15/11/2019
Ciencia

La evolución está en los detalles

Neil Shubin hace una excelente exposición de las pruebas de la evolución discernibles en la genética y la embriología humanas

  • A
  • a
La evolución está en los detalles
Neil H. Shubin con una réplica del Tiktaalik.Anne Ryan / ZRIMAGES / Contacto

Tu pez interior trata de la evolución y no menciona ni una sola vez a Darwin. Ni siquiera se habla de la selección natural. El libro de Neil  Shubin no es un ensayo sobre la teoría de la evolución, sino sobre el hecho de la evolución (algo que confunden a menudo, tal vez deliberadamente, los que ponen en duda la realidad de la evolución apelando a ese fósil viviente filosófico que es la tesis del diseño inteligente).

Neil Shubin, paleontólogo especializado en peces, dio clases de Anatomía Humana para estudiantes de Medicina. Esto le permitió aplicar su método de investigación, la anatomía comparada, a la especie humana. Estas clases inspiraron la idea de Tu pez interior. La impronta de nuestro pasado evolutivo está presente en los detalles de nuestra anatomía actual. Shubin no hace más que recurrir al mismo estilo de razonamiento que condujo a la idea de la evolución en primera instancia, un siglo antes de Darwin, cuando el estudio de los fósiles aún estaba en mantillas. Lo que viene a decir es que somos peces reconvertidos en animales terrestres. Hace una extensa revisión de numerosos detalles significativos de nuestra anatomía, como las homologías entre nuestras extremidades y las aletas de los peces pulmonados o el origen evolutivo de los huesos del oído medio, que son huesos mandibulares reducidos y modificados (por citar solo un par de ejemplos).

También expone las fascinantes homologías presentes en la genética del desarrollo y la embriología de peces y personas. Los genes implicados en el desarrollo de los miembros, los ojos y otras estructuras del cuerpo humano son esencialmente los mismos que rigen el desarrollo embrionario no solo de los peces, sino de las moscas y hasta las medusas. Shubin también revela que las fases iniciales del desarrollo embrionario de todos los vertebrados (peces, anfibios, reptiles, mamíferos y aves) son similares. Por ejemplo, los embriones humanos conservan los arcos branquiales de los embriones de los peces y son estas estructuras las que dan lugar a los huesos, músculos y nervios de las mandíbulas y el oído medio. Todo en nuestro cuerpo se deriva de la misma arquitectura anatómica, los programas genéticos y las rutas embrionarias básicas que ya estaban presentes en peces ancestrales que se remontan a cerca de 400 millones de años atrás. Shubin reúne una gran cantidad de ejemplos que pueden explicarse como “reconversiones” de estructuras y procesos presentes en otros seres vivos con los que estamos emparentados a través de ancestros comunes más o menos antiguos, en una línea continua de “descendencia con modificación” (por emplear la terminología del propio Darwin). Esta pauta de descendencia con modificación ha dejado una impronta discernible: las especies con un parentesco cercano comparten innovaciones evolutivas que están ausentes en otras con las que guardan un parentesco más lejano. Los taxónomos y los paleontólogos se valen de estos rasgos compartidos para inferir la estructura del árbol genealógico de la vida, que se refleja en el registro fósil. La taxonomía se corresponde con el árbol filogenético de todas las criaturas que existen y han existido, desde las primeras células, que aparecieron hace 3.500 millones de años, hasta los primeros cuerpos que se desarrollaban a partir de embriones que surgieron hace unos 600 millones de años, y hasta los primeros homínidos que se levantaron sobre dos piernas hace cuatro millones de años. Reivindica la importancia de la taxonomía, esa cenicienta de la biología, y señala que la “ley de todo” en biología dice que todo ser vivo ha tenido unos progenitores con los que comparte una información genética que se ha ido modificando de generación en generación. 

El autorretrato del científico que pinta Shubin está lejos del cliché de las películas y las series de televisión. El texto, inevitablemente denso a ratos, aunque siempre accesible, está salpicado de anécdotas que refrescan la lectura. El vívido relato del descubrimiento del Tiktaalik, un pez pulmonado con cuello y muñecas que vivió hace 375 millones de años, y que constituye un auténtico “eslabón perdido” entre peces y anfibios, reptiles y mamíferos, transmite la emoción del descubrimiento científico.
Es un libro de lectura obligada para saber más acerca de los orígenes evolutivos y del fundamento empírico de la teoría de la evolución. También para los que todavía estén tentados de pensar que la evolución es solo una teoría.

Tu pez interior

Neil Shubin Traducción de Ricardo García Pérez

Capitán Swing, Madrid, 2015

272 págs.