19/7/2018
En cinco palabras

5 palabras sobre la cultura de todos

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5 palabras sobre la cultura de todos
‘Lejos de la manada’, de Damien Hirst. Peter Macdiarmid / Getty
Neoliberalismo
El neoliberalismo, sinónimo de privatización y de la mengua progresiva de lo público en favor de lo privado, se ha convertido en nuestra condición, el medio social, económico y político de nuestras actividades en las últimas décadas. Se opone a cualquier tipo de interferencia gubernamental en la vida de los ciudadanos, cree en la autorregulación de la economía y percibe al Estado como un obstáculo para el crecimiento. Sin embargo, esta ideología no ha cesado de crear estructuras y normas, consolidando una sociedad que, en aras de preservar la libertad del mercado, se ha vuelto cada vez más autoritaria, y en la que los aparatos de control actúan con un objetivo evidente: la defensa del capital sobre los ciudadanos y el bien común. 

Conocimiento
En este orden de cosas, la cultura ocupa un lugar a la par central y marginal. De todos es conocida la importancia que las industrias del conocimiento y de la comunicación han adquirido en la economía mundial y en nuestro sistema de valores. Sabemos que esa preeminencia ha absorbido prácticas que en su día fueron críticas. Comprobamos cómo las estrategias de marketing de las grandes compañías utilizan propuestas artísticas con fines que tienen muy poco que ver con aquello que sus autores anhelaban. Artistas como Sebastião Salgado o Damien Hirst, por mencionar dos casos extremos, utilizan las condiciones laborales más denigrantes o el mismo mercado del arte para criticar o parodiar el sistema. El resultado suele ser lo opuesto de aquello que se buscaba. Por un lado, la estetización de la miseria provoca que el sufrimiento se transforme en mercancía. Por otro, el sarcasmo se convierte en un ejercicio de cinismo que ratifica la propia dinámica de vaciado de contenidos.

Artista (el)
El papel del artista en la sociedad ha cambiado, perdiendo las prerrogativas casi aristocráticas del pasado. El autor ya no es el preceptor. Su quehacer carece de autonomía. Sin pretender una vuelta nostálgica al pasado, nos hemos de preguntar si es posible concebir un mundo en el que se impulsen nuevas formas retributivas, más allá del valor mediático de unos pocos y la alienación de la mayoría.

Tecnología
En El capital, Marx analiza cómo la enajenación de las tierras comunes a finales de la Edad Media en Reino Unido fue un requisito necesario para conformar una primera forma de acumulación. El conocimiento, los afectos y las subjetividades son los nuevos “pastos comunes” que las industrias del entretenimiento no cesan de cercar, constituyendo el desarrollo del capitalismo. Pero son también una de las causas de su crisis. En una época en la que la tecnología permite el acceso a la cultura, la lógica de un nuevo cercamiento no funciona, ya que la actividad intelectual no es extractiva ni excluyente; se basa en la cooperación y su uso no la agota, la hace crecer.

Comunes
Las contradicciones del neoliberalismo son elocuentes. Se promulgan leyes restrictivas de los derechos de autor al tiempo que se favorece la expropiación del trabajo cognitivo. Restringimos la circulación de bienes culturales a la vez que se promueve la hegemonía de un mercado global. Y nos olvidamos de que los frutos de una obra, las experiencias que genera, van más allá de quien la posee o custodia ya que son de todos.

Manuel Borja-Villel (Burriana, 1957) es director del Museo Reina Sofía desde 2008. Antes estuvo al frente de la Fundació Antoni Tàpies y el MACBA.