12/11/2019
Pero ¿qué broma es esta?

El PP, reserva natural de sorianos

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Proponía Chumy Chúmez, afincado junto al Duero en San Esteban de Gormaz, que dada la evolución decreciente de la demografía de esa área, sus habitantes  fueran declarados especie protegida y que la provincia de Soria pasara a considerarse reserva natural de sorianos. El caso protagonizado por José Manuel Soria, que acaba de dimitir como ministro en funciones de Industria, Energía y Turismo, entregar su acta de diputado en el Congreso y renunciar a la presidencia del Partido Popular de Canarias, propulsa el nombre de Soria y le dota de una sonoridad perturbadora cargada de resonancias sospechosas, que enlazan con las sociedades offshore de Panamá y Jersey.

Dadas estas salpicaduras, sorprende que en defensa del buen nombre del topónimo Soria siga echándose en falta la pertinente proclama de la diputación provincial. Un proceder inexcusable que vendría de paso a subrayar la necesidad de preservar las diputaciones, cuya eliminación se está proponiendo con tanta frivolidad, sin atender a la conveniencia de cumplir misiones tan relevantes como la señalada y sin ofrecer el debido respeto a trayectorias políticas como la de Mariano Rajoy, que hizo sus primeras armas en la presidencia de la diputación de Pontevedra.

La defenestración de José Manuel Soria se gestó con el anuncio nocturno de que estaría ausente del Consejo de Ministros. Luego vino el comunicado del interfecto en modo redes sociales. Un elemental análisis de texto esclarece el intento del apestado por presentarse limpio de culpa, sin reconocer más errores que los de sus explicaciones ante los medios. Pero conviene establecer la diferencia entre errores de explicación y mentiras encadenadas como las ofrecidas frente a la sucesión de datos incontrovertibles. Como precisa Péter Esterházy en el primer párrafo de su libro Armonía celestial,  “es  harto difícil mentir sin conocer la verdad”. Nuestro Soria tenía ese conocimiento y de ahí que superara esa dificultad. Otra cosa es que la mentira flagrante pulverizara toda credibilidad, sin la cual es inhóspita cualquier dedicación a la política. 

En otras épocas de erupciones, cuando la lava ardiente de la corrupción se expandía, según recuerdan los mayores, hubo de habilitarse una unidad de quemados en La Moncloa donde se procuraban cuidados paliativos cuando el diagnóstico excluía posibilidad alguna de regeneración de los tejidos dañados. En atención a que los ministros quemados resultaban dúctiles y maleables. Ojo porque las medidas anticorrupción de este Gobierno podrían estar amenazando de extinción a los corruptos, una especie valiosa de sorianos cuyo hábitat pepero deberíamos preservar.  Veremos.