20/1/2020
Opinión

Carencias y simplificaciones populistas

Editorial - 01/04/2016 - Número 27
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Se acumulan las pruebas de que Dáesh está construyendo una red capaz de atentar en cualquier momento también en las ciudades europeas. En noviembre del año pasado lo hizo en París causando 130 víctimas mortales y el pasado 22 de marzo acabó con la vida de otras 32 en Bruselas. La policía y los servicios de inteligencia de los países europeos, que han frustrado otras acciones terroristas, han mostrado también graves deficiencias de coordinación. En particular, los cuerpos de seguridad belgas han exhibido la carencia de los mínimos exigibles para un país que alberga la capitalidad del mayor club de democracias del mundo. La dificultad de su tarea en manera alguna excusa errores de bulto en la identificación y detención de criminales.

Los atentados sembradores de pánico han difundido la sensación de vulnerabilidad ante ataques similares para inscribirse en una nueva normalidad en la que se neutralice cualquier esfuerzo policial y que de paso suponga en su despliegue un recorte de las libertades públicas. El perfil de muchos de los terroristas sobrepasa la visión, muchas veces teñida de buenismo, según la cual son personas instaladas en la marginalidad las que recurren a la violencia, faltas de otros medios para hacerse oír. De hecho, la mayor parte de los terroristas que llevaron a cabo estos asesinatos eran de nacionalidad europea y estaban detectados por la policía.

El origen del problema carece de vinculación necesaria con el flujo de inmigrantes y parece derivar de un conjunto de causas: el fracaso de los distintos modelos de integración, una política exterior fallida, la mentalidad nihilista indetectable de los asesinos y la ineficacia de los estados para, sin mermar un ápice los derechos fundamentales, controlar a quienes quieren acabar con ellos o, por lo menos, neutralizarlos. 

El contexto de este terrorismo es el quinto aniversario del inicio de la guerra civil siria, que ha generado una riada incontenible de quienes tratan de huir de la violencia de estados fallidos de Oriente Medio en busca de una vida digna entre nosotros. Se trata de dos crisis distintas. Es un error desconsiderado tratar a los refugiados como si fueran un ejército de infiltrados, pero su aparición coincidiendo en el tiempo con la barbarie terrorista está teniendo consecuencias catastróficas, gravemente desorientadoras para la política europea. A la UE corresponde ser ejemplarmente eficiente en la detección y el castigo de los terroristas y honrar su tradición de dar asilo a quien busca refugio para emprender una vida decente. La mezcla a la que los populismos se entregan es una simplificación canalla. Debemos aclarar la diferencia, fortaleciendo nuestras instituciones democráticas y cargándolas de razón.