18/9/2019
Opinión

Brexit en el país de Newton y Darwin

No debería extrañarnos que en Cambridge y Oxford, donde ganó el Remain, valoren las sugerencias que dicta la evolución cultural

  • A
  • a
Brexit en el país de Newton y Darwin
fede yankelevich
Tras una conversación sobre el porcentaje del 73,8% que había obtenido el Remain en Cambridge surgieron algunas de las consideraciones que a continuación resumo. Los interlocutores fueron Juan Rojo y Pedro Echenique, amigos y colegas de profesión con los que además compartía la condición y privilegio de haber trabajado algunos años en esa ciudad única en la historia de la ciencia.

En su libro Sapiens. De animales a dioses, breve historia de la humanidad (Debate, 2014), Yuval Noah Harari indica el desdoblamiento que en la evolución de la humanidad generó la denominada revolución cognitiva sucedida hace aproximadamente 70.000 años. En esa época el lenguaje comenzó a utilizarse como vehículo de fantasías capaces de cohesionar la acción de un número muy elevado de individuos. La evolución cultural fue progresivamente ganando terreno a la gobernada por la selección natural, infinitamente más lenta. En aquel momento la historia humana se liberó parcialmente de la biología pura. Sin embargo, la rapidísima y melódica evolución cultural requiere un soporte biológico que, como un bajo continuo, la subyace.

Por muy culto que sea un individuo no podrá liberarse jamás de la mágica y potentísima influencia de sus genes, que son tan admirables y exitosos como para haber llegado hasta hoy activos, tras millones de años sobreviviendo ante tan amenazantes zozobras aleatorias. Ellos almacenan la memoria de lo no aprendido, la que nos hace amar el bosque, el olor a tierra húmeda, buscar el pecho de la madre al nacer, perseguir la actividad sexual, apegarnos a la cuna y a la tribu e impulsarnos a la búsqueda de la satisfacción de las necesidades biológicas. Al transmitirse, a lo largo de tiempos tan inimaginablemente largos, nos enraízan en el pasado remoto generando una casi irresistible tendencia conservadora. 

La evolución cultural fue progresivamente ganando terreno a la gobernada por la selección natural

Por el contrario, la evolución cultural construye un camino hacia la globalización, un afán por aumentar el número de personas que pueden trabajar y comerciar solidariamente sin conocerse previamente, y se condensa como el más impresionante esfuerzo intelectual por entender y aprender colectivamente el mundo que nos rodea. La pasión por saber más nos reconforta y alimenta una fe, de nuevo casi irresistible, en el progreso. El córtex es su vehículo de expresión.

En todos nosotros influyen ambas tendencias: las puramente biológicas y las culturales, de modo que sintetizar ambas con un mínimo de armonía es el anhelo siempre presente en cualquier vida humana. Las leyes, los ejércitos, la psiquiatría, las guerras, las religiones… guardan estrecha relación con esta dicotomía intrínseca e inevitable. Tan entreveradas y equivalentes en intensidad se encuentran las fuerzas que nos comunican los genes y las que nos comunica la cultura que cuando actúan en sentidos opuestos estadísticamente empatan. Sin embargo, no se necesita ser marxista para admitir que las condiciones externas coadyuvan de modo complejo a romper el equilibrio y hacer prevalecer con cierto margen a uno de los contendientes. Nótese que los estímulos externos también desdoblan la influencia de ambas tendencias a nivel individual. Sirva de ejemplo considerar que por muy universal que sea un científico, si se agrede a su tribu, o cree que se la ha agredido, puede sufrir una explosión genética que permanecería bajo control en ausencia de agravio.

En el marco de estas sencillas y excesivamente simplificadas consideraciones evolutivas se pueden analizar algunos resultados del referéndum británico sobre el Brexit. Un referéndum con dos opciones disjuntas, Leave o Remain, como el celebrado en Reino Unido, independientemente de cualquier consideración de técnica democrática, es equivalente a un psicoanálisis colectivo y simplista en el que se trata de dilucidar qué prevalece en cada ciudadano votante, la tendencia a reducir o a mantener y aumentar las dimensiones del terreno de cooperación y comercio. Nótese que la reducción, aunque sea generada por miedo o por información cultural de tipo geográfico o histórico, apunta más a satisfacer la tendencia genética. Mientras que la propuesta de mantenimiento o aumento tiene principalmente raíces estrictamente culturales. La gravedad de la victoria del Leave con porcentajes próximos al 50% es de la misma intensidad que la que hubiera supuesto la victoria del Remain, con los porcentajes invertidos. En ambos casos se ha generado una ruptura social que refleja fielmente la brecha que cada individuo lleva en su mochila íntima. Quizás por esto se inventó la democracia representativa, para evitar trasladar al conjunto social de manera tan brutal, como implica un referéndum de este tipo, la dicotomía de los individuos. La eliminación de los grises en las opciones políticas solo parece justificarse por la minusvaloración del escenario dual en que transcurre la naturaleza humana. 

El Brexit demuestra que ha prevalecido el apoyo a un proyecto conservador populista que no favorece a nadie

Resulta significativo que en Cambridge, ciudad universitaria, inmersa en una zona geográfica con los porcentajes más altos a favor del Leave, venciera el Remain con un 73,8%. Sin embargo, no debería extrañarnos que la ciudad que gira en torno a la universidad en la que trabajaron Newton Darwin y en la que Thomson descubrió el electrón y Crick y Watson desvelaron el secreto de la vida al descubrir la estructura molecular del ADN, tienda a valorar con peso elevado las sugerencias que dicta la evolución cultural. La ciencia, desde su nacimiento, es actividad aglutinadora de ciudadanos de todos los países, como evidencia la evolución de la comunidad científica. Un fenómeno análogo se ha dado en Oxford, donde el Remain se impuso por un 70,3%. Los resultados de Oxford y Cambridge ilustran el caso de grupos extremadamente favorecidos pero que, superdotados de conocimiento e inteligencia, se deciden por la solución más progresista renunciando a diseños más conservadores, que en algún aspecto les pudiera favorecer pero que son intrínsecamente contrarios al sentido de la evolución.

Los resultados globales del referéndum muestran que en la sociedad británica, ante la sensación de peligro de estancamiento o retroceso de su situación económica y social, ha prevalecido el apoyo a un proyecto conservador de tintes globales populistas que además tiene la grave característica de no favorecer a nadie, ni fuera ni dentro de Reino Unido. Todo ello en detrimento de una propuesta culturalmente superior, al implicar un escenario de cooperación más amplio y que a la larga es de esperar y desear que se acabe imponiendo.