3/12/2020
Análisis

¿Listos para el petróleo y el gas iraníes?

Mariano Marzo - 06/11/2015 - Número 8
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¿Listos para el petróleo y el gas iraníes?
La refinería de Bandar Abbas en el estrecho de Ormuz, Irán. Jamshid BAIRAMI / AFP / Getty Images
Irán es un actor de primer nivel en el mundo de los hidrocarburos. El país posee las cuartas reservas probadas de petróleo del planeta (157.800 millones de barriles) y las segundas de gas natural (34 billones de metros cúbicos). Aproximadamente el 70% del petróleo de la República Islámica se localiza en tierra firme, mientras que buena parte del 30% restante se encuentra bajo las aguas del golfo Pérsico. Además, Irán también acumula grandes reservas en el Caspio, en buena medida pendientes de desarrollo. Por lo que respecta al gas natural, el potencial del país es enorme, como lo atestiguan multitud de descubrimientos recientes y los 14,4 billones de metros cúbicos inventariados en el yacimiento de South Pars (localizado bajo las aguas del golfo Pérsico y compartido con Qatar). 

En el transcurso de buena parte de la primera década del presente siglo la producción de petróleo de Irán se situó en torno a los 4 millones de barriles diarios (mbd), aunque esta cifra se desplomó después de la imposición de nuevas sanciones en 2011, de forma que la actual producción de crudo y condensados ronda los 2,8 mbd, de los cuales tan solo se exportan alrededor de 1,1 mbd. 
Esta situación podría cambiar cuando las inspecciones internacionales verifiquen (en un plazo de tiempo aún indeterminado) el cumplimiento de los compromisos adquiridos por el Gobierno de Teherán con el P5+1 en el acuerdo que podría llevar al levantamiento de las sanciones comerciales. Según algunos analistas, Irán podría comenzar a aumentar su producción en unos 500.000 barriles diarios (bd) en el plazo de seis meses. Al cabo de un año, incrementaría esta cifra hasta los 700.000 bd. De forma prácticamente inmediata podría empezar a poner en el mercado parte de los 30 o 40 millones de barriles que la compañía petrolera estatal NIOC (National Iranian Oil Company) tiene almacenados en tierra y en buques cisterna. 

El objetivo de Irán no solo sería recuperar la producción anterior a las sanciones, sino llegar a los 5,7 mbd

A más largo plazo, el objetivo de Irán no solo sería recuperar el nivel de producción anterior a las sanciones, sino llegar a los 5,7 mbd a tres años vista, aunque esta meta requiere inversiones de miles de millones de dólares (algunos analistas hablan de 230.000 millones para el conjunto del sector energético). 

En esta línea, diversas compañías de petróleo y gas occidentales están ya listas para la ocasión. Shell, Repsol, Statoil y Total se vieron obligadas a suspender oficialmente sus actividades en Irán en 2010, pero en la actualidad diversas informaciones hablan de la firma de nuevos contratos. No está claro todavía que las petroleras obtengan de NIOC los acuerdos de producción compartida que pretenden, pero al menos tienen fundadas esperanzas de asegurarse una estructura de tarifas flexibles que les permita aumentar sustancialmente sus reservas.

Un barril a 20 dólares

De lo anteriormente expuesto se deduce que la posibilidad de que el mercado experimente un aumento significativo del suministro de petróleo procedente de Irán no es una hipótesis descabellada. Y si dicho aumento se concretara, algunos analistas estiman que el barril de Brent podría caer hasta los 20 dólares, aunque la Agencia Internacional de la Energía ha señalado que dicha caída podría verse rápidamente compensada por recortes de la producción en otros lugares con costes de extracción altos. 

Por otra parte, el acuerdo con Irán también podría calmar la especulación sobre la seguridad del estrecho de Ormuz, lo que reforzaría la tendencia bajista inducida por el aumento de la producción. Conviene recordar que el citado estrecho (que en su parte más angosta no supera los 34 kilómetros de anchura) constituye un punto estratégico de primer orden: este paso canaliza el 20% del tráfico internacional de crudo, de manera que en los últimos años los temores a que un conflicto con Irán se tradujera en una interrupción del suministro han contribuido a inflar los precios del petróleo.

El acuerdo nuclear podría cambiar las especulaciones sobre la seguridad del estrecho de Ormuz

Por lo que respecta al precio del gas, este también podría evolucionar a la baja. No solo porque la mayor parte de los contratos de este hidrocarburo están ligados al petróleo, sino también por un aumento del suministro. 

En 2014 Irán produjo una media de 473 millones de metros cúbicos por día, aunque para hacerse una idea del potencial del país cabe recordar que el enorme campo de South Pars tan solo produce 28 millones de metros cúbicos por día, a pesar de contener más del 40% de las reservas probadas de Irán. El desarrollo de este campo constituye la máxima prioridad inversora del país: bajo el régimen de sanciones, las compañías nacionales implementaron un plan para el desarrollo de dicho campo que constaba de 24 etapas, pero solo la mitad de ellas han sido cubiertas. Además, en los últimos años se han descubierto nuevos yacimientos de gas que todavía se encuentran pendientes de desarrollo. Teniendo en cuenta todos estos factores, Irán se propone alcanzar una producción de 980 millones de metros cúbicos por día en 2018.

Existen pocas dudas sobre la firmeza del compromiso del presidente Rohaní para poner fin al aislamiento de Irán (el levantamiento de las sanciones internacionales fue su principal promesa en las elecciones que le auparon al poder en 2013). Sin embargo, conseguir este objetivo no va a resultar una tarea fácil. Tras el mandato del presidente Ahmadineyad, su predecesor en el cargo, Rohaní se encontró las arcas del país vacías, la inflación rondando el 40% y la tasa de desempleo juvenil en casi el 25%. En los dos últimos años Rohaní ha tenido que afrontar severas carestías de combustible y una catastrófica sequía que está llevando a la práctica desaparición del sector agrícola. Las buenas noticias son que, de momento, el líder supremo de la revolución, el ayatola Alí Jamenei, parece haber adoptado una actitud condescendiente hacia el acuerdo nuclear, mostrándose dispuesto a mantener a raya a la Guardia de la Revolución Islámica. Y eso no es poco, dada la gran influencia política y el enorme poder económico de esta organización radical profundamente antioccidental.