18/8/2019
Música

A la vanguardia del flamenco

Niño de Elche mezcla el spoken word, la tradición y letras de activismo social y político

Álex Sánchez - 02/10/2015 - Número 3
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A la vanguardia del flamenco
Niño de Elche durante una improvisación libre en el Festival Bhum (Celrà, Girona) en 2014. Jordi Bover

Niño de Elche es el nombre artístico de Francisco Contreras Molina (Elche, 1985). Su manera de acercarse al cante flamenco y de integrarlo en distintas disciplinas del arte contemporáneo le convierte en uno de los verdaderos innovadores de una de las tradiciones musicales de origen popular más importantes del mundo. AHORA pasó un día con él. 

La excusa

Voces del extremo (autoeditado, 2015), su más reciente trabajo, un disco a medio camino entre el spoken word y el canto de reminiscencias flamencas en el que Niño de Elche se enfrenta a textos de explícito activismo social y político del colectivo de poetas contemporáneos denominados “de la conciencia”, con Antonio Orihuela a la cabeza. Es un amplísimo patchwork construido durante más de un año en diferentes etapas y procesos creativos: “La poesía contemporánea para mí es la que escribe o cuenta el frutero de mi barrio o el portero de la casa de un amigo. Me interesa mucho la cotidianeidad como uno de los puntos de partida sobre los que construir mi discurso. No utilizo tanto la palabra ‘poeta’ porque lleva implícitos unos límites que me desconciertan. Prefiero ‘letrista’ o sencillamente ‘gente que escribe’”.  

El discurso es el centro de las prácticas artísticas de Niño de Elche: “Trabajo desde el discurso, desde su construcción. En cada ocasión y con cada proyecto el discurso varía, y por lo tanto utilizo herramientas distintas. Los equipos de gente con los que interactúo, las estéticas con las que damos o el resultado final de todo este proceso lo encontramos por el camino, son lugares abiertos, elementos vivos del desarrollo de cada pieza”. 

Se enfrenta a textos de explícito activismo social y político del colectivo de poetas contemporáneos

Para Voces del extremo, cuenta, “empecé componiendo las melodías a guitarra y voz; tenía la intuición de que en esta ocasión las composiciones podrían tomar forma de canciones. Le mostré los primeros esbozos a Dani [Alonso, uno de los componentes de Pony Bravo] y le hice llegar mis ideas preliminares, en especial en cuanto a las texturas de sonido que tenía en aquel momento en mi cabeza. Era la primera vez que me apetecía indagar en el procedimiento de trabajar junto a una banda”. 

La escucha de cortes de grupos como Neu!, Can o Kraftwerk y el trabajo sobre acercamientos, ritmos e ideas se convirtieron en la siguiente fase: “Desde ahí trabajamos sobre tres estructuras principales: por un lado, la construcción de un flow potente de bajo y batería; por otro lado, la parte ambiental y de desarrollos instrumentales a partir de teclados, sintes y guitarras, más obsesiva, muy insistente en motivos y atmósferas. Finalmente, mi trabajo en la inclusión de las melodías y las letras, una misión que mutó muchísimo durante la grabación y cuyo resultado final no tiene nada que ver con mis primeros esbozos de lo que hoy son estas canciones”. 

Voces del extremo produce la sensación de que se está ante algo que no tiene nada que ver con ninguna otra grabación escuchada con anterioridad. Provoca la extraña impresión, tras repetidas audiciones, de que sigue siendo una obra abierta a influencias externas y que esté dispuesta además a ello es una de las claves de su radical contemporaneidad.

La tarde

Niño de Elche se encontraba en Madrid para participar en la presentación del libro de Corinne Frayssinet-Savy sobre Israel Galván, Bailar el silencio, primera referencia de una colección sobre flamenco que planea poner en marcha la cuidadísima editorial Continta me tienes. 

Su actuación en la presentación se limitó a dos piezas. Interpretó “Cantología”, en la que se acompañó a sí mismo a la guitarra para recorrer multitud de palos flamencos que aparecen como microestructuras dentro de la obra con el objetivo explícito de cuestionar ciertos valores de las corrientes tradicionalistas del flamenco. “El academicismo no me interesa en general, en ninguna vertiente de la vida y tampoco en el flamenco, por supuesto. ‘Cantología’ es mi respuesta directa a esos aficionados que siempre acaban preguntándose, preguntándome: ‘¿Pero tú sabes cantar por soleá?’ Aquí queda claro que conozco una variedad amplia de palos, lo cual no significa nada en sí mismo y al menos para mí tiene poco valor. Es un simple ejercicio de reproducción, que cada uno le dé la importancia que quiera darle.” 

Su disco no tiene nada que ver con ninguna otra grabación, es una obra abierta a influencias externas

La segunda intervención tuvo como punto de partida una conversación con Israel Galván para uno de los varios espectáculos en los que han colaborado. Bajo el leitmotiv del “flamenco primitivo”, Niño de Elche construyó una improvisación (sin guitarra esta vez) en la que deformó de manera magistral letras flamencas clásicas para hacerlas convivir con técnicas vocales entre lo ancestral y lo inventado en el momento, puro presente. “Cuando trabajo en sesiones de improvisación libre sí me gusta hacer letras clásicas, siempre desde una perspectiva de ruptura, de llevarlas a otros lugares, de jugar con ellas hasta que se transforman en algo que pertenece al aquí y al ahora, no a un historicismo de la repetición.”  Y añade: “Sí tengo la idea, lejana, de intentar hacer un disco de flamenco clásico. Será un proceso largo, hay que hacer una selección de letras populares que tengan peso… En realidad todavía no he dado con cómo enfrentar este proyecto, sigo buscando la actitud, el espacio, el equipo de gente para llevarlo a cabo. No será pronto, es más un capricho estético que una necesidad de discurso”. 

Niño de Elche trabaja con asiduidad en propuestas que tienen la danza contemporánea o el baile flamenco más vanguardista como centro de operaciones. Pero este mundo del canto (como lo llama su protagonista) para danza contemporánea se ha convertido de manera natural en pieza central de su trabajo en la actualidad: “En estos proyectos se dan un montón de disciplinas en las que yo trabajo, como la libre improvisación, lo perfomático y el trabajo en movimiento, la forma de componer desde la desestructuración pero con arraigo en las tradiciones, la experimentación vocal a través del movimiento llevada al extremo, el atrevimiento y la desaparición de cualquier tipo de tabúes en escena... ”.

La noche

De forma improvisada (con Niño de Elche las cosas suceden así) acabamos compartiendo tarde completa y noche (completa también). Allí se habló de lo coherente y lo incoherente en relación a los discursos políticos y artísticos: “Todos nuestros actos son políticos; la incoherencia (porque la coherencia total es una ilusión) de las prácticas artísticas y los discursos políticos cada vez me interesa más como punto de partida desde el cual elaborar un discurso”. De influencias: “Me niego a dar nombres, la red es muy amplia y no solo la conforman personas; mis influencias son horizontales, transversales, no son solamente materiales o mecánicas: lo cotidiano es una de mis influencias más importantes, por ejemplo”. De su visión y relación con el público en el momento actual: “Sentía una necesidad de nuevos públicos y escenarios para ampliar el círculo de gente con el que compartir discursos. Es el camino, como decía Italo Calvino, ‘de la búsqueda de los iguales’, tener la sensación de terminar un concierto y poder hablar con alguien, querer interactuar con la gente”. 

Sobre cante flamenco, claro; el de sus contemporáneos y el de los clásicos: “Creo que no hay nadie de mi generación que me interese demasiado en cuanto al cante, y de la inmediatamente anterior a la mía tampoco, la verdad. Difiero en general con sus razones, sus prácticas y sus procesos de acercamiento al cante, me siento muy lejos de todo ello. Sí hay cosas que me interesan de los 50 y los 60: Agujetas me gusta en general, José de la Tomasa... Hace mucho que no he ido a ver un concierto de flamenco y cuando voy lo hago más como pasatiempo si voy a ver a un cantaor, no como un ritual en el que cada pieza es importante. Para mí el directo es una cuestión de energía, consciente e inconsciente, de dónde colocas la tuya para intentar que la experiencia sea colectiva y llegue a la gente que hay en la sala, sin importar si son 3 o 300 personas. Algunas veces surge, otras veces queda muy lejos. No encontrar la comunión con la gente, ni con el espacio, es el riesgo de un músico como yo. Ahí te entra la duda, cuando no lo consigues… ¿Debería hacer quizás algo más académico e ir a asegurar? Siempre hay una duda ahí, cuando sucede eso”.

Y como la duda y hasta la contradicción parecen ser dos de los motores vitales y artísticos de Niño de Elche, la noche no podía acabar de otro modo que asistiendo a un recital de cante clásico de Cancanilla de Málaga con Chaparro de Málaga al toque en la sala García Lorca de la Fundación Casa Patas madrileña. “¿Me lo hago de flamenco en plan olés o me lo tomo con calma?” 
 

Voces del extremo

Niño de Elche

Autoeditado, 2015