20/10/2021
Opinión

Últimas voluntades

Mariano Rajoy declara responsable único al PSOE de Pedro Sánchez, pero se abstiene de esas gracietas hirientes que tanto gustan en las dehesas de la derecha inquebrantable.

Miguel Ángel Aguilar - 29/08/2016
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Últimas voluntades
La cita para declarar las últimas voluntades antes del pleno del martes día 30, en el que será la lidia del candidato a la presidencia del Gobierno, era a mediodía del lunes 29 en el Congreso de los Diputados. En los carteles estaban puestos los nombres de Pedro Sánchez, que confirmaba la alternativa después del percance sufrido el pasado marzo, y de Mariano Rajoy, que venía de Sanxenxo tras ser declarado persona non grata en su natal Pontevedra quedara impedido de hacer el paseíllo en la feria de La Peregrina. La sala de prensa estaba desbordada en contraste con la víspera dominical cuando apenas acudieron veinte periodistas suplentes, reclutados con esfuerzo para la ocasión.

La espera permitía observar hábitos propios de los escolares de primaria. Las periodistas y los periodistos más aplicados colocan sobre los pupitres bolsos, cuadernos o cualquier prenda como prueba de que habían reservado su plaza ventajosa y los demás colegas toleraban semejante martingala infantil. El desborde numérico se multiplicaba con la entrada de los séquitos que acompañaban a los diestros. Otro sinsentido porque al callejón de la plaza, entendido como sala de prensa, solo deberían tener acceso los profesionales acreditados y las peñas de aficionados tendrían que conformarse con ver estas faenas por televisión, sin interferir en la lidia.

Faltaba que se pusieran en formación rigurosa de subalternos, picadores, monosabios, areneros y mulilleros para salir al ruedo por la puerta de cuadrillas. Mientras, en el área dispuesta por el Congreso para asistir a los periodistas, la pelirroja sentenciaba a la vista del desconcierto que ella siempre había pretendido "un hombre que la quisiera para mucho y no la necesitara para nada". A partir de ahí, alguien apuntaba la vigencia de ese mismo principio que contrapone querer y necesidad para forjar las alianzas en política porque el estado de necesidad acaba siendo el trampolín de los excesos.

Por fin, se sentía el avance por el pasillo del tropel de acompañamiento. Aparecía Pedro Sánchez, secretario general del Partido Socialista, que consiguía llegar al atril y ofrecer su versión del encuentro a su entender prescindible con el candidato al que se propone alancear el miércoles 31. Luego respondía media docena de cuestiones, todas centradas en averiguar el paisaje para después de una derrota como la que está cantada para Rajoy el viernes 2 de septiembre y en hurgar en las dificultades  del PSOE.


Apenas unos minutos de pausa para que regaran la plaza, hicieran su trabajo los areneros y fueran repintadas en el ruedo las dos circunferencias concéntricas que establecen la distancia mínima a la que los picadores deben citar a las reses que se están lidiando. Llega Mariano Rajoy, que prodigaba pases de autoelogio. Pero en vez de gustarse, se aburría. Repetía sus logros como una cinta sin convicción y confesaba los escaños en falta.

Se presentaba como ejemplar cumplidor a diferencia del malvado Caravel, Pedro Sánchez, merecedor de todos los oprobios. El candidato le declaraba responsable único pero esta vez se absten´´ia de incidir en esas gracietas hirientes que tanto gustan en las dehesas de la derecha inquebrantable. Apenas aceptaba cuatro preguntas, ninguna para ponerle en dificultades, todas para incitarle a cargar las tintas sobre su adversario. Nadie volvía sobre la pregunta que hizo el domingo el novato a los dos líderes del pacto sobre por qué Rajoy es bloqueante y por qué no da un paso atrás, habida cuenta del horizonte penal que tiene por delante.