25/3/2019
Política

El PSOE se prepara para facilitar la investidura de Mariano Rajoy

Lo que latía tras la guerra total en la que entraron los socialistas esta semana eran la intención de Pedro Sánchez de intentar un gobierno alternativo con Podemos y Ciudadanos y la negativa de la mayoría de los barones a hacerlo

AHORA / Rosa Paz - 02/10/2016
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El PSOE se prepara para facilitar la investidura de Mariano Rajoy
Pedro Sánchez durante la rueda de prensa en la que anunció su dimisión.Emilio Naranjo / EFE
Conseguida la dimisión de Pedro Sánchez como secretario general en una tormentosa y caótica reunión del comité federal en la que hubo gritos, insultos y llantos, el PSOE, en manos de una “gestora permanente” presididida por el barón asturiano Javier Fernández, se prepara para facilitar la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. Además de apartar a Sánchez del liderazgo del partido, es decir, además de una batalla por el poder en el PSOE, lo que latía tras la guerra total en la que entraron los socialistas esta semana eran la intención del que fue secretario general hasta el sábado 1 de octubre a las 9 de la noche de intentar un gobierno alternativo con Podemos y Ciudadanos y la negativa de la mayoría de los barones —más algunos notables del partido como Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero o Alfredo Pérez Rubalcaba— a hacerlo con el argumento de que “con 85 escaños no se puede gobernar”.

El sector crítico, que ya consideraba inevitable la abstención de los socialistas en la reelección de Rajoy como presidente del Gobierno, tiene ahora un argumento más, que parece irrefutable: “No podemos ir a unas terceras elecciones con el partido roto”. Y la verdad es que, a falta de que los sondeos midan el daño que ha hecho a las expectativas electorales del PSOE la bochornosa trifulca de esta semana, la impresión general es que el partido ha quedado desgarrado y roto por la mitad; la militancia, avergonzada e indignada con sus dirigentes; y los electores, desmoralizados.

Unas elecciones ahora serían un desastre para los socialistas, que, sin embargo, hace aún un par de semanas pensaban que si hubiera repetición de los comicios podrían recuperar parte del apoyo perdido gracias a la pérdida de fuerza de Podemos. “Con esta imagen bochornosa que hemos ofrecido estos días, nuestros votantes se quedarán en casa, mientras que el PP y Podemos reforzarán sus resultados.”

Así que los barones críticos, que no se habían atrevido hasta ahora a expresar en público la conveniencia de una abstención en la investidura de Rajoy porque sabían que la militancia estaba en contra, se pueden limitar ahora a explicar que el PSOE no está en condiciones de afrontar otra contienda electoral: sin líder, sin candidato, en manos de una gestora y con una división tan profunda que les costará años recuperarse.

La división del partido, no obstante, se trasladará al grupo parlamentario y se reflejará en el voto a Rajoy, aunque a este le bastan para ser elegido 11 abstenciones que tendrá aseguradas. Pero, de producirse así, será la visualización de la fractura interna.

Durante la semana se habían sucedido escaramuzas de los críticos para intentar cobrarse la cabeza de Sánchez y de este para buscar la manera de sobrevivir a los ataques de sus oponentes, pero ese enfrentamiento llegó al punto más álgido en el comité federal del sábado.

A la reunión llegaron ambos bandos con las espadas en alto. Dispuestos a la victoria total o a la derrota total

Había socialistas —avergonzados de lo que estaba ocurriendo con el cuestionamiento mutuo de la legitimidad de unos y otros tras la dimisión de 17 miembros de la ejecutiva con la que intentaban de forzar la dimisión de Sánchez— que pensaban que la víspera se trataría de apaciguar el ambiente antes de llegar al comité federal. Se equivocaron. A la reunión llegaron ambos bandos con las espadas en alto. Dispuestos a la victoria total o a la derrota total. Sin intención de pactar nada. Y así fue. Los críticos insistieron en su interpretación de los estatutos, según la cual Sánchez ya no sería secretario general porque se habían producido la mitad más una vacantes en la ejecutiva. Y Sánchez y la ejecutiva insistieron en su lectura de las normas, según la cual ese hecho solo desembocaba en un congreso extraordinario pero no en una gestora.

Horas de tormenta. Desde las nueve de la mañana hasta casi las nueve de la noche les llevó a los barones, liderados por Susana Díaz, conseguir la dimisión de Sánchez. Pero no estaban dispuestos a salir de la reunión sin “llevar la cabeza de Sánchez en una pica”, en palabras de los fieles al ex secretario general.

Después de recesos, discusiones interminables sobre qué votar y cómo y, sobre todo, después de demostrar las grandes dosis de encono y rencor que albergan, se votó el congreso extraordinario que quería Sánchez. La votación fue a mano alzada. Sánchez perdió con 107 votos a favor y 132 votos en contra. E inmeditamente anunció su dimisión, su orgullo de militar en el PSOE y su lealtad a la gestora que se iba a crear esa misma noche.

La gestora, que lidera el presidente asturiano y que se hará cargo del partido hasta el próximo congreso, está compuesta por 10 personas. Los más relevantes, además de Fernández, son el portavoz socialista en el Parlamento andaluz, Mario Jiménez, y el expresidente de Baleares Francesc Antich.