9/4/2020
Política

El PP en fuera de juego

La valoración creciente de Sánchez y de Rivera por su intento de gobernar y el arrinconamiento del PP demuestran que los votantes premian a quienes buscan soluciones y castigan a quienes las bloquean

AHORA / Rosa Paz - 12/02/2016 - Número 21
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El PP en fuera de juego
Pedro Sánchez con Meritxell Batet, Antonio Hernando, César Luena y María González Veracruz. Juanjo Martín / EFE

Mientras el líder del PSOE, Pedro Sánchez, disfruta del brillo y del protagonismo que le ha dado asumir la iniciativa de buscar un pacto de gobierno, en el PP se va consolidando la idea de que esta vez la estrategia de “dejar pasar el tiempo”, tan propia de su presidente, Mariano Rajoy, les puede llevar a la ruina política. Porque incluso en el supuesto de que el intento de Sánchez fracasara y no consiguiera la investidura, la posibilidad de que los populares se mantengan en el poder se percibe improbable en esta vuelta electoral,  ya que por muchas presiones que reciban los socialistas de los empresarios, los mercados, Bruselas o sus propios veteranos lo único en lo que parecen coincidir la cúpula y los principales barones territoriales es en la negativa a favorecer, por activa o por pasiva, un gobierno del PP.

Estrategia positiva

Mantenerse en el gobierno dependería, por tanto, del resultado de unas nuevas elecciones, y lo que están demostrando los sondeos en los últimos días —el de Metroscopia para El País y el de Celeste-Tel para eldiario.es, por ejemplo— es que los votantes premian a quienes tratan de buscar soluciones: está subiendo considerablemente la valoración de quienes se han sentado a negociar,  Pedro Sánchez y Albert Rivera, y aumentan las posibilidades electorales de sus partidos, PSOE y Ciudadanos, frente al PP y Podemos. El partido que lidera Pablo Iglesias, no obstante, podría sumarse pronto a la negociación, presionado por sus confluencias —Compromís está en la mesa de diálogo desde el principio—, sus bases, que no entenderían el veto a un gobierno de cambio, y por estas expectativas electorales que les alejan de su deseado sorpasso.

La estrategia diseñada por la dirección del PSOE está teniendo, por el momento, buenos resultados. No solo porque se extiende la idea de que Sánchez podría ser investido —el pleno de investidura se celebrará en los primeros días de marzo— y gobernar con el apoyo de Ciudadanos, PNV, Compromís y, de un modo u otro, En Marea, En Comú y el propio Podemos, sino también porque la iniciativa del líder socialista ha dejado descolocado al PP, que se enfrenta a una grave crisis interna. La imagen de Rajoy acudiendo este viernes al Congreso de los Diputados a la reunión a la que le ha convocado Sánchez contribuirá más aún a visualizar esa percepción de arrinconamiento y derrota.

El plan diseñado por Sánchez le está permitiendo reforzar su imagen y las expectativas del PSOE

Hasta ahora solo José María Aznar y Esperanza Aguirre se han atrevido a exponer en público la posibilidad de sustituir a Rajoy, pero en privado son muchas las voces que se lamentan de la “errónea estrategia” de su líder, que les puede dejar fuera del gobierno. Se lamentan de que no tomara la iniciativa y empezara a negociar la investidura con Ciudadanos y PSOE al día siguiente de las elecciones y de que dejara esa responsabilidad en manos del Ibex, los socios europeos o los notables socialistas partidarios de una gran coalición. Ahora ven cómo se esfuman las posibilidades de conseguirlo.

 Las críticas a Rajoy también arreciaron en mayo del año pasado, tras las elecciones  municipales y autonómicas en las que el PP perdió buena parte de su poder territorial. Entonces Rajoy se limitó a hacer un cambio cosmético en el partido, incorporando a la dirección a jóvenes como Pablo Casado, Javier Maroto o Andrea Levy. Si en marzo gobernara el PSOE con el apoyo de otros partidos, Rajoy tendría que irse y el PP debería buscar otro líder. El presidente gallego, Alberto Nuñez Feijóo, siempre aparece en la recámara preparado para dar el salto, pero en una crisis como la que se avecinaría si esto ocurre no tendría  nada garantizado.

Cosa distinta sería que se repitieran las elecciones. En ese supuesto, todo indica que, pese al malestar de su partido, Rajoy repetiría como candidato. Él es el que aún controla a la dirección y a los cuadros de su partido y los hipotéticos desertores tendrían que percibir antes de abandonarle dónde está el poder emergente en el PP.

Liderazgo reforzado

Mientras esto ocurre, la percepción social sobre Sánchez ha ido mejorando. “Es solo un espejismo”, dicen sus críticos en el partido, pero lo cierto es que su decisión de tratar de forjar un pacto de gobierno y la manera en que se está desenvolviendo desde entonces han enriquecido su figura política. Parece sortear con soltura las zancadillas que le pone el PP para frustrar cualquier pacto —como antes sorteó las que le pusieron en su propio partido—, y se está zafando de la presión de Pablo Iglesias, ocupando el centro izquierda político, y poniendo a Podemos ante la tesitura de levantar el veto a Ciudadanos y sentarse a negociar.

Algo similar le está ocurriendo a Albert Rivera, que transmite la imagen de un político sensato, no sectario, que le ha arrebatado al PP el centro derecha. Así que, aun en el caso de que no alcanzaran un pacto para gobernar, el hecho de haberlo intentado colocaría a PSOE y Ciudadanos en mejores condiciones para afrontar una repetición electoral. “Esta negociación está siendo su mejor precampaña”, coinciden en señalar expertos electorales. “Es puro postureo  y los votantes se van a dar cuenta. No le saldrá bien electoralmente”, insisten, sin embargo, los críticos de Sánchez.

Conseguir una mayoría simple

Aunque estas son las percepciones de una situación política que se ha desbloqueado con la decisión de Sánchez y una propuesta programática sin aristas que permitiría un pacto a varias bandas, lo cierto es que alcanzar esa alianza no será fácil. Porque Sánchez y su equipo están buscando, según los escépticos, “la cuadratura del círculo” al tratar de juntar en el mismo acuerdo a Podemos y Ciudadanos. No pretenden sumar los votos de los dos partidos —aunque no los rechazan— sino que uno de los dos vote a favor y el otro se abstenga. Necesitan obtener una mayoría simple, de manera que en la investidura tengan más votos a favor que en contra. El problema es que tanto Ciudadanos como Podemos quieren estar en un gobierno con los socialistas, porque así tendrían más poder y podrían controlar mejor al PSOE, pero se repelen uno al otro.

Crece la sensación en el PP de que la estrategia de Rajoy de “dejar pasar el tiempo” les lleva a la ruina política

Hasta el momento, Podemos sigue poniendo como condición para empezar a hablar que el PSOE abandone a Ciudadanos, pero Iglesias ha ido bajando el tono y reconociendo que se intercambia mensajes con Sánchez y que “pronto” se verán, porque está dispuesto a trabajar por un gobierno de cambio “lo antes posible”. Ya no insiste en su propuesta de gobierno de coalición en la que él sería vicepresidente y su partido ocuparía los ministerios clave. Ese órdago parece haber quedado momentáneamente sepultado por el protagonismo de Sánchez. A Podemos no le conviene quedarse fuera del diálogo, porque, incluso si quiere llegar fuerte a unas nuevas elecciones, tiene que escenificar su interés por pactar con el PSOE. Más cuando tiene problemas internos precisamente en algunos territorios en los que son fuertes sus socios, como Galicia y Cataluña, y estos podrían estar interesados en apoyar un gobierno socialista