19/6/2019
Opinión

Cambio de tono

Editorial - 01/04/2016 - Número 27
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Se advierte un cierto cambio de tono en las negociaciones que podrían abocar en el segundo intento para la investidura de Pedro Sánchez como presidente del gobierno. Tras su reunión con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, cada uno de ellos abundó en la voluntad de terminar con la presencia de Mariano Rajoy en la Moncloa mediante un pacto que requeriría renuncias mutuas.

Es difícil calibrar lo que subyace a las buenas palabras del miércoles. La rotundidad y reiteración de las expresiones excluirían cualquier opción de que el PSOE sellara pacto alguno con el PP, que también considera indeseable Ciudadanos. El tiempo abierto para las negociaciones, que concluye en tres semanas, parece que se dedicará en exclusiva a la búsqueda de un acuerdo a tres entre PSOE, Podemos y Ciudadanos, con distintas combinaciones posibles de voto afirmativo y abstención. Más allá de la aritmética de la investidura, el pacto de gobierno sigue siendo de gran complejidad. Tiene todo el sentido que los tres partidos busquen acuerdos concretos en aquellos puntos en que la coincidencia hace verosímil que puedan alcanzarlo, y resultaría inevitable que dejaran aquellos en que discrepan en manos del Congreso. Pero estas negociaciones, como tantas veces en política, parecen mucho más activadas por los miedos —a perder votantes si no se llega a un pacto y se convocan comicios anticipados, a que los pactos sean percibidos como contra natura por los votantes de los distintos partidos— que impulsados por una cierta idea de país.

Sería lamentable que el cambio de tono y las manos tendidas fueran solo una escenificación adoptada por cada uno de los partidos para eximirse de culpa si no se llegara a un acuerdo. Ninguna formación quiere ser vista como la responsable de la convocatoria de unas nuevas elecciones, que alargarían la actual situación de impasse que se prolonga desde el 13 de enero y que exasperarían aún más a una ciudadanía cansada y perpleja. En particular, Podemos necesitaba urgentemente resarcirse de los errores cometidos por su líder en la sesión de investidura, refrenar la arrogancia exhibida y atender a los problemas internos de la formación mostrando un tono dialogante y abierto.  También es posible que Iglesias quiera preparar a sus votantes para un pacto que muchos no aprobarían, pero que le daría tiempo para consolidar las estructuras de su partido. Por su parte, Sánchez ha reiterado su empeño por llegar a un acuerdo con dos fuerzas que en muchos sentidos se sienten incompatibles. Un empeño encomiable, pero la tarea  que corresponde ahora a los equipos negociadores es de tal naturaleza que permanecen muy presentes las incertidumbres relativas a la investidura.