Ciencia

En la senda de Lázaro

Los nuevos métodos de edición genética allanan el camino a la controvertida “resurrección” de especies extinguidas como el mamut o el galápago gigante

Arantza Prádanos - 11/03/2016 - Número 25
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En la senda de Lázaro
Pintura rupestre encontrada en África en la que se representa un mamut y unos cazadores. ISTOCK
Resurrección es uno de esos términos absolutos, tan cargados de connotaciones divinas que levanta muros incluso en el ámbito más racional y empírico, la ciencia. Por eso muchos biólogos y genetistas que trabajan con ADN de especies animales borradas de la faz de la Tierra prefieren hablar de desextinción, un neologismo con menos lastre ideológico, aunque el significado último venga a ser el mismo: traer de vuelta a animales extinguidos o fabricar —atención al matiz— una versión moderna de ellos. Este objetivo se acerca a pasos agigantados. La manipulación de células madre ha alcanzado un grado de sofisticación asombroso, se recupera ADN antiguo viable incluso en fragmentos muy pequeños y también ha llegado a este ámbito la técnica de bioingeniería más revolucionaria, el método CRISPR-Cas9 de edición genética, con el que pueden combinarse partes de genomas extintos con otros de especies actuales emparentadas.

La desextinción no es nueva, como tampoco lo es la propia palabra, atribuida al escritor de ciencia ficción británico Piers Anthony en The Source of Magic (1979) para describir la súbita irrupción de una especie dada por desaparecida. Luego los dinosaurios de Parque Jurásico “revivieron” en la década de los 90 y, aunque allí había mucha más fantasía que rigor científico, sembró la convicción de que la resurrección era posible, o lo sería algún día. No la de los grandes saurios, de los que nos separan nada menos que 65 millones de años, pero sí la de otras especies menos pretéritas. Desde entonces, con frecuencia creciente, asaltan los titulares noticias sobre ensayos de laboratorio para rescatar de una u otra forma linajes perdidos: el dodo, el alca gigante, el bisonte estepario, el lobo marsupial de Tasmania, la paloma migratoria, el uro, el ave elefante de Madagascar, los moa, el bucardo pirenaico… Unos extinguidos milenios atrás, otros solo hace décadas o años. Algunos con familiares vivos que podrían prestar ayuda, otros singularmente únicos. La lista de perdedores en la carrera de la supervivencia, abatidos por causas ambientales, climáticas y/o la actuación directa del hombre es interminable.

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