14/12/2018
Literatura

Aprende a fracasar con Miranda July

La creadora californiana ha centrado su obra en la sensación de soledad

Ana Llurba - 06/11/2015 - Número 8
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Aprende a fracasar con Miranda July
Miranda July en París. Julien Chatelin / Contacto

Es fácil imaginarse a comienzos de los 90 en California a Miranda Grossinger, la segunda hija de una pareja de intelectuales bohemios (dirigen la editorial North Atlantic Books, especializada en terapias alternativas) como una adolescente asediada por la búsqueda de identidad, de una experiencia vital o de una epifanía cultural que la definan. 

Se convirtió en Miranda July y abandonó la carrera de Artes para acompañar a su mejor amiga (Johanna Fateman de Le Tigre, proyecto musical liderado por Katheleen Hannah, la ex Bikini Kill) en un viaje iniciático a Portland, Oregón —recrea esa experiencia en el relato “Algo que no necesita nada”, de Nadie es más de aquí que tú (Seix Barral, 2009)—. Allí se codeó con un grupo de frenéticas jóvenes que gestarían el caldo de cultivo musical para una nueva ola del indie punk, el movimiento Riot grrrl. Comenzó en 1996 una fugaz carrera musical con tres discos grabados en el mítico sello Kill The Rock Stars. Su trabajo recibió comparaciones con la artista multimedia Laurie Anderson, este breve paso por la música fue casi simultáneo a la experimentación con el spoken word, que la llevó a sus primeros trabajos de performance.

En la transición a las artes visuales se evidencian aún más el tinte autobiográfico y que temáticas como el fracaso, la frustración y la necesidad de crear comunidad para superarlos siempre han ocupado un lugar central en la obra de July. 

Después de una prolífica producción en videoarte, su primer largo Tú, yo y todos los demás (2005) se unió a esta ola de mujeres que escriben, dirigen y producen sus propias películas (entre las que hay personalidades tan dispares como Lena Dunham, Lake Bell, Desiree Akhavan o Greta Gerwig). Su debut era una agridulce historia coral que tiene como centro la vida de una frustrada artista que trabaja conduciendo un taxi para ancianos y que se enamora de un atribulado vendedor de zapatos, interpretado por el talentoso John Hawkes. 

Entre sus personajes abundan mujeres con un frágil sentido de la realidad y con crisis cotidianas 

Le siguió The Future (2011), que también escribió, dirigió y protagonizó. Cuenta la historia de una pareja de treintañeros que se ha aburrido de su simbiótica relación, pero que siente vértigo ante las consecuencias de reconocerlo. Ambos deciden lanzarse a perseguir sus sueños postergados antes de enfrentar la responsabilidad simbolizada en la adopción de un gato enfermo. La voz en off del gato enfermo relata las peripecias de la pareja. Es un recurso arriesgado que recuerda el pasado indie punk casero de la directora, que no titubeó en insertar cursilerías tales como hacer hablar a la luna o darle vida a Shirty, la camiseta amarilla de la protagonista. En estos espacios de relativa libertad creativa es donde Miranda July cuela una dulce, a la vez que marciana, performance con esa misma camiseta amarilla al ritmo de una etérea canción del dúo de dream pop Beach House.

Del cine a la literatura

En 2009 se tradujo su primer libro, Nadie es más de aquí que tú, una compilación de historias que la autora había publicado a lo largo de los años en revistas como The New Yorker, McSweeney’s o Harper’s

Hay coincidencia entre los personajes que aparecen en sus relatos y los de sus películas y cortos: una mujer que se enamora platónicamente de su vecino mientras este sufre un ataque de epilepsia, una joven que enseña a un grupo de ancianos a nadar en un cuarto con solo una palangana o una mujer que tiene una relación imaginaria con el príncipe William de Inglaterra. Entre sus personajes abundan mujeres con un frágil sentido de la realidad y con pequeñas crisis cotidianas que las hacen más vulnerables frente a su propia imaginación. 

Estas historias demuestran tal sentido de unidad temática que parecen haber sido pensadas como un libro. La empatía emocional, el humor y la precisión minimalista con que están narradas permiten insertarlas en la misma tradición que escritoras como Amy Hempel y Lorrie Moore. Su lanzamiento en Estados Unidos vino acompañado de un original booktrailer dirigido por ella misma, donde recurrió al espacio en blanco del techo de su nevera para comunicarse con sus futuros lectores.

Su trabajo no peca de un eclecticismo oportunista, sino que insiste en exponer las ansiedades y anhelos

En 2011, la misma aparecióun libro creado en colaboración con la fotógrafa Brigitte Sire: Te elige (Seix Barral). Asediada por la imposibilidad de terminar el guion de su segundo largo, Miranda July comenzó a leer el Penny Saver, un periódico gratuito de anuncios. En la desesperada búsqueda por darle sentido a esta evidente pérdida de tiempo, July cogió una grabadora y, acompañada por su asistente y una fotógrafa, contactó con quienes vendían cosas tan prescindibles como osos de peluche, viejas postales o prendas de ropa hindú. La historia de los anhelos, los deseos y las frustraciones que hay detrás de cada una de ellas hacen de este libro una honesta pieza autobiográfica, un sugestivo ensayo sobre la procrastinación, a la vez que una sensible crónica sobre el aislamiento y la soledad en que se vive en Los Ángeles.

El arte relacional

Aunque a primera vista no lo parezca, hay una constante temática en la obra de July. A pesar de haber utilizado casi todos los medios posibles a su alcance, su trabajo no peca de un eclecticismo oportunista, sino que insiste en exponer, con cierto exhibicionismo nada complaciente, las ansiedades, los anhelos, los deseos más vergonzosos de alguien que intenta comunicarse con el mundo, crear una comunidad, confesarse, relacionarse. 

Este es el mensaje de las esculturas interactivas con las que participó invitada en la bienal de Venecia, con la obra Eleven Heavy Things (2010), así como de la web Learning to Love You More (2002-2009), donde asignó 70 actividades de lo más imprevisible a más de 8.000 aspirantes a artistas, que interactuaron viendo publicado en la misma web el producto de esos ejercicios. 

En esta misma temática se alinean sus últimos trabajos, como We Think Alone (2013), un boletín informativo donde el espectador se apuntaba para recibir correos personales sobre temas como el dinero, el amor, los sueños o los miedos de gente como el escritor Etgar Keret, el jugador de baloncesto Kareem Abdul-Jabbar o el físico teórico Lee Smolin, convirtiéndose en un voyeur de la intimidad epistolar. 

Somebody (2015) va un paso más allá: es una aplicación para móvil, diseñada por encargo de la marca Miu Miu, con la que obliga a los usuarios a volver a la comunicación interpersonal. Quizás por esta constante intervención antropológica sobre las formas de relacionarnos y su  interacción con sus espectadores y lectores, el conjunto de la obra de July solo puede entenderse desde lo que el teórico Nicolas Bourriaud (Estética relacional, Adriana Hidalgo, 2007) definió como estética relacional. Es un arte que emerge como respuesta a la alienante comunicación contemporánea “que sepulta los contactos humanos y suministra los lazos sociales como productos diferenciados”. En el intersticio entre obra y sociedad, donde el arte se distancia y emerge como estrategia de supervivencia para superar el sentimiento de soledad, reside la originalidad de esta artista total.