de alter ego de Junts pel Sí, ha decidido realizar ofertas de última hora y fin de temporada: la más llamativa, la posibilidad de un referéndum unilateral de independencia (abreviado en sus iniciales, RUI, para que el cansancio sea menor). Se efectuaría en junio de 2017, de modo que en julio, con la paga extra, los catalanes celebrarían también la independencia.

Presupuesto para elecciones

La propuesta del referéndum no es en realidad de la ANC, sino de la CUP. El president Carles Puigdemont, tras titubeos e incluso insinuaciones de adelanto electoral como amenaza (al modo de Mariano Rajoy), ha terminado por dar por buena la propuesta de referéndum a cambio de los votos cuperos a la cuestión de confianza el próximo 28 de septiembre, aunque hay en su propio partido quien no está de acuerdo con ello. Entre otros Artur Mas, que considera que un segundo referéndum (además de devaluar el que él convocó) sería una repetición del celebrado el 9-N, al que solo acudieron los convencidos y, por lo tanto, no tendría el reconocimiento de instancia internacional alguna. Por de pronto, un guiño: en los futuros presupuestos hay una partida de cinco millones para “procesos electorales”, a ver si así se logra también el voto afirmativo de la CUP al paquete presupuestario de 2017.

TV3 cae al tercer puesto

El hartazgo respecto al proceso independentista, reconocido por los propios promotores del mismo, se refleja tanto en el número de inscritos para los actos (50.000 menos que el pasado año, de momento) como en el pinchazo continuado del principal factor publicitario de la independencia: TV3. La cadena cada vez más gubernamental lleva meses perdiendo audiencia. En agosto obtuvo apenas un 9,4% de cuota de pantalla (el pasado año tenía el 11,7%) y, además, ha visto cómo la superaban Telecinco y Antena3.

El hartazgo sobre el procés se refleja en la caída de voluntarios para los actos y de la audiencia de TV3

El periodista Xavier Rius, que prepara un libro sobre la dependencia del canal autonómico, apunta que entre las causas del desastre hay que anotar que en sus programas o se entrevista a un independentista o se repiten las declaraciones del mismo o se glosa el independentismo en una tertulia con mayoría independentista. Hay incluso quien ironiza y señala que Carles Puigdemont y Oriol Junqueras compiten directamente en presencia con los locutores de los informativos.

Cuando nació la cadena, su primer responsable, Alfons Quintà, buscaba que no se convirtiera en un canal antropológico centrado solo en asuntos catalanes. Eso ya está olvidado. Los defensores del modelo sostienen que TV3 responde a la defensa radical de la “lengua, la cultura y la identidad nacional”. Esa misma expresión ha sido el lema en la campaña de la xenófoba Alternativa por Alemania.

La debilidad del independentismo ha agudizado las críticas hacia quienes no lo comparten, aunque solo sea en cuestiones de matiz. Hace unos días, ICV anunció que no acudiría a la manifestación del 11 de septiembre porque era un acto partidista y excluyente. Los opinadores cercanos a Junts pel Sí no han dudado en cargar contra Iniciativa. El último, el historiador Joan B. Culla. Tal ha sido el tono empleado que desde ICV, que casi nunca replica a las críticas, no han dudado en calificarlo de “descerebrado”.

Colau va, pero no apoya

Las decisiones tomadas por Ada Colau y En Comú Podem han contribuido a sembrar el desconcierto entre los independentistas: Colau ha anunciado que iría a la manifestación (el pasado año no acudió) pero En Comú Podem ha convocado otra el 11 por la mañana en Sant Boi con carácter abierto a todos. El secesionismo se ha visto escindido entre darle la bienvenida a la manifestación propia y criticar la otra convocatoria. Jordi Cuixart, sustituto de la malograda Muriel Casals al frente de Òmnium Cultural, ha señalado que la Diada es de todos y que no duda del soberanismo de Colau, aunque Puigdemont es independentista (al menos dos grados más en la particular escala moral del separatismo).

Para recuperar fuerza, la ANC ofrece la posibilidad de un referéndum unilateral para junio de 2017

El gesto de Colau (que no descarta optar a la presidencia de la Generalitat en las próximas autonómicas o lo que sean) busca así un acercamiento a los sectores de la izquierda independentista, a los que necesita en el consistorio. Para lograrlo ha conseguido la cuadratura del círculo y emulado a Ciudadanos. Si estos descubrieron un día la “abstención técnica”, ella ha inventado la asistencia a una manifestación con cuyas reclamaciones discrepa. La formación de Colau ha emitido un comunicado en el que sostiene que su presencia en las concentraciones debe ser interpretada como un acto frente al proceso recentralizador del PP (más Ciudadanos), pero también contra al escaso contenido social de las políticas de Junts pel Sí. Jaume Asens, dirigente municipal cercano a Colau, ha insinuado incluso la posibilidad de una futura candidatura conjunta entre En Comú Podem y la CUP, y la propia alcaldesa ha marcado distancias rechazando de plano una consulta unilateral.

Sometimiento a la CUP

No ha sido solo Colau la que ha criticado la aceleración verbal del separatismo. La plataforma Reinicia Catalunya, cercana a la antigua CDC (partido aún sin nombre oficial) también ha hecho pública su incomodidad por lo que consideran un sometimiento constante a la CUP y el olvido de la legalidad vigente. Sus dirigentes sostienen que ni un solo gobierno aceptará decisiones que vulneren la leyes democráticamente aprobadas. Incluso han sugerido que podrían mantenerse al margen del proyecto constituyente y acusado a la CUP de sectarismo al pretender ser la única voz autorizada.

De todas formas, no hay que creer que el independentismo carece de apoyos: el más importante, el de Mariano Rajoy. La propuesta del RUI se basa, casi exclusivamente, en la política de Santiago y cierra España del Partido Popular. Mientras el diálogo sea imposible, el independentismo podrá vender que la vía unilateral es la única que queda. El problema es que el PP no prevé rectificar porque cuenta con la amenaza independentista para reforzarse en Soria o Extremadura. Podría servirle también en Andalucía, pero ahí el papel de anticatalanista a ultranza se lo ha arrebatado Susana Díaz, verdadero garbanzo en el zapato del PSC que aún dirige Miquel Iceta.