23/6/2017
Opinión

Leña a Sánchez hasta que se abstenga

Toda la megafonía del Gobierno y de sus orquestas mediáticas afines funciona sincronizada para repetir el mismo mantra: que Rajoy ha ganado las elecciones y que le corresponde gobernar

Miguel Ángel Aguilar - 28/08/2016
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Leña a Sánchez hasta que se abstenga
Se dice en las barras de Malasaña "leña al mono hasta que hable inglés". Hay otra versión en algún jardín de infancia inclinado hacia el sectarismo independentista cuya traducción es "añádanse piedras a la mochila del niño hasta que hable catalán". Pero la definitiva, acuñada por Popeye Rajoy en este trance de optar a la investidura, debe leerse "denuestos crecientes en progresión geométrica y dedo en el ojo de Pedro Sánchez hasta que se abstenga". Toda la megafonía del Gobierno y de sus orquestas mediáticas afines, ya sea en sintonía preestablecida o como resultado de la compra directa de adhesiones, funciona sincronizada para repetir el mismo mantra: que Rajoy ha ganado las elecciones, que le corresponde gobernar y que las demás formaciones políticas como los escolares en el mes de mayo han de limitarse al "venid y vamos todos/ con escaños a Mariano/ que don Tancredo es".

A un lado, la vicepresidenta para todo, Soraya Sáenz de Santamaría, aplicando cada viernes en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros el principio de la repetición goebbeliana que transmuta la mentira en verdad. A otro, los medios de estricta obediencia, como las radios y televisiones públicas de ámbito nacional o autonómico, cumpliendo como servicio doméstico del gobierno de turno y compitiendo para ver quién mejora la plusmarca de la consigna recibida para hacer de Pedro Sánchez el responsable de todos los males de España. Súmese además la recua de medios de comunicación en situación de deuda ruinosa, para quienes la "vice" en su función de "mediadora de todas las gracias" ha conseguido la piedad de los acreedores y el alivio de la presión con la ingeniosa fórmula de convertir parte de la deuda en capital de las empresas editoras.

Domingo, antes de almorzar, una niña fue a jugar, pero no pudo jugar, porque tenía que rezar. Este domingo 28 de agosto, el juego eran las ruedas de prensa convocadas para que de modo sucesivo Albert Rivera, líder de Ciudadanos, y Mariano Rajoy, del Partido Popular, dieran cuenta del acuerdo firmado entre ambas formaciones para que el primero diera el "sí" al segundo en la votación de investidura del miércoles 31 y del viernes 2 de septiembre. Poca concurrencia de periodistas, un cuarto de entrada que dirían los cronistas taurinos.

Eran apenas veinte redactores en su mayoría suplentes, con gran acompañamiento de fotógrafos y camarógrafos. Este segundo contingente que escribe con la luz fue encaminado escaleras arriba para subir tres plantas con su pesado instrumental al hombro porque los líderes habían convenido en que en la sala A 3. 1.1. harían lo que en la jerga se denomina un mudo, un sin palabras, al que está vetado el acceso de los redactores. Luego, en la sala contigua, la A 3. 1.2. habría otro mudo con Los portavoces de los Grupos Parlamentarios Juan Carlos Girauta y Rafael Hernando.   

Por fin, a las 13:18 horas, cuando terminaron de hacer los mudos empezaron las comparecencias en las que se harían los sordos a las preguntas indeseadas. El objetivo era presentar el acuerdo alcanzado pero la primera indelicadeza era que faltaba el texto, indisponible para los periodistas, que los firmantes iban a glosar. Apareció Albert Rivera en el hall del edificio de la tercera ampliación del Congreso, que suma todas las incomodidades y solo tiene ocho asientos, mientras las bien acondicionadas salas de prensa permanecían sin uso. Hizo un canto a la función cumplida por Ciudadanos y pasó de puntillas por las cuestiones espinosas.

Después ocupó el atril Mariano Rajoy disfrazado de noviembre para no infundir sospechas, como el coñac en las botellas del romancero gitano de Federico García Lorca. El presidente se explayó en autoelogios sin fin y prodigó enseguida toda clase de reproches y desdenes hacia el líder socialista Pedro Sánchez al que tanto necesita. Solo aceptó tres preguntas. Luego, cuando buscaba la salida resultó cercado en un remolino y un periodista novato del periódico AHORA le preguntó si no debería dar un paso atrás visto el horizonte penal que tiene por delante. "No es eso lo que quiere el pueblo español" fue la respuesta. Continuará.