18/9/2019
Pero ¿qué broma es esta?

A favor y en contra

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Explicaba un parlamentario que la derecha vota en contra y la izquierda a favor. Con las elecciones del 26 de junio a la vista, la traducción sería: primero, que el PP va a tocar a rebato, al grito de “viene el lobo feroz” en forma de Pablo Manuel Iglesias, inoculando todo el miedo imaginable para suscitar una defensa de la que ninguno de sus afines pueda escaquearse; segundo, que el PSOE y el Podemos confluyente y mareado votan a favor de propuestas definidas ofrecidas a los electores.

El primer deber del buen estratega es la elección del enemigo, una elección que en un primer momento le encumbra, antes de proceder a derrotarle. Contra Franco vivíamos mejor, cantaba cierta oposición de pandereta. Muchas décadas después, el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero alentó esos vientos que favorecen la radicalización del adversario, convencido de que un PP echado al monte sería más fácil de batir. Por eso los carteles de la segunda campaña decían: “¿Dudas?, escucha la COPE”. Así, resultaba que el energumenismo tenía efectos contraproducentes tan provechosos que nunca Moncloa presentó objeciones. Comparecer como el ecce homo permitió a ZP sumar  votos en 2008. 

También José María Aznar intentó hacer de aquel Bambi un líder extremoso y pancartero en aras de asignarle la función de aunar el rebaño de la derecha. El Gobierno es responsable de la oposición que tiene porque tiene una gran capacidad de inducción para modular comportamientos de las otras fuerzas.

Pero volvamos a la cuestión. La derecha vota en contra, tiene un sistema de prioridades de acero inoxidable, sus huestes son inasequibles al desaliento. A su líder le cuadra aquello de dime de qué presumes y te diré de qué careces, porque anduvo alardeando de rigor y previsibilidad y nos deja con todos los incumplimientos pendientes de sanción. Mientras, pongamos fin al odio de clases, porque como ha señalado la baronesa Thyssen, ser rico es difícil dada la gran responsabilidad que conlleva. Rafael Sánchez Ferlosio lo corroboraba al señalar que la frase de Mistinguett de que “el dinero no da la felicidad pero aplaca los nervios” es más cierta sometida a una doble inversión para que diga que “el dinero da la felicidad pero destroza los nervios”. Vale.