3/8/2020
Escáner

El azote del milenio

Arantza Prádanos - 20/05/2016 - Número 34
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Plaga, azote, emergencia, catástrofe, epidemia… A la comunidad internacional se le agota el glosario para definir un fenómeno que ha adquirido unas dimensiones impensables hace solo unas décadas, cuando se dejaban oír las primeras tímidas voces de advertencia. Hoy la obesidad y su hermano menor, el sobrepeso, están fuera de control. Afectan a casi el 30% de la población mundial, unos 2.100 millones de personas de todas las edades. Y las tasas siguen creciendo.

Lo destacan la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las organizaciones médicas, y se hace visible en las calles de cualquier ciudad. Y lo refrendan las cifras de estudios exhaustivos como el del Institute for Health Metrics and Evaluation de la Universidad de Washington. Su panorámica a lo largo de tres décadas, de 1980 a 2013 deja gráficas (arriba) elocuentes y una conclusión demoledora. Ni uno solo de los 188 países analizados ha conseguido meter en cintura a sus ciudadanos. En mayor o menor medida, con unas particularidades u otras, en los cinco continentes los obesos y gordos han aumentado en número, proporción, en ambos géneros y en todas las franjas de edad.

En las naciones ricas hay más obesidad masculina, mientras la femenina es mayor en los países en desarrollo

Se considera sobrepeso un Índice de Masa Corporal (IMC) igual o mayor a 25, y obesidad de 30 en adelante. Entre los hombres el porcentaje conjunto ha pasado del 28,8% al 36,9%; en mujeres, del 29,8% al 38%. Aunque con cifras similares, hay más obesidad masculina en las naciones ricas, y por el contrario se ceba más en la población femenina de los países en desarrollo. Según los autores del estudio, este cuadro general representa “una enorme epidemia de salud pública mundial”. Para la OMS es “una pesadilla explosiva” que causa entre 2,8 y 3,4 millones de muertes al año en cualquiera de sus múltiples encarnaciones: afecciones cardiovasculares, diabetes, fallo renal, determinados cánceres, etc., así como una sangría incontenible para las economías nacionales.

En el retrato de grupo destacan algunos perfiles concretos. EE.UU. aporta el 13% de los obesos del mundo, el mayor cupo de un solo país, y encabeza un top ten que integran también China, India, Rusia, Brasil, México, Egipto, Alemania, Pakistán e Indonesia. Entre los 10 suman la mitad de los 671 millones de personas consideradas obesas. En términos relativos, destaca Tonga, el archipiélago polinesio donde afecta a más del 50% de su población.

La deriva más alarmante es la que atañe a los jóvenes, lo mismo en regiones ricas que en las demás. La prevalencia entre niños y adolescentes ha crecido en conjunto más del 50% desde 1980, y en las dos últimas décadas prácticamente se ha doblado en los países en desarrollo. De acuerdo con un estudio difundido en enero por la OMS, de los 42 millones de menores de 5 años con sobrepeso en el mundo, 35 millones (83%) viven en economías medias o pobres. Donde más crece este fenómeno es en Asia. Los expertos señalan también los altos niveles de obesidad adolescente en Oriente Medio y el norte de África, en especial entre las chicas.

A menor nivel familiar de rentas, mayor es el sobrepeso a causa de una alimentación barata y de peor calidad

Y si en lo colectivo la crisis apenas hace distingos entre el llamado primer mundo y el resto del pelotón, en lo individual sí. A menor nivel familiar de rentas, mayores tasas de obesidad, fruto de una alimentación barata y de peor calidad, repleta de grasas saturadas y azúcares.

La obesidad es una enfermedad autoinfligida por el ser humano. El resultado de un divorcio, el del metabolismo de cazador neolítico que aún tenemos en términos genéticos, hecho para ahorrar calorías, y el estilo de vida moderno. El desafío es buscar el punto de equilibrio o esperar a que la evolución obre el milagro.