27/6/2017
Música

Franco Battiato. Todos quieren verlo danzar

El incombustible artista publica un nuevo disco, con versiones propias y ajenas, y anuncia una gira en 2016

Lara López - 20/11/2015 - Número 10
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Franco Battiato. Todos quieren verlo danzar
Vittorio Zunino Celotto / Getty

El pequeño salón en penumbra estaba iluminado solo por la luz que emitía la pantalla del televisor en blanco y negro. Era 1984 y se emitía el Festival de Eurovisión. Salió aquella pareja: él llevaba un impecable traje negro y ella tenía una inmensa melena y una gabardina blanca hasta los pies. Estaba a punto de escuchar por primera vez a Franco Battiato (Riposto, 1945).

En un escenario que ahora parecería desnudo, flanqueado por dos escalinatas y con un enorme lazo rojo de neón, a modo de logo, estaba un Franco jovencísimo, con unas gafas de ver muy grandes, muy cuadradas y muy doradas. A su lado, estaba Alice vestida de encaje negro con guantes hasta el codo también de encaje negro y una enorme gabardina blanca de tremendas hombreras que no cubría sus tacones de aguja. A la izquierda de los artistas, un teclista con uno de los primeros sintetizadores de la época, de esos que han convertido a la música italiana de los 80 en una reivindicación permanente del talento de Camela. A su derecha había tres mujeres vestidas de largo, coro entusiasta presto a interpretar el fragmento finale de la canción en clave operística. Alice y Franco defendían, relajados y sonrientes, una canción eterna firmada por el siciliano junto a Rosario Consentino y el también violinista Giusto Pio, cuya letra, según el escritor argentino Juan Forn, describe “a la manera elíptica, climática, de Battiato, el traslado de judíos italianos a los campos de concentración nazis”. 

Para muchos, “I treni di Tozeur” fue la ganadora moral del concurso. Quedaron en quinto lugar.

Muy pocos años después, en la tienda MF de José del Hierro, encontré un single en cuya cara B aparecía la canción “Segnali di vita”. Era una rareza que no formó parte de Battiato, el primer CD recopilatorio del para entonces ya relevo generacional de la canción italiana. En él aparecían la citada “I treni di Tozeur”, que también formó parte de la banda sonora de la película La Messa è finita, de Nanni Moretti (1985), los éxitos “Centro di gravità permanente”, “La stagione dell’amore”, “Mal d’Africa”, “Un’altra vita” y “Voglio vederti danzare”, una de las preferidas del escritor Félix Romeo, quien, en 1996, entrevistó al de Catania en La mandrágora, la revista cultural de La 2 que dirigió y condujo.

Un cantante intelectual

En España ya se había pasado la fiebre Battiato. Martes y trece llevaban tiempo sin caricaturizar su nariz en la tele. Y L’imboscata, así se llamaba el disco que incluía la segunda canción predilecta de Romeo, “La cura”, empezó a cambiar la imagen del cantante italiano, a dividir a sus seguidores en dos bandos: los que pensaban que era un intelectual elitista y los que pese a no poder soportar ni un segundo más el sonido ochentero del famoso sintetizador, tampoco sabían vivir sin él. 

Romeo le preguntó entonces qué había hecho durante los nueve años en los que no había pasado por España. La respuesta fue “Cuatro lieder”. Se trataba de uno de Wagner (Schmerzen, del ciclo Wesendonck Lieder, compuesto en 1857 a partir de una poesía de Mathilde Wesendonck); otro de Johannes Brahms (Gestillte Sehnsucht, 1863-1884); otro de Beethoven, Oh Sweet were the hours (1818), con texto en inglés atribuido a William Smyth (1765-1849) y la canción “Plaisir d’amour” (1785) de Johann Paul Aegidius Martin, con orquestación de Berlioz. El disco que las recogía era Come un cammello in una grondaia, cita del astrónomo, historiador, botánico, geólogo, poeta, filósofo, humanista, matemático, geógrafo y físico persa del siglo XII Al Biruni. Aludía a la dificultad de encontrar las palabras adecuadas para refrendar algunos de sus argumentos científicos. Se lo dedicó a otro gigante de las letras sicilianas, su amigo Gesualdo Bufalino, fallecido en un accidente de tráfico, como le contó a Romeo en aquella entrevista. También le dijo que le acababa de regalar una cinta de casete en la que había grabado una traducción al italiano que el escritor le había hecho del tema de Charles Trenet “Que reste-t-il de nos amours”, y que aparecería tiempo después como “Che cosa resta” en el primer disco de versiones de los tres que ha editado con el nombre genérico de Fleurs y que ha publicado en la curiosa sucesión que sigue: Fleurs, Fleurs 3 y Fleurs 2.

Como un camello en un canalón precedió a L’ombrello e la macchina da cucire, que fue el primero en el que Battiato trabajó con el gran filósofo Manlio Sgalambro (Lentini, 1924 - Catania, 2014). Fue el inicio de una fructífera colaboración que él mismo denominó unas “hermosas vacaciones”: podía delegar eso de escribir las letras de sus canciones. 

La colaboración solo concluyó con la muerte de Sgalambro, tal como le contó al periodista Javier Gallego en Carne Cruda, el programa de radio de España que más veces le ha entrevistado: dos. Una vez en Radio 3 y otra en la Cadena Ser.  “Es un  tipo —describe Gallego— delicadamente cercano en el trato. No te diría especialmente afable, sino muy tranquilo. Transmite una enorme paz, habla muy despacio, no tiene prisa, se piensa las respuestas, lo que dice lo dice con mucha razón de ser. Genera un clima muy particular, te escucha siempre y cuando te contesta pone atención en las palabras que escoge, favoreciendo una suerte de burbuja marcada por esa tranquilidad, ese sosiego, por su hablar pausado, en voz bajita. Y aunque creo que las dos veces que le he entrevistado llevaba gafas de sol en el estudio, consigue crear una cierta empatía, una cercanía.”

Camino de la leyenda 

El tiempo va camino de convertir a Battiato en leyenda. Los más jóvenes, muchos de los cuales asistieron a su concierto en el Price madrileño, aplazado tras una caída en el escenario con rotura de fémur incluida, se refieren a él como maestro. Para hacer la versión en español de su disco Apriti Sesamo contó con dos adaptadores al castellano tan, en principio, alejados de sus confines musicales como el fundador de Grupo de Expertos Solynieve, Manu Ferrón, compositor, cantante y guitarrista granadino, y Jota, líder de la banda Los Planetas, grupo de culto por antonomasia. 

“La gente de la compañía nos mandó el disco en italiano y Manu y yo estuvimos trabajando en las traducciones y luego en las adaptaciones y se las mandamos junto con un par de playbacks en los que yo hacía las voces en español. Y les pareció muy bien, así que nos fuimos a Milán y durante tres días estuvimos grabando. Lo conocí allí, cuando llegué al estudio, él ya estaba trabajando”, explica Jota.  

El líder de Los Planetas se deshace en halagos hacia el cantautor. “Es un genio y fue muy, muy fácil trabajar con él. Estaba abierto a todas las sugerencias, era muy meticuloso, muy minucioso. Insistía mucho en que corrigiéramos cualquier tipo de fallo, cualquier tipo de error, la pronunciación o cualquier cosa que a él se le pasara. Lo hacía todo en una sola toma, lo cantaba todo del tirón aunque no fuera su lengua materna.”

En los años 70 se había declarado enemigo de los cantautores con mensaje y de la música clásica

Uno de los temas de conversación recurrente fueron los 70, recuerda Jota. “Me llamaba mucho la atención que en esa década grabara música experimental, vanguardista, y me contó muchas batallitas, anécdotas de esa época y su relación con la música de vanguardia.”

Es posible que en la época de sus estudios de música concreta le invadiera una necesidad de legitimarse profesionalmente acercándose a la  música seria. Y en ese momento, esa categoría estaba representada por Karlheinz Stockhausen (Mödrath, Alemania, 1928 - Kürten, Alemania, 2007), al que Battiato se refiere como “su amigo”. Gracias a él aprendió notación musical —el compositor alemán exigía que en su casa no entrara nadie que no supiera leer música—. No fue el único consejo que recibió el siciliano: “Ahora tienes 25 años —parece que le dijo—,  pero ¿qué vas a hacer cuando tengas 50?”. 

Hubiese sido especialmente interesante conocer la opiniónde Stockhausen acerca del trabajo de Battiato, que abarca las óperas Genesi (1987), Benvenuto Cellini (1989), Gilgamesh (1992), Messa arcaica (1993), Il Cavaliere dell’ intelletto (1995), Campi magnetici (2000) y Telesio (2011), en lo que en su página web se denomina discografía clásica, frente a los 50 álbumes encuadrados en la ligera, además de una videografía que incluye, además de algunos conciertos grabados en directo, los trabajos cinematográficos en los que está implicado: Perduto amor (2002), Musikanten (2005), Niente è come sembra (2007), Auguri don Gesualdo (2010) y el documental Attraversando il Bardo (2014).

Música popular y letras cultas

Jota cuenta cómo le relató que “alguien de la compañía le planteó el reto de ganar dinero haciendo pop. Y él dijo que eso era  fácil, que lo podía hacer cualquiera que usara secuencias de acordes muy básicas, muchas extraídas de la música popular”. Y lo hizo con un éxito considerable. La apuesta feliz residía, con toda seguridad, en el mensaje: “El animal que llevo dentro / no me ha dejado nunca ser feliz, / me roba todo, / hasta el café. / Me vuelve esclavo de mis pasiones. / Sin desisitir jamás / y nunca espera. / El animal que llevo dentro / te ama a ti”, cantaba en “L’animale”, del álbum Mondi lontanissimi (1985).

Sus cambios de género no han gustado siempre ni a todos. Los más críticos con sus tendencias intelectuales fueron sus máximos defensores de la primera parte de su carrera en Sicilia, que —según Juan  Forn— echaban de menos un supuesto garibaldismo en sus irónicas letras, interpretadas a la guitarra primero y al piano y violín después, convirtiéndole en una suerte de híbrido entre John Lennon y Frank Zappa. Afortunadamente para sus fans, Battiato siempre ha sabido escoger entre sus recursos. No hay muchos que sostengan que se ha equivocado más de lo que ha acertado en su propósito.

Entre esos recursos se encuentra Oriente. “Él tiene una filosofía muy particular, muy influida por la oriental —recuerda Jota—. Me pareció una persona muy ascética, más bien como un sacerdote, que ha renunciado incluso al sexo porque le quita energía para dedicarse a la música, que era lo que le interesaba.” 

La aparición de su alter ego Süphan Barzani le ha permitido superar la inseguridad y afrontar lo que consideraba una total incapacidad para el dibujo, gracias a una cierta confianza en sus horas de trabajo, que le permiten presentarse como “un verdadero pintor, aunque no te guste mi pintura”. Hasta el momento ha realizado 80 piezas figurativas entre pinturas y planchas de oro,  que han sido utilizadas para las portadas de Fleurs o Ferro Battuto,  en el libreto de la ópera Gilgamesh y que desde 1993 ha presentado en exposiciones individuales en Roma, Catania, Estocolmo, Miami, Florencia, Gotemburgo o Los Ángeles.

En los 70 se había declarado enemigo de los cantautores con mensaje y de la música clásica. En los 80 estudiaba árabe, griego y persa, además de apuntar ya su interés por culturas y religiones como la sufí, de la que ha aprehendido maneras escénicas: se presenta en el escenario sentado sobre una tarima, con una pequeña orquesta de cuerdas detrás, y los sintetizadores y un juego de luces que saca poco partido a su impecable presencia escénica. 

Su carrera ejemplifica como pocas que la contradicción forma parte de la vida y del aprendizaje, al igual que la conciencia del libre albedrío. El Franco Battiato de las últimas décadas defiende la rectitud. La honestidad. La unión de las culturas. Asegura identificarse especialmente con la manera de vivir del budismo tibetano y con propuestas como la meditación, en la que cree y que practica. 

Los textos y su interpretación sobresalen muy por encima de sus arreglos y composiciones

Los textos y su interpretación sobresalen muy por encima de sus arreglos y composiciones. Y aunque ha utilizado la extensión de los timbres de los instrumentos electrónicos para colorear las armonías clásicas con las que simpatiza, su gran baza está construida sobre esos pilares: su voz,  lo que canta y su presencia en el escenario. Mucho ha descansado en el inapelable filósofo y escritor italiano Manlio Sgalambro. “Manlio no apareció por el estudio, pero le nombraban muchas veces entre ellos —recuerda Jota—. Estaba muy presente en la composición del disco, en sus letras y en sus ideas.” 

Una sensibilidad peculiar

Javier Gallego lo define como “el único intelectual del pop latino. No hay nadie con una obra parecida, con un concepto estético-ético-poético-político ni siquiera parecido. Tiene una cultura musical amplísima y que de manera natural, pero meditada y consciente, ha ido evolucionando de lo más radical a un clasicismo que va mucho más con su espíritu de ahora”.

Su sensibilidad no ha hecho sino convencer más y más a cada paso. En 2009 lo hizo con Inneres Auge. L’Occhio Interiore, donde se revisan temas de discos anteriores como Orizzonti Perduti y Mondi lontanissimi, además de la bellísima “Inverno”, de Fabrizio De André. En 2011 convenció con la ópera Telesio, con libreto de Manlio Sgalambro. Y con Apriti Sesamo en 2012. O con una nueva colaboración en 2013 con Antony & The
Johnsons, en el directo Del suo veloce volo. Volvió a jugar al despiste con Joe Patti’s Experimental Group en 2014, firmado con su alter ego Pino Pinaxa Pischetola. 

Franco Battiato y Alice ofrecerán una gira en Italia entre febrero y abril de 2016, en conciertos por separado, aunque coincidirán en algún tema, como han destacado en el comunicado que indica, también, que se contará con el Ensemble Symphony Orchestra dirigido por Carlos Guaitoli. Mientras, en las emisoras de radio del mundo sonará “Le nostre anime”, la primera nueva canción de Franco Battiato interpretada junto a la Royal Philarmonic Orchestra de Londres y que titula su nueva antología: nuevas versiones, nuevas mezclas y revisiones de clásicos. 

Todavía le queda mucho por contar a este italiano, aunque hay quien afirma que podría llevar despidiéndose varios años.  “Para mí —asegura Jota—  Apriti Sesamo es su testamento. Habla de las cosas que ha hecho, las que ha dejado, los recuerdos de toda su vida. Es un disco muy poderoso. Con él he aprendido que no necesitas métrica, no necesitas rima. Con una rima libre y una métrica libre todo encaja en la melodía. Y lo demuestra al resumir Sheherezade, de Rimski- Kórsakov, en los cuatro minutos de “Apriti Sesamo”, la canción que cierra el disco. Aún no me he atrevido a intentarlo.”

Anthology - Le nostre anime
Anthology - Le nostre anime
Franco Battiato