15/9/2019
Internacional

La UE se bloquea ante la llegada de los refugiados

La incapacidad de los líderes europeos para alcanzar un acuerdo prolonga indefinidamente la crisis humanitaria

Dani Rovirosa - 18/09/2015 - Número 1
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La UE se bloquea ante la llegada de los refugiados
Refugiados en un tren en Roszke Christopher Furlong / Getty

La forma en que la UE está afrontando la llegada de cientos de miles de refugiados pone en duda su capacidad para resolver una de las mayores crisis humanitarias recientes. Reunidos en una cumbre extraordinaria el pasado 14 de septiembre, los ministros de Interior fueron incapaces de alcanzar un acuerdo para acoger a 120.000 sirios, iraquíes y eritreos que han entrado en Europa huyendo de la guerra.

Varios estados miembros han decidido restablecer los controles en las fronteras interiores, una medida que permiten las normas del espacio Schengen pero que deja tocada la libre circulación de personas.
El primero fue Alemania dando un giro de 180 grados a la política de puertas abiertas de la canciller Angela Merkel, que, hasta hace apenas dos semanas, acogió a decenas de miles de personas. Desde el 13 de septiembre, la entrada por la frontera de Austria solo es posible bajo el escrutinio policial. Ante este movimiento, otros países han adoptado medidas similares. La propia Austria ha enviado al Ejército a sus fronteras y Holanda, Eslovaquia y Finlandia han instaurado registros puntuales. Francia, por su parte, no descarta imitar a Berlín en su frontera con Italia, país que se ha convertido en una de las principales puertas de entrada para los 500.000 refugiados e inmigrantes que han llegado a Europa desde el año pasado, según las cifras ofrecidas por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker.

Caso aparte es el de Hungría. El Gobierno de Victor Orbán ha terminado de construir una valla de 175 kilómetros de longitud en la frontera con Serbia y han entrado en vigor nuevas normas que permiten encarcelar a las personas que entren de forma irregular en territorio húngaro. Los refugiados bloqueados en Serbia han buscado una ruta alternativa en su camino hacia Europa occidental: Croacia.  
“Hoy, desgraciadamente, tenemos una Unión Europea, pero Europa ya no está unida”, dijo el pasado martes ante la Eurocámara el alto comisionado de la ONU para los refugiados, António Guterres, un día después de la fallida reunión de los ministros de Interior. “Los estados son piezas de un puzle que ya no encajan”, sentenció, e instó a los Veintiocho a que tomen medidas “ya”, porque “esta situación es una emergencia absoluta”. 

Rechazo de los países del Este

Después de que este verano, tal y como estaba previsto, aumentara el flujo de refugiados, Bruselas —apoyada por Berlín y París— propuso a los estados miembros un plan de reparto para acoger a 120.000 refugiados llegados a Grecia, Hungría e Italia. La negativa de los países de Visegrado (Eslovaquia, República Checa, Polonia y Hungría), Rumanía y Letonia impidió el acuerdo. Consideran que el sistema de cuotas puede generar un efecto llamada y ni siquiera valoraron la flexibilización de la medida que se planteó a lo largo de la reunión. 

Antes de avanzar en esa dirección, estos países reclaman que se fortalezca el control de las fronteras exteriores de la Unión Europea para diferenciar con mayor precisión a los refugiados de los inmigrantes económicos, que no tienen reconocido el derecho de asilo. Con ese objetivo, los ministros se comprometieron a acelerar la construcción de centros de registro en Italia y Grecia que permitan fichar a los que huyen de la guerra y devolver a sus países de origen al resto. No obstante, Atenas ha hecho caso omiso (pide más medios a la Comisión Europea) y deja que las personas crucen su país hacia el norte. También Roma está retrasando los trabajos. 

En su reunión extraordinaria, los ministros de Interior tan solo fueron capaces de ratificar el acuerdo al que habían llegado en junio para reubicar a 32.256 refugiados. Una medida pensada en mayo, cuando la llegada de personas al territorio comunitario no había alcanzado la dimensión actual. Entonces, la propuesta de la Comisión Europea consistía en reubicar a 40.000 personas en dos años. Ante la falta de consenso, los gobiernos se han comprometido a distribuirse los 120.000 refugiados restantes antes de diciembre. 

Para intentar desbloquear la situación y frenar, de paso, una crisis política que se está enredando por el fracaso de esta semana, las autoridades europeas han convocado una nueva cumbre extraordinaria de ministros de Interior para el próximo 22 de septiembre. Bruselas mira con especial atención a Polonia, a la que se quiere convencer antes de que empiece la campaña para sus elecciones de octubre, en las que el partido opositor de Jaroslaw Kazinsky tratará de sacar rédito con un mensaje contrario a los inmigrantes. Con todo, una de las soluciones que se barajan es la de aprobar el sistema de cuotas con carácter voluntario, pese a la presión en contrario de Merkel.  

Donde sí hubo acuerdo es en lo relativo al flanco exterior. Los Veintiocho han decidido pasar a la segunda fase de su operación naval en el Mediterráneo, que permite el uso de la fuerza militar para desmantelar las redes de los traficantes de personas. Los buques de guerra podrán abordar y capturar  las embarcaciones de las mafias.

La misión solo se desplegará, de momento, en aguas internacionales y no frente a las costas de Libia, como desearía la Unión Europea. Esto último requiere la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y Rusia sigue oponiéndose a esta posibilidad. La otra opción sería contar con el visto bueno de las autoridades libias, pero los contactos de la ONU para formar un gobierno de unidad nacional entre los dos ejecutivos enfrentados no acaban de dar sus frutos. Para mediados de 2016 se aplaza la propuesta de Juncker para instaurar una tarjeta azul que permita la entrada legal de personas en Europa y evite la peligrosa travesía por el Mediterráneo.