24/6/2019
Política

Es la ideología

El PP logra mejorar sus resultados gracias a la fidelidad inquebrantable de sus votantes y a la estrategia del miedo

AHORA / Ramón González Férriz - 26/06/2016
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La estrategia del PP durante la campaña de buscar la máxima polarización le ha salido bien. Ha aumentado en 14 sus escaños y ha sido el ganador claro, a una mayor distancia del segundo, el PSOE. Gracias a su eficaz mensaje del miedo, el PP ha conseguido que muchos votantes, algunos de los cuales previsiblemente le habían abandonado a favor de Ciudadanos el 20-D, regresaran. Es posible que el Brexit, y la búsqueda de certidumbres que ha seguido al caos que ha generado, le hayan también ayudado. Pero por encima de eso parece que la clave está en la fidelidad, casi religiosa, de sus votantes. A pesar de los muchos casos de corrupción que se han ido destapando en esta legislatura fallida, a pesar de que el milagro económico del que ha hecho bandera el PP ha sido de hecho una mediocridad, a pesar del escándalo de las grabaciones del ministro del interior, 7.800.000 votantes han preferido la seguridad de los conservadores a cualquier otra posibilidad, incluida una opción más o menos cercana ideológicamente como la de los liberales de Ciudadanos. El miedo a un gobierno de izquierdas encabezado por Podemos, o quizá incluso por el PSOE, ha sido suficiente. Lo cual demuestra una vez más que a pesar de todas sus aparentes incapacidades, Mariano Rajoy es un estratega de un enorme talento.

La primera certidumbre que sale de estas elecciones es, pues, que el votante de Rajoy es de mármol. Pero la segunda es que el techo de Podemos está muy cerca de donde se colocó en el 20-D y que, a pesar de todos sus esfuerzos por transformarse ideológicamente, no pasa de esos 71 escaños, que son los mismos de la anterior legislatura si se les suman los dos que tuvo entonces IU, ahora su socio. A pesar de que no es un logro menor para un partido tan joven, este hecho despeja por el momento el miedo que una parte de la izquierda y probablemente toda la derecha han compartido en los últimos meses: que Podemos pudiera crecer no solo hasta superar al PSOE como primer partido de la izquierda, sino que pudiera llegar al gobierno y desarrollar desde ahí unas políticas más o menos inspiradas en el bolivarismo, la raíz ideológica, hoy abandonada en el programa, pero no tanto en la retórica, de Podemos. No: no hay amenaza de venezuelización en España. La repetida utilización de “la patria” en campaña, diría, les ha perjudicado.

Por supuesto, también sabemos ahora que el PSOE, a pesar de tener el peor resultado de su historia desde la transición, ha resistido tolerablemente bien, y que Ciudadanos se ha deshinchado notablemente, pero que desde sus 32 escaños puede ser, si no decisivo, si importante en la elección del nuevo presidente. Pero las dos certidumbres son las señaladas anteriormente y tienen, a mi modo de ver, una explicación: son fruto de la persistente importancia de las ideologías, del eje derecha/izquierda, que siguen ahí a pesar de que ahora nos parezca que las elecciones son solo cosa de comunicación y programas de televisión. Las preferencias de los votantes conservadores siguen siendo de carácter básicamente ideológico, y no de repudio a la corrupción o de castigo por el poco carisma de su líder. Y los límites de Podemos están en una apreciable pero restringida cantidad de votantes porque su ideología, a pesar de sus mutaciones, sigue mereciendo la desconfianza incluso de la mayor parte de la izquierda.

Más allá de estas elecciones, ¿qué consecuencias puede tener eso a medio plazo? Muchas, y de carácter negativo: que el PP no emprenda una renovación que necesita, si no para ganar elecciones, sí para garantizar un mínimo de ética y de eficiencia, y que la izquierda no encuentre un discurso renovado que ya no puede ser la socialdemocracia clásica, pero que parece que tampoco es lo que se encuentra a la izquierda de esta.