18/11/2019
Opinión

La Ciudad de la Justicia debería estar en el centro

El Estado podría, con gran facilidad y sentido práctico, transformar el significado de edificios de origen franquista

Antón Capitel - 05/02/2016 - Número 20
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La Ciudad de la Justicia debería estar en el centro
PATRICIA BOLINCHES
La Ciudad de la Justicia de Madrid ha fracasado, y probablemente sea para bien. Tanto la muy insensata localización junto a la Terminal 4 del Aeropuerto, simbólica y funcionalmente equivocada, como la disposición de edificios cilíndricos repetidos eran errores demasiado graves. Pero, en esta ocasión, la crisis económica ha hecho fracasar algo sin sentido. Resulta necesario aprovechar positivamente la situación creada.

La Ciudad de la Justicia debería estar necesariamente en la ciudad tradicional, en la ciudad central. Si no, ni sería ciudad ni sería justa. Ni tendría la situación precisa para bien de todos, ni la posición simbólica que obligadamente debe ocupar y que merece para sí misma. Y, por lo tanto, no puede de ser de nueva planta. Necesita aprovechar edificios y lugares centrales que ya existen.

Pero si se observa bien la ciudad capital, se  verá que en  Argüelles-Chamberí hay algunos edificios oficiales abandonados, vacantes o medio vacantes, poco utilizados. O cuyo uso es ya indebido.

El primero y más claro de todos es el antiguo Hospital del Ejército de Tierra (de cuyo antiguo nombre no quiero acordarme), que ocupa una manzana de la cuadrícula del ensanche en  Argüelles, definida por las calles Joaquín María López (donde tiene la entrada principal), Isaac Peral, Donoso Cortés e Hilarión Eslava. Está abandonado desde hace bastantes años, aunque hay un volumen en esquina que permanece ocupado, si bien esto parece más un “marcaje territorial”, diríamos, tan simbólico como pícaro que una situación del todo realista. Hay una parte de la manzana que está vacía, y la fachada principal podría cambiarse a la calle de Isaac Peral, la mejor, con el fin de dar al edificio una representatividad oficial mayor. Es esta del hospital una de las oportunidades más claras. Pero, yendo en dirección al este, y a menos de 10 minutos andando, en la calle de Cea Bermúdez, está el edificio y el complejo de lo que fue Parque Móvil de los Ministerios Civiles, organización oficial superviviente todavía, pero hoy obsoleta y en desuso, que parece estar usado solo en parte y con todas las trazas de estar medio abandonado. Ocupa un frente que es casi una manzana por Cea Bermúdez, pero su enorme complejo es de dos manzanas en profundidad y en el sentido perpendicular de la calle. Su intensa presencia en esta importantísima vía, su empaque oficial y su grandísimo tamaño le hacen un excelente candidato a convertirse en uno de los nuevos palacios de Justicia. Ya llevamos, pues, dos monstruos oficiales abandonados o medio abandonados.

Ahora bien, el candidato más importante, a menos de 5 minutos andando del hospital, es el gran edificio de estilo neoaustriaco que fue Ministerio del Aire durante la dictadura, convertido en cuartel general del Ejército del Aire ya en la democracia, que se asienta solemnemente en la plaza de la Moncloa, ocupa una manzana en dirección hacia el oeste y más de una hacia el sur. Su uso es, ahora ya, completamente indebido, pues su situación y su presencia —acaso idóneos en tiempos de la dictadura militar y para los fines de aquella— son hoy inadecuados, casi ofensivos en realidad. Y el innecesario tamaño del complejo deja en ridículo al del Ejército de Tierra, en Cibeles, y al de la Marina, en el Prado. Cuando el gobierno de la democracia suprimió los tres ministerios militares franquistas para sustituirlos por uno solo, el de Defensa, adjudicó otra sede al ministerio —la del antiguo departamento de Información y Turismo, y
luego de Cultura—, pero les dejó los edificios antiguos a los tres ejércitos. Una compensación importante, desde luego, no fuera que los sables empezaran a blandirse. Pero una muestra de una cierta cobardía civil, explicable acaso por las circunstancias políticas de entonces. Antes de pensar que resulta imposible siquiera imaginar por un momento que este edificio y este complejo sean cedidos por la Administración central para pasar a ser la parte más importante de la nueva Ciudad de la Justicia de la Comunidad de Madrid, considérese simplemente lo que ocurriría si el actual letrero de Ejército del Aire se cambiara por el de Palacio de Justicia. Este cambio de leyenda demostraría que, a veces, valen más unas pocas palabras que mil imágenes. El letrero nuevo rescataría el edificio todo, incluso daría un nuevo sentido a su rancia arquitectura franquista, tonto despropósito figurativo de posguerra, que pasaría a tener cierto valor con el nuevo uso. Nada más adecuado para una arquitectura algo trasnochada que el rancio empaque debido a un Palacio de Justicia. Es lo que en arquitectura llamamos carácter. A pesar del Arco del Triunfo, la llegada a Madrid por la A-VI quedaría democráticamente rescatada, para siempre, mediante este feliz letrero nuevo. Y la gran cabida del complejo daría lugar a la parte principal y más importante de la Ciudad de la Justicia, convenientemente situada.

Nada más adecuado para una arquitectura trasnochada que el empaque debido a un Palacio de Justicia

Con esta importante cesión, al Ejército del Aire se le puede ofrecer la oportunidad de expresar su patriotismo y su generosidad, renunciando democráticamente a un privilegio hoy indebido
tanto en sí mismo como por proceder de la dictadura. Puede buscarse un cuartel general en otra parte, más apropiado, como lo son los de Tierra y de Marina, bien situados en la ciudad, pero más reducidos. Si no se encontrara mejor lugar, el Ejército del Aire podría ocupar los edificios judiciales de la plaza de Castilla, que son entre todos de gran tamaño y que están bien situados.

Esta cesión resultaría fundamental, y no debería ser tan difícil como puede suponerse al tratarse de bienes del Estado. La transformación del complejo mediante el simple letrero de Palacio de Justicia podría completarse, simbólicamente, con la transformación del Arco del Triunfo, también mediante letreros. Las franquistas y áulicas frases en latín, hoy existentes en el arco —y que solo personajes raros miramos y entendemos—, podrían sustituirse y neutralizarse con total sencillez. Desde fuera, el arco podría tener un gran letrero que dijera, simplemente, “Madrid”, anunciando así que se está entrando en la ciudad y no el triunfo de los nacionalistas en la Guerra Civil. Desde el otro lado debería decir, también con simplicidad, “Ciudad Universitaria”. Ha de recordase al respecto que la construcción del arco fue el intento simbólico de apropiación franquista del importante y cualificado recinto universitario madrileño, fundado por la monarquía, construido por la República y bombardeado sistemáticamente por el ejército rebelde desde la Casa de Campo. Estas transformaciones tan sencillas y baratas serían también simplemente maravillosas.

Pero sigamos todavía. A menos de dos minutos andando del complejo del Ejército del Aire, y contiguo a este en el propio Paseo de Moret,  se encuentra lo que fue en su día el cuartel del regimiento nº 1, Inmemorial del Rey, hoy ocupado, a juzgar por un letrero, por el Archivo Histórico del Ejército de Tierra. Es otra manzana y con posibilidad de ampliación y sencilla reforma. Este archivo histórico puede ocupar sin problemas otro lugar. Por ejemplo, hay en Delicias otra manzana completa del ejército, antes la Farmacia Militar, que está hoy abandonada y disponible. Ahí podría ir también el Ejército del Aire, pues tiene presencia y es grande, aunque no sea tan buena la situación urbana. Cuarta oportunidad, la de Moret.

Y aún hay otro importante y quinto lugar, a 10 minutos andando del edificio del Ejército del Aire. Es la manzana, también militar y que también parece abandonada, o medio abandonada al menos (hay un pequeño letrero, con el título de “Ministerio de Defensa” y no se ve actividad alguna nunca). Está situada entre las calles de Serrano Jover, Princesa y Seminario de Nobles. La parte que da a la calle de la Princesa es un edificio clasicista, de baja altura pero de gran empaque,  que debe tener bastante tamaño en planta y posibilidades de ampliación. Hay otros edificios, de arquitectura distinta, dando a las otras calles. Como todos los demás, el lugar no puede ser mejor. Y es el quinto monstruo estatal abandonado.

Nada más adecuado para una arquitectura trasnochada que el empaque debido a un Palacio de Justicia

Entre todos ellos cabe, sin duda, la nueva Ciudad de la Justicia. Y probablemente sobre sitio, en realidad. Y si se creyera que no cabría no nos ha de quedar duda de que o bien  se trataría de algo que se puede resolver con suma facilidad, o bien de que, por el contrario, es algo que no ha de ser resuelto por ser en realidad vicioso. Pues conviene no exagerar.

Cinco lugares, del tamaño de una manzana cuando menos, todos ellos en el barrio de Argüelles-Chamberí, todos ellos bastante cerca unos de otros. Todos ellos estatales,  todos con gran empaque arquitectónico y representativo, con excelente situación urbana, completamente central y absolutamente bien comunicados. Hay cuatro estaciones de metro próximas a estos cinco enclaves, que sirven a cuatro líneas diferentes de la red suburbana.

La Ciudad de la Justicia así resuelta tendría toda clase de ventajas: urbanas, simbólicas, funcionales… Conseguirlo sería un verdadero triunfo para la Administración de la Comunidad de Madrid, para el propio Estado y para la ciudad capital. Y, así, para sus ciudadanos y para toda la sociedad española. En estos tiempos de cambio, bien difíciles pero no exentos de grandes esperanzas, no estaría de más que se acometieran con acierto y ambición cuestiones políticas prácticas, importantes e indudables, como es esta. Estaríamos, realmente, de enhorabuena.