26/1/2021
Cultura

El misterio de la muerte de José Robles

Fue amigo y traductor de John Dos Passos y su desaparición sigue siendo un misterio. Un documental reconstruye su amistad

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El misterio de la muerte de José Robles
John Dos Passos en 1948. Philippe Halsman
"Yo estaba en esa época de la vida en que se hacen amigos.” El escritor John Dos Passos (Chicago, 1896 - Baltimore, 1970) escribió en su libro de memorias Años inolvidables (1966; Seix Barral, 2006) que cuando tenía apenas 20 años, en el verano de 1916, conoció en un vagón de tercera clase volviendo de Toledo al estudiante José Robles Pazos (Santiago de Compostela, 1897 - 1937). “Nos entendimos tan bien que seguimos tratándonos hasta su muerte. Pepe Robles tenía una lengua más afilada que las de mis amigos liberales interesados en la educación. Se reía de todo.” No cuesta imaginarse las horas que ambos pasaron atravesando los apenas 80 kilómetros que separaban la fortaleza de Toledo de la capital en un lento y ruidoso tren de principios de siglo. Les daría tiempo de conocerse bien y confesarse su amor por la poesía y por los viajes. Cuando el tren llegó por fin a Madrid, Dos Passos y Robles eran amigos. 

Dos amigos

En aquellos días, Robles estudiaba Filosofía y Letras en Madrid y Dos Passos esperaba que quedara una plaza libre en la Residencia de Estudiantes. Mientras tanto se alojaba en una pensión del centro y asistía a unos cursos de arquitectura y arte español en el Centro de Estudios Históricos. Su padre lo había enviado a España con la intención de que se librara de ir a la Primera Guerra Mundial. Cuenta Stephen Koch en su libro La ruptura. Hemingway, Dos Passos y el asesinato de José Robles (Galaxia Gutenberg, 2005), que Robles era mucho más izquierdista que Dos Passos, pero que se consideraban radicales aun teniendo que soportar la pesada carga de ser burgueses procedentes de familias importantes. En sus Años inolvidables Dos Passos cuenta también que por entonces llevaba siempre en el bolsillo un ejemplar de Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. En abril de 1937, 21 años después, volvió a España durante la Guerra Civil y supo que Robles había sido asesinado.  

En 1916, cuando tenía 20 años, Dos Passos conoció a Robles en un vagón de tercera clase volviendo de Toledo

El mar, el verdor de las copas de los árboles, la brisa moviendo sus hojas, una casa escondida en un bosque, los primeros fotogramas del documental Robles, duelo al sol van acercando al espectador a la casa de Baltimore en la que Dos Passos vivió parte de su vida. Hay dos ventanas idénticas, una habitación que parece conservarse igual desde hace 50 años, un escritorio semicircular que sostiene la máquina de escribir del autor de Manhattan Transfer (1925), un joven físicamente muy parecido al escritor que se pasea por las habitaciones de la casa. Sonia Tercero Ramiro, directora del documental realizado en colaboración con la agencia literaria Dos Passos, confiesa que lo que más le atrajo “de esta misteriosa historia es que fue motivada por una profunda lealtad entre los dos amigos”. En Robles, duelo al sol John Dos Passos Coggin, nieto del escritor, viaja a España para reconstruir la historia de cómo su abuelo intentó resolver sin éxito el puzle de la desaparición de su amigo Robles. 

Conocer a un joven escritor estadounidense fue para Robles un incentivo para pedir una plaza de profesor asociado en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore. El español, que llegaría a traducir Manhattan Transfer, aprendió ruso durante su estancia para poder leer a Pushkin en el idioma original. Pasaría 16 años de su vida en Estados Unidos junto con su mujer Márgara Fernández Villegas y sus hijos Coco y Miggie. Su relación con Dos Passos y su familia se estrecharía cada vez más. Robles volvería cada verano para pasar las vacaciones universitarias en España, incluido el verano de 1936. 

Robles en la Guerra Civil

Ignacio Martínez de Pisón se ocupó de la desaparición de José Robles con todo el rigor de una investigación documental en Enterrar a los muertos (Seix Barral, 2005). Cuenta cómo, al producirse el levantamiento militar, Robles “consiguió un permiso temporal de la Universidad John Hopkins para permanecer en España y ponerse al servicio del gobierno legítimo. Este, necesitado de ayuda exterior y abandonado casi desde los primeros días por las potencias europeas, acogió durante el mes de agosto los primeros consejeros militares soviéticos”.

Uno de ellos fue el general Vladimir Gorev, agregado militar y principal agente del servicio de inteligencia militar (GRU) en Madrid. José Robles se convirtió en el intérprete de Gorev, lo que le llevó a visitar con frecuencia la sede principal de los consejeros soviéticos. Escribe Martínez de Pisón que “la opinión que los militares republicanos merecían a los consejeros soviéticos no podía ser peor. Los consideraban incapaces de ganar por sí mismos la guerra”. En medio de todo aquello se encontraba Robles. Sus amigos le aconsejaron que volviera a Baltimore, pero él pensó que sería más útil en España y siguió a sus superiores hasta Valencia.

La población se había triplicado debido al gran número de evacuados y funcionarios que habían ido llegando a la ciudad y los Robles fueron acogidos por una familia porque no había casas suficientes. En el documental se cuenta que en una noche de diciembre del 36, cuando las dos familias acabaron de cenar y Robles se sentó para leer unos relatos de Poe, llamaron a la puerta. Unos hombres vestidos de paisano le obligaron a acompañarles. Al día siguiente su mujer y sus dos hijos recorrieron la ciudad buscando información sobre su destino. Y esa misma mañana la familia de acogida los echó a la calle. Pronto se supo que Robles estaba preso en la cárcel de extranjeros de Valencia, donde Márgara tuvo la oportunidad de visitarlo en un par de ocasiones antes de su desaparición. 

John Dos Passos llegó a Valencia el 8 de abril de 1937 para rodar el documental Tierra española junto a su amigo el escritor Ernest Hemingway, que ya se encontraba en Madrid como corresponsal extranjero. Con el documental pretendían conseguir apoyos del gobierno de Roosevelt para la República. Dos Passos y Hemingway tenían una idea muy diferente de lo que querían que se viese en Tierra española. Dos Passos apostaba por retratar la vida cotidiana de la población y Hemingway quería grabar la evolución de las campañas militares. Aquello comenzó a separarles y la muerte de Robles acabaría por distanciarles del todo.

Tras el levantamiento militar, Robles se quedó en España y se puso al servicio del gobierno legítimo

El nieto de Dos Passos lee en el documental una carta de su abuelo en la que cuenta sus pesquisas acerca de la desaparición: “Llegué a España en torno a la fecha de su muerte. Su mujer, a la que vi en Valencia, me pidió que investigase para mitigar su desasosiego. Pudo suceder el mismo día que Liston Oak dio la noticia al hijo de Robles de que su padre había muerto. Al mismo tiempo que algunos funcionarios me decían que los cargos contra Robles no eran serios y que no corría peligro, el ministro de Exteriores, Álvarez del Vayo, mostró ignorancia cuando le pregunté sobre el caso, y me prometió indagar en los detalles. La impresión que me trasladaron los mandos en Valencia fue que si Robles estaba muerto es que había sido secuestrado por anarquistas incontrolados”. 

El documental

Sonia Tercero explica que uno de los factores que ha estado latente en la investigación para el documental es “el esfuerzo que algunos se tomaron a partir de 1936 por hacer desaparecer el nombre de José Robles. No hay rastro de su encarcelamiento, ni de un juicio, no hay un certificado de defunción, ni de dónde fue a parar su cuerpo...”. Ninguna pista del profesor Robles. Las cartas son fundamentales para la narrativa del documental. Las conservó Henry Carrington Lancaster, jefe del departamento de Lenguas Romances de la Johns Hopkins, porque pensó que servirían para que alguien en un futuro arrojara luz sobre el misterio de Robles. 

Ante tanta incertidumbre, quizá para tratar de entender lo que ocurrió, Dos Passos recrea la muerte de Robles en uno de los artículos de su libro Viajes de entreguerras (Península, 2005): “De las 100 formas en que un hombre puede ser culpable, el comentario que hizo en el café y que alguien más anotó, la carta que escribió el año pasado, la frase que garabateó en un cuaderno de apuntes, el hecho de que un primo está en los rangos del enemigo y el extraño sonido que hacen sus propias palabras en su oído cuando son citadas por la acusación. Le ponen un cigarrillo en la mano, y sale al patio, y se detiene frente a seis hombres que no ha visto nunca en su vida. Los hombres apuntan. Esperan la orden. Disparan”. 

Martínez de Pisón se pregunta por qué asesinaron a Robles, una pregunta que siguió haciéndose Dos Passos durante mucho tiempo y que manifestó por carta a Carrington Lancaster: “Seguro que Robles fue fusilado por alguna razón por los comunistas de la GPU [de la NKVD], y nadie se atreve a abrir la boca al respecto. ¿Por qué fue fusilado? Todavía tengo esperanzas de averiguarlo”. Durante décadas la memoria de Robles se ha visto traicionada por los rumores de la ayuda que habría prestado a su hermano para que saliese de la zona nacional y se incorporara al ejército republicano. Se encontraba de vacaciones en Madrid cuando estalló la guerra, quiso llegar a Toledo para apoyar la defensa del Alcázar. Por el camino fue detenido en Getafe y lo metieron en una checa madrileña de la que salió aquella misma noche. Quizá José Robles lo ayudara a salir, pero también trató de convencerle para que se entregase al servicio de la República.

Una desaparición sin pistas

Otra de las hipótesis existentes es que hizo algún comentario en una tertulia que podría haberle costado la vida. Robles era un “hombre que sabía demasiado” de las relaciones entre el Ministerio de Guerra español y el Kremlin. Es complicado seguir la pista de los motivos del asesinato de Robles y a sus asesinos. Martínez de Pisón, que siguió varias en su investigación, lo explica así: “Por la cantidad de militares que corrieron la misma suerte podría hablarse de una purga entre los miembros del GRU enviados a España.

El asesinato de Robles, en tal caso, no sería sino un prólogo a esa purga, y cabe preguntarse si, una vez detenido, habría habido algún modo de evitar su muerte. ¿Importaba algo lo que Robles supiera sobre el poder soviético en el seno del gobierno? ¿Importaba el hecho de que hubiera podido cometer una indiscreción en un café? Que existieran pruebas contra Robles era intrascendente, porque Robles era precisamente la prueba: una prueba contra Gorev. En la estrategia de Orlov [jefe de la NKVD en España], encarcelarle para más adelante soltarle no servía de nada. Lo que la NKVD buscaba era poner en entredicho a Gorev colocando a su sombra el espectro de un traidor”. Gorev fue arrestado ante las sospechas de traición en 1938 en el contexto de la Gran Purga de Stalin.

A medida que Dos Passos fue descubriendo lo que le pasó a su amigo y se produjo su distanciamiento de Hemingway, se fue desencantando con España, país al que dedicó 20 años de su vida. En el documental, su hija Lucy explica lo que la muerte de Robles supuso para su padre: “Fue una historia personal que para mi padre acabó por eclipsar el resto de lo que pasó en la guerra. Se dejaba cautivar por las historias de la gente, de cómo los grandes acontecimientos históricos influían en la historia personal de los individuos. Esta en concreto le anegó. Tuvo una gigantesca influencia en cómo analizó la historia del mundo posteriormente”.

Desde entonces, Dos Passos fue otro, cada vez más conservador, cada vez más desencantado con la izquierda. Pero siguió peleando por la estabilidad económica de Márgara y sus hijos. Robles tenía un seguro de vida en Estados Unidos que Dos Passos siguió pagando tras su desaparición. Necesitaban era un acta de defunción para que Márgara pudiera cobrarlo, pero no fue fácil de conseguir. Tuvieron que pedirle a Liston Oak que diera testimonio de que Robles había sido asesinado. Márgara y sus hijos se establecieron definitivamente en México, donde Dos Passos los visitó. 

La nieta de Dos Passos interviene una única vez en el documental para recordarnos por qué su abuelo y José Robles fueron amigos para siempre: “Mi mamá me contó cómo fue mi abuelo, por qué se preocupó tanto por su amigo y por su familia y cómo eso fue una parte de su personalidad, buscar y buscar y saber que la justicia para una familia es tan importante como la justicia para un país. No se puede salvar un país y perder una familia al mismo tiempo”.
Robles, duelo al sol
Robles, duelo al sol
Sonia Tercero

Time Zone y Televisión Española, 2015.