3/8/2020
Literatura

La rebeldía de la lengua

Es un libro de formación que aborda la identidad como un juego de tensión

Gonzalo Torné - 02/10/2015 - Número 3
  • A
  • a
La rebeldía de la lengua
Szilárd Borbély

Szilárd Borbély (Fehérgyarmat, 1964 - Debrecen, 2014) no persigue ninguna elevación lírico-filosófica en su novela Los desposeídos. No hay una visión complaciente del mundo rural ni de su entorno. La novela está impregnada de mierda (es de manera indiscutible la palabra más repetida): la de los animales, la que se pone en la puerta de entrada de los enemigos, la que queda prendida en las vísceras de los animales, la que sirve para esconder dinero. Es la mejor manera de calificar la paga que recibe un judío, el nombre que se le da al fruto del algarrobo, una definición plausible de la historia y lo que los personajes esperan que les depare el futuro. Describe un espacio rural, un pequeño pueblo húngaro en el que siguen abiertas las heridas de la Segunda Guerra Mundial, las heridas provocadas por la instauración del comunismo y la colectivización, y las heridas de la inmigración rumana que atraviesa siempre que puede la permeable y cercana frontera en busca de un mundo (por increíble que parezca, a tenor de lo que cuenta el narrador del pueblo) más amable. 

Borbély no construye un relato con una línea argumental nítida sino que ofrece fragmentos descriptivos (no solo limitados al paisaje, también hay retratos morales, psicológicos y de costumbres) que tienen como centro a la humilde familia protagonista, valiéndose de un manejo muy peculiar del tiempo, al que hace acelerar y demorarse a su gusto. Borbély es autor de varios libros de poesía
—que no están traducidos, esta es la primera vez que se publica su obra en España—. Pero que nadie espere aquí embellecimientos ni fugas verbales: sus descripciones funcionan por una acumulación de frases que podrían pasar por un registro si no fuese por su tensa precisión y un ojo adiestrado hasta el asombro para percibir lo desagradable.

Aunque el tramo final de la novela contiene algunos pasajes narrativos (en especial la brutal parábola sobre la asimilación medio forzosa y medio consentida de un contingente de inmigrantes rumanos) y termina por conceder una yema de tragedia que al lector más complaciente le puede valer como desenlace, el tema de Los desposeídos se aviene muy bien con un enclave rural atrapado en sí mismo: cómo escapar. El tema aquí es la lucha entre los que quieren irse y los que ya no tienen esperanza alguna en morir lejos de donde nacieron.

Quien mantiene encendida la llama de la huida es la madre, el personaje a cuyo complejo trazo parece haber dedicado más esfuerzo el escritor húngaro. Se trata de una mujer insatisfecha, con mucho carácter, que alimenta en sus hijos la fantasía de que ellos son distintos al resto: no son campesinos, son más limpios, tienen esperanzas. Madre e hijo, puesto que la niña parece indiferente a esta pedagogía, atesoran las palabras y las expresiones que los diferencian del resto del pueblo, practican una rebeldía de la lengua. El drama de la madre es que vive temerosa de que una probable ascendencia judía del padre se haya transmitido a sus hijos: trata de ocultar este rasgo diferencial (el antisemitismo es la nata de la desconfianza ambiental) y trata de asimilarlos.  

Borbély, que se suicidó en 2014, parece señalar con estas estrategias el principal problema de la identidad: no se trata tanto de heredarla, conquistarla o preservarla, sino del juego de tensión entre cómo se ve un grupo de personas y cómo las ven aquellas con las que conviven. El juego de similitudes y diferencias de cada individuo con su familia y de cada familia con su entorno. 

Admite leerse como una novela de formación, aunque algo perversa. El narrador, el hijo varón de la familia protagonista, presenta algunos indicios de poseer una sensibilidad y una inteligencia superiores a la media del pueblo. Es portador de una mente muy receptiva a los fenómenos naturales y una facilidad y cierto interés por las matemáticas. Se trata de habilidades menores, en ningún momento se insinúa que el chico tenga verdadero talento. Solo asoma algo de espíritu para intensificar el drama de si logrará (como quiere su madre) escapar o no del pueblo. 

Borbély administra con mucha habilidad la constatación de que la existencia cotidiana va sembrando de pensamientos crueles la mente del chico: su gusto por matar gatos, el deseo creciente de sacar de sus casillas a su madre, de golpear a su hermana. Se asiste al desarrollo de los embriones del desprecio, de la malicia e incluso del odio. La asfixia interior es un correlato de una atmósfera en la que escasea el oxígeno, y en justicia ni siquiera puede hablarse de un desprendimiento hacia el mal: el pueblo y sus habitantes parecen moralmente neutralizados. 

El lector quede convencido de cuán complacientes y artificiosos son la mayoría de regresos literarios al mundo rural. 
 

Los desposeídos

Szilárd Borbély 

Traducción de Adan Kovacsics Meszaros Literatura Random House, Barcelona, 2015,  240 págs.