15/11/2019
Diálogos con la ciencia

«El registro fósil es un libro abierto sobre la evolución»

Jorge Wagensberg conversa una vez al mes con científicos españoles. Esta semana, con José Luis Sanz

Jorge Wagensberg - 12/02/2016 - Número 21
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«El registro fósil es un libro abierto sobre la evolución»
IKER AYESTARAN
José Luis Sanz es un paleontólogo que bien merece el título de padre de los dinosaurios españoles. La producción de su equipo en la Universidad Autónoma de Madrid es conocida en todo el mundo. Fue discípulo directo y colaborador del gran especialista en dinosaurios José Fernando Bonaparte, autor en tierras de lengua hispana de la mayor parte de géneros de estos animales.

Sé lo que es un dinosaurio si nadie me lo pregunta, pero ¿qué es un dinosaurio?
Popularmente son animales, generalmente muy grandes, que vivieron en la era mesozoica y que se extinguieron hace 65 millones de años por la caída de un meteorito de gran tamaño y, probablemente también, por otras causas. Para dar una definición más científica tenemos que ir a una visión más filogenética: es el conjunto de los animales que comprende por un lado el ancestro común entre un Triceratops y un gorrión y, por otro, todos sus descendientes.
 
Caramba, no parece seguir la clasificación clásica de Carl Linnæus.
Claro, para clasificar a los seres vivos los paleontólogos trabajamos más con hipótesis filogenéticas que con la taxonomía clásica, es decir, nos movemos más por los llamados cladogramas, esto es, siempre buscamos modelos configurados por dos grupos hermanos que se definen por tener un ancestro común más próximo que ningún otro organismo. Por eso consideramos que este sistema es más preciso que el clásico linnæano, aunque este se sigue utilizando cuando se trata de citar las especies de dinosaurios.
 
Para que me quede tranquilo: dado un individuo concreto, ¿está claro si es o no es un dinosaurio?
Naturalmente. Y en general ni siquiera necesitarás tener un individuo completo. Para identificarlo basta dar con ciertos rasgos característicos. Son las autapomorfías, los rasgos que solo comparte un determinado linaje de seres vivos. En las extremidades de los dinosaurios se encuentran muchos de estos rasgos diferenciadores.
 
¿Son siempre rasgos anatómicos?
Sí, en paleontología las evidencias son mayoritariamente en el esqueleto. Pero en eso estamos avanzando también mucho. Hoy hablamos ya de paleontología molecular.
 
¿Quieres decir que ya soñamos con sacar ADN de los fósiles?
No, no, eso todavía no. Ha habido un par de intentos, pero las contaminaciones han sido un problema insuperable. El ADN es una molécula muy estable, pero que no sobrevive más allá de cien mil años. Me refería justamente a cualquier otra biomolécula que no sea ADN. Se han encontrado restos de tejidos muy resistentes como garras, picos o pelos. Hace poco unos colegas publicaron unos trabajos muy prometedores sobre restos de dinosaurios de hace 70 millones de años en los que, con un instrumental muy delicado y sofisticado, se habían encontrado glóbulos rojos de sangre (eritrocitos). A los paleontólogos de mi generación nos han enseñado siempre que era inútil buscar en el registro fósil nada que no fueran huesos. Hoy ya sabemos que eso es mentira. Cada día trabajamos con más tejidos no esqueléticos.
 
Veo que el pasado tiene aún mucho futuro.
Tiene sus limitaciones, pero si nuestra tecnología y métodos siguen avanzando ni siquiera se puede decir dónde están esos límites. El registro fósil es un libro abierto sobre la evolución de la vida en el planeta y todo indica que estamos consiguiendo saber cómo leerlo.

 “Dentro de los vertebrados terrestres, los dinosaurios son uno de los éxitos evolutivos más claros”

Cuando uno se abstrae para pasearse por un paisaje del Cretácico, tiene la impresión de que la diversidad de comportamientos entre dinosaurios equivale a la de los vertebrados actuales en un paisaje actual. Quiero decir, que todos los nichos están ocupados por dinosaurios: está el dinosaurio-carnívoro tipo león-Tiranosaurus, el dinosaurio-herbívoro tipo rinoceronte-Triceratops, el dinosaurio-carroñero, etcétera.
Sí, buena idea. No creo que pudiéramos encontrar todas las equivalencias posibles, pero sí muchas de ellas. Los dinosaurios son uno de los éxitos evolutivos más claros de la vida aunque, eso sí, dentro del rango de los vertebrados terrestres. Hay que tener en cuenta que el otro gran hito de la evolución somos nosotros: los mamíferos. Y entre esos dos grandes linajes se observa lo que acabas de sugerir: una convergencia en la diversidad de nichos ocupados, una disparidad muy amplia para explotar los recursos del medio y, al mismo tiempo, una disparidad muy comparable. En algunos nichos los dinosaurios nos ganan claramente, por ejemplo, en todo lo que se refiere a los nichos aéreos o voladores. Los mamíferos tienen los quirópteros (murciélagos) y poco más, mientras que los dinosaurios abarcan la totalidad de las aves. Solo las aves actuales suponen unas diez mil especies, el doble del número de especies de mamíferos. Tu propuesta funciona si la restringimos a los mamíferos terrestres.
 
Otro detalle que siempre me ha enternecido de los dinosaurios es la cantidad de aportaciones importantes que hicieron a la evolución: la pluma, la pelvis
Eso tiene nombre, se llaman novedades evolutivas. Son “inventos” que hacen que un determinado linaje alcance una fuerte radiación, es decir, una auténtica explosión de especies que comparten esa novedad y que les permite ocupar un nuevo espacio.
 
Y la pluma es el mejor ejemplo.
Es el “diseño” tegumentario más delicado y complejo que conozco. Es una maravilla cuyo origen ha sido materia de debate durante años. El dilema estaba en si fueron seleccionadas primero para volar o como elemento termorregulador. El registro fósil ha proporcionado las evidencias que deciden la cuestión. Los dinosaurios más antiguos tenían plumas filiformes que evidentemente no servían para volar sino para aislar. Primero fue la termorregulación y luego todo lo demás (exaptaciones): volar, seducir…
 
¿La pluma apareció solo una vez en la evolución?
Una sola vez, sí. Es una novedad monofilética. No es convergente, no aparece en linajes emparentados.
 
¡Qué distinto sería el mundo si un particular individuo no se “inventa” la pluma!
Bueno, yo estoy cada vez más convencido de que los dinosaurios siempre han tenido plumas. Lo demostraremos pronto. Las plumas forman parte de las características ancestrales que definen a todos los dinosaurios.
 
O sea que el ancestro común a todos los dinosaurios ya tenía plumas.
Eso es. Cada vez encontramos más plumas o protoplumas en dinosaurios más alejados entre sí, lo que hace probable que fuese una característica del antepasado común de todos los dinosaurios.

La pelvis sí es una convergencia que se puede encontrar fuera de los dinosaurios.
Los dinosaurios se dividen de hecho en dos grandes grupos, los que tienen pelvis de lagarto (saurísquios) y los que tienen pelvis de ave (ornitísquios). La primera es una reliquia ancestral, la segunda es una novedad evolutiva.
 
¿Le debemos nuestra pelvis a los dinosaurios?
Pues no. La nuestra procede de los primeros representantes de los amniotas sinápsidos, cuyo linaje más derivado somos los mamíferos placentarios.
 
Me has estropeado un buen chiste: Elvis le debe su pelvis a un dinosaurio.
Ja, ja, ja. No se la debe a un dinosaurio, pero sí a un anfibio de 200 millones de años (que tampoco está mal). Pero es curioso lo mucho que se parecen las dos pelvis convergentes: tienen los mismos tres huesos.
 
La fiebre por los dinosaurios es una pasión que siempre vuelve, pero hay un episodio muy poco conocido en su inicio: la guerra de los huesos, que coincide plenamente con la conquista del Oeste americano. Dos grandes paleontólogos, Marsh y Cope, describieron gran parte de los dinosaurios conocidos en EE.UU. pero librando una guerra poco edificante entre ellos. Llegaron a dinamitar los yacimientos del otro y a robarse restos clave.
Ha habido algunos historiadores de la ciencia que se han ocupado últimamente de este asunto. La historia tiene ingredientes para atraer a todo tipo de gente, desde aficionados a profesionales. En particular, tiene sus aspectos oscuros, pero también sus aspectos luminosos. Se embarcaron en una carrera personal de quién publicaba más y antes sobre nuevas especies fósiles. En biología el primero que describe una especie es algo así como su autor. Cope y Marsh se hicieron de todo entre ellos y eso no es nada edificante científicamente, pero por otro lado se produjo una gran aceleración de conocimiento como resultado de esta nada recomendable rivalidad.
 
Firmas alguno de tus trabajos con el paleontólogo José Fernando Bonaparte, padre de los dinosaurios sudamericanos. Tuve el placer de conocerlo en Brasil hace unos 15 años. Fue, entre otras cosas, el que describió uno de los primeros mamíferos. Un cura aficionado a la paleontología había encontrado un pequeño esqueleto sin cabeza entre las costillas de un dinosaurio vegetariano y ovíparo. Su pregunta fue qué hacía el pequeño dentro del grande si no podía ser un feto ni una presa tragada. Llevó su tesoro a un congreso internacional donde estaba Bonaparte, que no respondió a su pregunta pero que hizo un gran artículo definiendo el mamífero más antiguo conocido. El capellán se siguió haciendo la misma pregunta durante años hasta que un día, mientras paseaba por detrás de su iglesia, fue sorprendido por un cuervo que salía volando del interior del cadáver de una vaca. Ahí estaba la respuesta: el enigmático animalito que había descubierto era un carroñero que se estaba comiendo al dinosaurio.
Algo recuerdo de esta historia, sí, aunque Bonaparte es conocido sobre todo por ser el padre de de los estudiosos hispanoparlantes de los dinosaurios. Me considero su discípulo porque trabajé muchos años con él en el Museo de Historia Natural de Buenos Aires. Es un especialista único en la descripción de dinosaurios nuevos y hoy en día gran parte de los especialistas argentinos son discípulos suyos o discípulos de sus discípulos. Y también hizo importantes incursiones en la descripción de los primeros mamíferos. Estoy seguro de que en este momento es el paleontólogo vivo que más dinosaurios nuevos ha descrito y el experto vivo en dinosaurios con más experiencia de campo.
 
Ya no hay duda: los dinosaurios no se han extinguido sino que se han convertido en las aves. ¿Es así?
Así lo creo, sí. Hoy ya no cabe la menor duda. Hace algunos años aún había cierta resistencia a admitirlo, sobre todo en EE.UU. Las abrumadoras evidencias actuales no se limitan solo a los caracteres osteológicos, sino también a los patrones de comportamiento. Por ejemplo: se han encontrado dinosaurios empollando su puesta de huevos, una actitud típica de las aves actuales. También se ha encontrado un dinosaurio fósil durmiendo con la cabeza vuelta sobre el lomo como hacen tantas aves actuales descansando sobre la parte anterior del ala. Las cáscaras de los huevos…
 
Y lo que se parecen ciertas patas de dinosaurio a una pata de pollo, como señalas en uno de tus trabajos...
Sí, el Concavenator, un bicho impresionante con patas de gallina. Con toda probabilidad, esta estructura es la predominante en todos los dinosaurios terópodos que incluyen, entre otros, a los tiranosaurios, los velocirraptores y a las aves.

 “En paleontología la curiosidad de la gente hacia la vida en el pasado es un aliciente constante”

Ya lo hemos dicho: la paleontología, curiosamente, tiene mucho futuro.
Parece mentira, pero hay un factor que se da en paleontología y que no se da tanto en otras ciencias: la curiosidad de la gente hacia la vida en el pasado es un aliciente constante. La gente lee cada día en la prensa la actualidad de las excavaciones en arqueología y paleontología y sigue con mucho interés cualquier descubrimiento. A todo esto hay que añadir lo que antes hemos comentado: cada día extraemos más evidencias del registro fósil. Cada día disponemos de nuevas herramientas que no hacen sino abrir nuevas ventanas: el sincrotrón, la informática avanzada… Los modelos 3D están revolucionando la paleontología.
 
¿Has hecho alguna vez una predicción paleontológica?
Pues sí, algunos detalles de la anatomía comparada por ejemplo.
 
A propósito de anatomía comparada. Hace poco se encontró en China uno de los primeros pájaros que tenía cuatro alas. Pero también tuvieron cuatro alas los primeros insectos, los primeros peces voladores, los primeros reptiles voladores y los primeros mamíferos voladores… aunque al final los voladores se quedaran con dos. Incluso los primeros aviones de Santos-Dumont y de los hermanos Wright tenían cuatro alas. ¿Es la prueba de que el vuelo empezó lanzándose a planear de arriba abajo y no corriendo para despegar de abajo arriba?
Sí, el Microraptor al que te refieres tenía plumas en las cuatro alas pero aún no era un ave sino un dinosaurio volador. Tener cuatro alas favorece la sustentación y si se demuestra que las aves descienden de estos ancestros, entonces no habrá duda: el vuelo es de origen arbóreo y empezó de arriba abajo. Pero todavía es posible que los microraptores  representen un linaje de dinosaurios terópodos que desarrolló evolutivamante un vuelo de forma independiente al de las aves. Es posible que las aves desciendan del Velociraptor, que en un principio ni siquiera tenían alas.

Jorge Wagensberg
Jorge Wagensberg

Jorge Wagensberg  (Barcelona, 1948) es doctor en Física por la Universidad de Barcelona, donde es profesor de Teoría de los procesos irreversibles en la Facultad de Física.  En 2015 publicó Algunos años después (Now Books), sus memorias de infancia.
José Luis Sanz
José Luis Sanz

José Luis Sanz  (Soria, 1948)  es catedrático de Paleontología en la Universidad Autónoma de Madrid y director técnico de los museos paleontológicos de Elche y Arnedo. En 2012 publicó Pequeña hitoria de los dinosaurios (Taurus).