13/10/2019
Política

El precio del no

Rajoy desprecia un pacto que él ni siquiera intentó e Iglesias podría calibrar las ventajas de una abstención este viernes, aunque parece creer que obtendría más concesiones del PSOE en los dos meses previos a la convocatoria de elecciones

AHORA / Rosa Paz - 03/03/2016 - Número 24
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El precio del no
Sánchez en la sesión de investidura en el Congreso de los Diputados. PIERRE-PHILIPPE MARCOU / GETTY
Salvo que alguno de los partidos del no, PP y Podemos, haga un cálculo que le lleve a considerar que resulta más beneficioso para sus intereses facilitar con su abstención —en la segunda votación de este viernes 4 de marzo— la investidura de Pedro Sánchez, de este primer intento no saldrá la elección de un presidente del Gobierno. Habrá sido una oportunidad perdida para acabar con el periodo de interinidad política, que se arrastra desde el 20 de diciembre, pero habrá servido para conocer las actitudes de los distintos portavoces y de sus grupos. Por lo que se vio el miércoles, no hay sorpresas: el desprecio de Mariano Rajoy a los dos grupos que han suscrito un pacto de legislatura, que él ni siquiera intentó, y la pretensión de Pablo Iglesias de agradar a su parroquia con ese discurso de activista implacable que tiene tan ensayado.

Parece que Rajoy busque una repetición de las elecciones o que oculte el as del recambio de candidato en la manga y que con él quiera sorprender a todos, empezando por el jefe del Estado. De lo contrario no se entiende su burla a quienes han aprovechado lo que él desdeñó: la propuesta del rey para someterse a la investidura y poner al menos en marcha el plazo de dos meses que marca la Constitución para intentar la elección de un presidente o para convocar nuevas elecciones si los partidos fracasan en ese empeño.

Los ciudadanos valoran positivamente a quienes buscan el acuerdo y penalizan a los que lo rechazan

A Iglesias, que también podría estar apostando por unos nuevos comicios, se le notó, cuando menos, convencido de que a partir del día 5 tiene 60 días para intentar un pacto con el PSOE, porque los socialistas, y en especial Sánchez, serían, según su criterio, más permeables a sus exigencias antes de volver a las urnas. Olvida que Sánchez le dejó claro que busca un pacto transversal —el “mestizaje político”— con Podemos y Ciudadanos con el argumento de que ningún bloque ideológico tiene por sí solo mayoría suficiente. No parece que vaya a apearse de esa posición, como tampoco de su negativa a un gobierno de coalición con Iglesias. 

Las posibilidades que quedan

Muchos políticos y analistas sostienen, no obstante, que si no hay investidura este viernes hay margen para el acuerdo, sin apreciar que las circunstancias pueden cambiar también en contra de ese proceso de confluencia. Parecería de antemano, por ejemplo, que si el PP prescindiera de Rajoy y propusiera a otra persona tendría más posibilidades de éxito. Pese a las presiones que le llegarán al PSOE del empresariado, de Bruselas y de algunos de sus notables, no parece, sin embargo, que los socialistas vayan a facilitar un gobierno popular sea cual sea su candidato a presidirlo. En eso parece haber acuerdo entre la cúpula y los barones rebeldes y solo un grupo de veteranos “que ya han gobernado” parece defenderlo.

Podría ocurrir también que las posibilidades de Sánchez de seguir intentando la investidura mermaran porque sus críticos —los principales barones territoriales y algunos veteranos— aprovecharan este fracaso para tratar de impedir que lo vuelva a intentar. No sería improbable que rompieran el paréntesis de silencio y empezaran a verbalizar las críticas que expresan en privado: que un pacto con Ciudadanos es un pacto de derechas —que Susana Díaz también pactara con ese partido en Andalucía no frena esa afirmación— y que eso es un lastre para sus expectativas en unas nuevas elecciones en las que tienen que recuperar terreno en su izquierda, en esos millones de votos que se les han ido a Podemos. Argumentan también los críticos que el capital político ganado por Sánchez en las últimas semanas es más frágil de lo que aparenta y que su fracaso en la investidura le devolvería a la casilla de salida mucho más debilitado que el 20-D. Es cierto que el secretario general del PSOE consiguió el respaldo de la mayoría de los militantes hace una semana, pero puede que eso tampoco frene a quienes buscan su liquidación política.

En el imaginario de algunos veteranos de diversos partidos, también socialistas, se barajan otras hipótesis ingeniosas como la posibilidad de que el presidente fuera un independiente o un exministro socialista de prestigio, no mal visto por el PP, para forjar una especie de gran coalición. Quienes defienden eso olvidan, según los dirigentes actuales, que la influencia de esos exministros en su partido es limitada y que quienes lo lideran ahora los ven con respeto pero como referentes de una época hace tiempo finiquitada. Sería difícil que convencieran, por tanto, de las virtudes de una operación de esa magnitud a la generación que controla ahora el partido y el grupo parlamentario.

Ventajas de la investidura

Desaprovechar la oportunidad de este viernes puede tener consecuencias indeseadas para todos los partidos, en particular para los que voten no. Que de facilitar el gobierno, sin embargo, se encontrarían por una parte con el agradecimiento del elegido y por otra con el monopolio de la oposición. De ser el PP, cuya abstención reclama el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, pero no Sánchez, tendrían para sí solos la oposición de derechas. Si lo hiciera Podemos, mucho más probable pese a la dureza de las imprecaciones de Iglesias a los socialistas, se quedaría para su disfrute exclusivo la oposición de izquierdas y podría apuntarse el tanto de haber desalojado al PP del poder. Eso que le repitió Sánchez: “La peor medida de este acuerdo es mejor que que Rajoy siga en el Gobierno”.

Hay precedentes en el País Vasco, en las varias ocasiones en que la izquierda abertzale, capitaneada por el tan mencionado estos días Arnaldo Otegi, facilitó la investidura del peneuvista Juan José Ibarretxe como lehendakari y la aprobación del plan que llevaba su nombre, a veces incluso calculando el número de abstenciones que se necesitaban para lograrlo, con el argumento de que era lo menos malo para sus objetivos.

Mejoran los del acuerdo

Hasta el momento, además, parece que quienes han mejorado en valoración popular son los líderes de los dos partidos que han buscado el acuerdo, Pedro Sánchez y Albert Rivera, a quienes la mayoría de los ciudadanos  reconocen el esfuerzo realizado. La negativa al acuerdo, sin embargo, parece que solo les gusta a los más convencidos y a los que se sienten más cómodos en el escenario de cuanto peor, mejor.

A partir del 4 se abren nuevas posibilidades, pero también algunas dificultades añadidas para pactar el gobierno

Forzar una repetición de las elecciones podría tener, por tanto, consecuencias indeseadas para los que las provocaran. Dicen los analistas que al PP le queda una oportunidad, que es la de renovar a su candidato y a toda su dirección. No es imposible, pero los partidos grandes no acostumbran a tener esa rapidez de reflejos y esa capacidad para afrontar una regeneración tan ágil. Y de no hacerlo o de limitarse a una simple operación de maquillaje, el resultado no sería mejor que el obtenido el 20-D, en el mejor de los supuestos, el mismo.

Y, en otro contexto, Podemos podría correr una suerte similar. Hay analistas que sostienen que parte de sus votantes buscaban no tanto que gobernaran como que ayudaran a desalojar al PP del Gobierno y espolearan al PSOE, aunque quizás otros se sienten cómodos con su negativa. Resolver las dudas en unas elecciones puede ser arriesgado.