26/11/2020
Política

Cataluña afronta una difícil gobernabilidad

La composición de Junts pel Sí y la necesidad de que la CUP apoye a Mas para presidente complica la formación del nuevo ejecutivo

Francesc Arroyo - 02/10/2015 - Número 3
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Cataluña afronta una difícil gobernabilidad
Mas, Romeva y Junqueras celebran los resultados del 27-S. Alberto Estévez / EFE
Junts pel Sí ha ganado las elecciones del 27-S con 62 escaños, a 6 de la mayoría absoluta, que conseguirá con el apoyo de los 10 diputados de la CUP. La victoria, no obstante, deja un resultado bastante inmanejable porque los parlamentarios de la candidatura radical no están dispuestos a darle la presidencia de la Generalitat a Artur Mas y porque la propia lista donde concurría el president es una difícil amalgama de CDC, ERC, asociaciones como la ANC y Omnium Cultural y estaba encabezada por Raül Romeva, un político que militó en ICV hasta el pasado mes de enero. Un gobierno “monocolor” de Junts pel Sí ya se perfilaba complicado, porque salvo en la hoja de ruta para la independencia hay pocos más puntos de coincidencia. De hecho, hay muchas divergencias en políticas sociales. La  necesidad de contar con la CUP lo hace aún más difícil porque sus posiciones son económica y socialmente más radicales que las de ERC y muy alejadas de las de CDC. Y no hay gobierno alternativo posible.

Junts pel Sí logró 62 diputados, aunque en la pasada legislatura CDC y ERC obtuvieron 71 escaños (50, CiU y 21, Esquerra). Para explicar que el retroceso es un avance, sus teóricos recuerdan que CDC acudía sin Unió. Pero solo se separó una parte de Unió, el resto se adhirió a Junts pel Sí junto a algunos diputados socialistas que cambiaron el PSC por la lista de Mas. Conclusión: nueve diputados menos y menos porcentaje de votos. Ha tenido unos resultados que ya quisiera cualquier otra fuerza, pero la suma de CiU y ERC en 2012 daba el 44,4% de los votos; ahora, los dos juntos se han quedado en el 39,5%. Para colmo, la coalición no puede aprobar nada en el Parlamento (ni formar gobierno) sin otros apoyos. En la legislatura pasada no tenían ningún problema. Han ganado, pero han perdido capacidad de maniobra.

Alternativas a Mas

No obstante, tiene posibilidades de formar gobierno. Primero lo intentará con Mas como presidente, opción que rechaza la CUP, la otra candidatura independentista y la única que verdaderamente ha mejorado resultados (de 3 a 10 diputados) y ganado capacidad de influencia. Su líder, Antonio Baños, ha sido explícito: en ningún caso votarán a Mas, al que hacen responsable directo de los recortes sociales, las privatizaciones y la corrupción. La aritmética hace que a Mas no le baste con la abstención de la CUP. Si ambas formaciones persistieran en sus posiciones actuales, el resultado final podrían ser unas nuevas elecciones.

Los electores han votado la claridad, Junts pel Sí, la CUP y Ciutadans, y rechazado la ambigüedad

 
Hay otras posibilidades. La primera, que el presidente no sea Mas. El problema de esta opción no es la CUP sino los partidos que forman Junts pel Sí. Difícilmente aceptaría CDC un presidente de Esquerra y tampoco está claro que ERC diera el visto bueno a un diputado de Convergència que no fuera el todavía president. Puede ser uno de los independientes de la lista. Convergència se resiste porque sería reconocer que Mas ha perdido las elecciones. Otra posibilidad, insinuada por Oriol Junqueras, es que el apoyo a Mas no proceda de la CUP sino de Catalunya Sí que es Pot. La respuesta oficiosa de esta formación ha sido que se puede hablar de un gobierno de coalición con Esquerra, la CUP y PSC. Sin CDC.

Baños ha anunciado no solo su rechazo a la figura de Artur Mas (“mucha gente ha puesto nuestra papeleta en la urna para que no votemos a Mas”), ha señalado también que no ve viable la declaración unilateral de independencia, porque la suma de los partidarios del no supera la suma de votos independentistas. La CUP apostaba por una declaración inmediata.
 
Junts pel Sí ha mantenido todas las posturas posibles. Y las contrarias. Sus candidatos han dicho que la independencia no tenía marcha atrás, pero también que la victoria electoral era un instrumento para negociar con más fuerza un nuevo marco fiscal. Raül Romeva ha asegurado sobre el proceso de independencia: “Estamos dispuestos a hablar del cómo, no del qué”, mientras que Oriol Amat, séptimo de la lista, defendía abrir una negociación para mejorar la financiación, dejando de lado la secesión. Junqueras ha dado un paso más al sostener que la independencia es irrenunciable porque se ganó en escaños y votos. En su opinión, además del sí (Junts pel Sí y la CUP) y del no (PP, Ciutadans, PSC), están los que ni sí, ni no (Catalunya Sí que es Pot), que no cuentan.
 

El éxito de Ciutadans

La segunda fuerza en el Parlamento es Ciutadans, que ha pasado de 9 a 25 diputados y del 7% de los votos al 17,9%. Ni siquiera su candidata, Inés Arrimadas, había apostado por una cifra tan alta en la porra que rellenó. Negar su éxito sería una osadía, pero tampoco se puede afirmar que han ganado. El argumento de Arrimadas de que son el primer partido del Parlament porque Junts pel Sí es una coalición es inconsistente. Junts pel Sí, con dificultades, está en disposición de formar gobierno. Ciutadans solo puede optar a la oposición y le resultará difícil que se apruebe una sola de sus propuestas por falta de apoyos. Otra cosa es que la formación contemple las elecciones catalanas como un prólogo de las españolas. Pero a veces hay prólogos extraordinarios y luego la obra no alcanza las expectativas creadas. Ahí está lo ocurrido con Podemos en Cataluña, donde ha vivido su primer gran pinchazo electoral.

La aritmética electoral hace que a Mas no le baste con la abstención de los diputados de la CUP para ser president


En ambientes políticos, sociales y económicos de Cataluña se repite que quien más ha hecho a favor del independentismo es Mariano Rajoy, en la medida en que el PP se ha esforzado en considerar independentista (o bolivariano o radical) a todo el que no estuviera de su parte. Pero también ocurre lo contrario: el principal apoyo que el partido de Albert Rivera ha tenido en Cataluña es CDC. Su antiespañolismo ha jugado a favor de la opción más claramente españolista. Rajoy y su partido son vistos por muchos como anticatalanes, más que como defensores de España.

Miquel Iceta cree que tiene razones para felicitarse porque el PSC ha pasado “solo” de 20 diputados a 16. Sigue contando los 20 diputados obtenidos en las elecciones de 2012, sin descontar los que a lo largo de la legislatura abandonaron el partido para irse a Junts pel Sí o a casa. Si lo hiciera, el retroceso sería aún más leve, pero eso no impide reconocer que el PSC ha cosechado los peores resultados de su historia. Su consuelo está en que los vaticinios de las encuestas eran peores. Su lectura positiva está en la perspectiva de las elecciones generales, porque haber evitado el sorpasso de Podemos refuerza las expectativas de Pedro Sánchez para el conjunto de España.

Propuesta federalista

La propuesta del PSC —y parcialmente la de Catalunya Sí que es Pot— era la única que defendía una tercera vía federalista. Pero no ha resultado del todo creíble para un electorado que escuchaba las proclamas federalistas de Iceta y las posiciones contrarias al reconocimiento de la singularidad catalana de dirigentes del PSOE como José Bono o Susana Díaz.
 
Parece que los electores han optado por la claridad frente a la ambigüedad. El PSC resultaba confuso, no tanto por sus mensajes en el interior como por los que llegaban desde fuera como supuesto apoyo. Catalunya Sí que es Pot ha pagado la ambigüedad actual y los coqueteos durante meses de dirigentes de ICV (Dolors Camats, Jaume Bosch) con el independentismo. Añádase que Lluís Rabell es un líder vecinal, pero ese movimiento ya no es lo que era en los 70 y 80, cuando amenazaba incluso la hegemonía convergente. Jordi Pujol lo vio claro y acometió una tarea de subvención dirigida por un entonces muy joven director general, el actual conseller de Empresa en funciones, Felip Puig. Una tarea en la que se vio ayudado por un PSC con fuerte poder municipal que temía el predominio del PSUC en las asociaciones de vecinos. Rabell no ha tenido el arrastre que sí tuvo Ada Colau en las municipales. El resultado final ha sido que el votante sabía qué proponían Junts pel Sí, la CUP o Ciutadans, pero tenía serías dudas en los casos de PSC y Catalunya Sí que es Pot, de modo que estas dos formaciones solo han retenido a sus votantes más fieles.

Que el PP ha sido el gran derrotado en las elecciones del pasado 27 de septiembre no lo duda nadie. Hasta José María Aznar lo ha visto claro y lo ha criticado e incluso Xavier Garcia Albiol lo dice. Mariano Rajoy y su joven portavoz, Pablo Casado, sostienen lo contrario. Su argumento es colosal: los independentistas no han ganado, luego han perdido. Y si ellos han perdido, han ganado todos los demás, el PP incluido. 

Cuando las piedras votan

Francesc Arroyo
Las urnas dieron a la candidatura de Junts pel Sí 62 diputados, repartidos de forma bastante desigual. En la provincia de Barcelona, la más poblada, logró 32 escaños, los otros 30 proceden de las circunscripciones de Tarragona (9), Girona (11) y Lleida (10). La ley electoral catalana prima los territorios despoblados. En Barcelona, un diputado cuesta 48.521 votos; en Lleida,  20.915, y se sitúa en torno a los 30.000 en Tarragona y Girona. Barcelona y su área metropolitana es la zona con mayor industrialización y es también donde Junts pel Sí logra menor porcentaje de votos. Lleida es predominantemente agrícola y en esa provincia la candidatura de Artur Mas se llevó 10 diputados frente a 5 de las demás fuerzas, aunque solo obtuvo (y no es poco) el 55% de los votos. Algo similar ocurrió en Girona: el 56% de los sufragios sirvieron para dar a Junts pel Sí 11 escaños, dejando otros 6 para el restante 44%. Tarragona tiene un potente sector primario, pero también núcleos industriales. El resultado es un reparto diferente: 9 diputados de Junts pel Sí y 9 para el resto de formaciones. Eso sí, a la lista avalada por Mas le bastó lograr el 41% de los votos. Mas y Junqueras han pasado los dos últimos años fingiendo que pretendían aprobar una ley electoral que corrigiera estas desigualdades. Todo ha quedado en nada. La propuesta más ecuánime, la defendida desde hace décadas por ICV, proponía que Cataluña fuera una circunscripción única. No ha sido tenida en cuenta. Sus dirigentes, los actuales y los del pasado, siempre han sospechado que algo tendría que ver el hecho de que el actual sistema favorezca a las candidaturas mayoritarias (hasta hace cuatro días, CiU y PSC).
 

Con la circunscripción única, en la que cada voto tendría el mismo valor, Junts pel Sí hubiera logrado 55 diputados, siete menos, que hubieran sido para PSC, Catalunya Sí que es Pot y CUP (uno para cada formación), tres más habrían ido a Unió (ahora fuera del Parlamento) y el último para el Pacma (Partido Animalista). Ciutadans y PP se hubieran quedado igual.

La hoja de ruta para alcanzar la independencia

Francesc Arroyo
El programa de Junts pel Sí promete culminar el proceso de independencia de Cataluña en 18 meses.  Tras constituirse el Parlamento, el primer paso sería la aprobación de una declaración de soberanía catalana que se comunicaría al Gobierno central, a las autoridades de la UE y a otros organismos internacionales. El objetivo sería abrir negociaciones para que el proceso de independencia se produjera de forma gradual y no conflictiva. Para garantizar el mayor apoyo posible a los pasos siguientes, se promovería un “gobierno de concentración”, aunque es más que dudoso que algunas formaciones quisieran formar parte de él. A continuación se redactaría una constitución catalana, hecha a partir de las diversas iniciativas que se han dado hasta ahora. Paralelamente se aceleraría la construcción de las estructuras de estado: formación de una hacienda propia, de un banco central y de una agencia de la seguridad social, y la potenciación de un cuerpo diplomático catalán. Queda en el limbo la posibilidad de un ejército, aunque Artur Mas ha anunciado que el hipotético nuevo estado pertenecería a la OTAN.

Redactada la constitución, el Parlamento aprobaría la declaración de independencia y prorrogaría las leyes españolas que no contradigan las decisiones relacionadas con la secesión. Una “ley de transitoriedad jurídica” evitaría que se produjera un vacío legal. A continuación, el Parlamento notificaría al Ejecutivo que debe convocar en el plazo de un mes elecciones constituyentes. El nuevo Parlamento aprobaría la constitución, enmendándola si procediera, y la sometería luego a referéndum.