14/10/2019
Opinión

¿Hacía falta matar al chófer de Niza?

Una lectura hermenéutica de algunas afirmaciones sobre el atentado ocurrido el 14 de julio en la Costa Azul

Jorge Vigil - 22/07/2016 - Número 43
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¿Hacía falta matar al chófer de Niza?
MIKEL JASO
Un intelectual de Podemos Vallecas ha afirmado en Twitter que la masacre de Niza fue “un accidente de tráfico instrumentalizado mediáticamente como ataque terrorista para infundir miedo”. Como al parecer sus palabras “han sido malinterpretadas”, voy a intentar una hermenéutica podemita avanzada, haciendo uso —como es preceptivo en esa ciencia— de la vinculación recíproca de sus términos, su ámbito contextual y su referencia histórica.

La verdad es que produce pavor ver el parabrisas del camión de ese pobre chófer, acribillado a balazos, ‘ajusticiado’  sin posibilidad de defenderse en un juicio justo, sin un abogado defensor, proceso de prueba ni garantías procesales. ¿No estaremos de nuevo ante un acto de ‘brutalidad policial’, de excesivo uso de la fuerza? ¿Fueron necesarios tantos disparos para inmovilizarle? ¿No hubiera podido la policía detenerle, y si no hubiese sido posible interrogarle, al menos herirle para detener su mortífera carrera? No olvidemos que se trataba de un pobre emigrante tunecino, un humilde pied noir que quizás no comprendió la voz de alto, tendemos a sobreactuar como rehenes de un cierto imperialismo lingüístico. Quizás fue víctima de una alteración mental transitoria, y de ese modo procede de nuevo preguntarse si la acción policial no fue realmente desmedida, abusiva. ¿Es esto un anuncio de la nueva política comunitaria en materia policial, de tráfico, primero disparar y luego preguntar, como Harry el sucio? ¿Tendremos pronto, además de radares automáticos, fusiles automáticos contra los infractores de tráfico, los delincuentes, los marginados, los migrantes?

Pero en un segundo escalón hermenéutico encontramos nuevos motivos de preocupación: empecemos por el escenario más amable, el de un trastorno mental. ¿Así es como el aparato de Estado responde ante un pobre ressortissant, probablemente sin medios para costearse un tratamiento, el resultado de la privatización de la sanidad pública? Recordemos que la enfermedad mental es una construcción social, y por tanto es a todas luces injusto y abusivo responder con todo el aparato del Estado a una presunta pobre víctima del sistema. Del Estado ya sabíamos que estigmatiza, discrimina y encierra a los diferentes, a los disidentes. ¿Hacía falta, además, acribillarlo, como hace la brutal policía imperial de EE.UU., sobre todo con los ciudadanos de color?

Tras la interpretación de Podemos Vallecas, Podemos Pamplona se ha negado a condenar el atentado

Sigamos avanzando. Porque en el siguiente escalón encontramos motivos adicionales de denuncia y preocupación. ¿No será este caso una instancia más de la ambigüedad de los estados europeos ante la supresión de la pena de muerte? Porque este ajusticiamiento sumario habla a las claras de cómo  se está lentamente inyectando en la opinión pública europea el proyecto de reinserción de la pena de muerte.  Y no solo eso: en el mismo paquete va la próxima demanda de uso privado de armas; en efecto, los ciudadanos testigos de la matanza, manipulados por la industria mediática, al servicio del complejo militar-industrial, lo dejaron claro desde el minuto uno en las redes sociales: “Si estuviese autorizado el uso de armas, el criminal chófer no hubiera recorrido más allá de unos metros, ahorrándonos así decenas de víctimas inocentes”.

Pero ¿estamos diciendo realmente que se pueden cambiar unas decenas de metros, unas decenas de víctimas, por los principios de solidaridad con los migrantes, de defensa del proceso justo, de supresión de la pena de muerte, de tolerancia religiosa hacia otras confesiones? ¿Vamos a cambiar 40 o 50 despreocupadas víctimas de veraneantes más por los principios arduamente gestados por el avance de los pueblos en la historia? Al fin y al cabo, como decía Stalin, un muerto es una tragedia, pero más allá, cien, mil, cien mil muertos, es una estadística; o un chiste, como el del colega Guillermo Zapata, que supo bien distanciarse con humor de tanta manipulación histórica sobre Auschwitz, sobre las víctimas de  ETA… 

Después de la pregnante interpretación de Podemos Vallecas, Podemos Pamplona se ha negado a condenar el atentado de Niza, como ya hiciera nuestro líder con los atentados de Bruselas o París, otra manifestación de islamofobia política y mediáticamente instrumentalizada en defensa del statu quo. Los crímenes y saqueos de Venezuela —un artificio, cuando no un efecto, de los medios imperialistas— han dejado a las claras la agenda del poder global y su estrategia del miedo hacia Podemos. Pero no hay que sucumbir a las trampas del poder y a su estrategia de dominación de los oprimidos y los diferentes. Salgamos a la calle  y a los platós a continuar nuestra liberadora epopeya. “Tarde o temprano, el triunfo de nuestra generación es inexorable”, Errejón dixit; para eso seguiremos nuestra liturgia de deconstrucción cástica de las instituciones, amamantando apaciblemente a nuestros retoños, besándonos festivamente en sede parlamentaria para cauterizar su miedo y sus mentiras con nuestra alegría.