22/7/2019
Opinión

Israel desnortado

Editorial - 03/06/2016 - Número 36
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En las elecciones de marzo de 2015, Benjamin Netanyahu consiguió su cuarta victoria electoral. A partir de ella, formó una coalición que sumaba 61 diputados, de los 120 que compononen el Parlamento israelí. Desde entonces, ha tratado de ampliarla para  gobernar con mayor comodidad, muchas veces acercándose al centro. Esta semana sorprendió llegando a un acuerdo con Israel es Nuestro Hogar, la formación nacionalista y derechista de Avigdor Lieberman, a quien encomendó la cartera de Defensa.

Lieberman ha sido rival de Netanyahu, a quien ha despreciado en público tachándole de irresoluto. El hecho de que Netanyahu lo haya incluido en su gabinete prueba hasta qué punto está dispuesto a transigir para fortalecer su posición de primer ministro y da la medida del grado en que la política israelí se desliza por la pendiente que conduce a posiciones ultraderechistas y colonialistas que ningún país, pero menos aún Israel, debe permitirse. Lieberman llegó a afirmar, siendo viceprimer ministro, que el problema de Gaza se debía solucionar del mismo modo que Vladimir Putin había solucionado el de Chechenia.

A todos nos afectaría que Israel se instalara en esa perversa dinámica. Que sea incapaz de desistir de su injusta política respecto de los asentamientos sería buena muestra de ello. También que la represión al activismo terrorista de algunos sectores palestinos optara por reacciones indiscriminadas, siendo así que en el Ejército israelí prevalece la actitud de acercamiento suave al conflicto, mientras que los gobernantes prefieren entregarse a la línea dura populista. De otra parte, las constantes cesiones a la minoría ultraortodoxa contribuyen a urdir unos privilegios inadmisibles en una democracia plena donde el cultivo del odio a los árabes parecería instalado.

Sería absurdo negar las amenazas a Israel. Pero la respuesta a esos peligros, que muchas veces se acerca a la paranoia, es un error que en nada contribuirá a la estabilidad del país o de la región en su conjunto. Sea quien sea el próximo presidente de EE.UU., el apoyo internacional a Israel probablemente menguará. Una parte de esta pérdida de respetabilidad estará generada por el antisemitismo rampante de muchos gobiernos que desearían la destrucción del país. Pero también derivará de la decepción de unos socios desengañados al ver cómo Israel parece empeñado en repetir errores que debería desterrar para cumplir con sus deberes de ser  una democracia plena, abierta y segura.