17/9/2019
Pero ¿qué broma es esta?

A un escándalo de la mayoría absoluta

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“¡Qué decepción!, resulta —como escribe El Roto en la viñeta del miércoles día 29— que las redes sociales no eran la realidad”. Así que andaban los rivales de Mariano Rajoy censurando que solo se dejara ver en el plasma. Le retaban a que compareciera. Craso error, porque en cuanto Mariano en persona ha pisado la calle, en cuanto se ha paseado con su braceo característico por los bares y las huertas, se ha llevado prendidos a los electores hasta las urnas. De ahí que el recuento haya aumentado su ventaja en 14 escaños. Mariano ha demostrado que el atractivo de su figura es inatacable por los ácidos, que la corrupción le deja incólume, que genera adhesión inquebrantable. En resumen, según dictamina un buen amigo periodista, podría decirse que ha quedado a un escándalo de la mayoría absoluta. Con uno más y tal vez hubiera rebasado la barrera de los 175. 

El caso es que la noche del domingo, cuando se asomó al balcón de mecanotubo, adosado al chaflán de Génova con Zurbano en la primera planta de la sede nacional del partido —aquella que se modernizó pagando en negro— quería corresponder a los entusiastas y empezó por decirles que ese iba a ser el discurso más difícil de su vida. Entonces, los más reputados analistas se prepararon para escuchar el anuncio de su retirada, al modo que lo hacen los triunfadores en plena gloria y en plenas facultades, cuando nadie les empuja, cuando todos reclaman su continuidad. Algo imprevisto sucedió que cambió las previsiones y solo echó un discurso banal, huero, que muy bien hubiera podido rematar dando vivas al vino y a la alcachofa.

Confesemos, Houston, que tenemos un problema en el desalojo ordenado de los inquilinos de La Moncloa. En 1980, para sacar a Adolfo Suárez, se proclamó el “vale todo” contra Adolfo. En 1996, para sacar a Felipe González, volvió a invocarse el “vale todo” contra Felipe. Aún quedan las huellas. Pero el civismo elemental señala que nunca contra nadie vale todo. En este momento, Mariano Rajoy ha invertido la cuestión apropiándose del “vale todo” para aguantar.