26/11/2022
Política

Los temas ausentes de la campaña

A tres semanas de las elecciones del 20-D, la corrupción, el paro y las reformas y recortes sociales del Gobierno de Rajoy están quedando diluidos en un debate monopolizado por el problema catalán y la lucha contra el yihadismo

AHORA / Rosa Paz - 27/11/2015 - Número 11
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Los temas ausentes de la campaña
Rajoy con una peña futbolística del Betis, en un acto de precampaña en Tomares (Sevilla). julio muñoz / eFE
Cuando faltan poco más de tres semanas para las elecciones generales del 20 de diciembre, han desaparecido del debate los asuntos principales sobre los que han girado los cuatro años de Gobierno del PP y que siguen siendo los problemas más graves que afectan a España y a la vida cotidiana de los españoles: no se discute ni de los escándalos de corrupción ni del elevado índice de paro ni de los recortes sociales ni de la ley mordaza. Los partidos políticos, incluidos los de la oposición, solo hablan de las consecuencias que pueden tener la declaración de desconexión de España, aprobada el 9 de noviembre en el Parlament de Catalunya, y los atentados yihadistas de París del 13-N. Dos graves acontecimientos que han centrado la atención política y mediática y han permitido al PP presentar a su candidato, Mariano Rajoy, como un hombre de Estado, tranquilo y serio, que busca el consenso con el resto de los grupos sobre temas tan trascendentales. 

Una imagen diferente

Solo la tranquilidad —considerada anteriormente como indolencia, incluso por dirigentes del PP— se acompasa con la imagen del presidente del Gobierno, que en estos cuatro años de legislatura ha rehuido cualquier tipo de diálogo y acuerdo con la oposición y ha aprobado en solitario reformas y recortes impopulares con la ayuda de su mayoría absoluta parlamentaria. Tampoco ha buscado en este periodo de tiempo soluciones dialogadas para el problema catalán que, lejos de mejorar, ha ido multiplicando los apoyos al soberanismo, en algunos casos con el argumento de “no nos dan otra salida”.

Ahora, sin embargo, lleva un mes recibiendo en la Moncloa a los líderes de la oposición, también a los de los partidos emergentes, para hablar de Cataluña y de la lucha contra el yihadismo, lo que le hace aparecer como un político dialogante, capaz de liderar situaciones críticas. Está claro que los acontecimientos han

Los acontecimientos juegan a favor de Rajoy, que se presenta como un hombre de Estado serio y dialogante

jugado a su favor y que el comité de campaña del PP está sabiendo aprovechar la ocasión. “Es que nosotros no tenemos solo un candidato, tenemos un presidente” es la frase del vicesecretario general de comunicación de ese partido, Pablo Casado, que define su momento preelectoral.
 
“Quién les iba a decir a los del PP que la imagen de Rajoy se podía convertir en un valor para la campaña electoral”, comenta un veterano socialista que recuerda cómo muchos dirigentes del PP cuestionaban, hace pocos meses, la candidatura del presidente del Gobierno porque veían su imagen muy deteriorada. Muchos llegaron a plantearse en privado la posibilidad de sustituirlo y en los mentideros madrileños se comentaba que también algunos de los más influyentes sectores empresariales presionaban para que el PP cambiara su cartel electoral ante el empuje, primero, del joven candidato socialista, Pedro Sánchez, y, después, del más joven aún líder de Ciudadanos, Albert Rivera. El candidato de Podemos, Pablo Iglesias, pese al esfuerzo por centrar su discurso, no recoge votos, en principio, de ese espacio político.

Propuestas que no calan

Desde que el Parlament de Catalunya aprobó la declaración de independencia, esa percepción de candidato quemado por las políticas aplicadas durante estos cuatro años, de persona poco empática con el sufrimiento de los ciudadanos y de político impasible  ha cambiado. Se beneficia de que los asuntos polémicos hayan desaparecido del debate público, incluida la recuperación económica, que él quería vender como el gran logro de su legislatura y que no acaba de llegar a muchos sectores de la sociedad que siguen sufriendo en su persona o en su entorno el paro, que se sitúa en un 21% —4.850.000 desempleados—, o que han conseguido un empleo precario y mal pagado.

De hecho, aunque el resto de los partidos está haciendo públicas sus propuestas programáticas, ninguna de ellas está teniendo suficiente fuerza como para centrar el debate político. Ni siquiera para atraer la atención de los ciudadanos hacia cuestiones que han sido motivo de rechazo y protesta durante la legislatura: la reforma del mercado laboral, la reforma de la educación, los recortes en servicios sociales básicos o la ley mordaza, medidas que todos los grupos de la oposición se comprometieron a derogar en cuanto el PP pierda el poder. 

El PSOE pierde fuelle

Así que mientras la imagen de Rajoy se refuerza, el líder del PSOE pierde fuelle. Porque los acontecimientos que favorecen al candidato del PP exigen de Pedro Sánchez una actitud también de gran responsabilidad y, por lo tanto, de apoyo al Gobierno en esos dos grandes temas de Estado —Cataluña y el yihadismo— y de discreción pública a la hora de expresar las críticas que pueda albergar sobre la actuación del Ejecutivo. Incluso los dos partidos emergentes, Ciudadanos y Podemos, han tenido que entrar en el juego de Rajoy, aunque a ellos esto les está dando una visibilidad en la precampaña electoral inimaginable para unas formaciones que todavía no tienen representación en el Congreso de los Diputados.

Llegar al 20 de diciembre sin que los partidos hayan debatido sobre los asuntos que afectan a la vida cotidiana de los ciudadanos es una hipótesis que solo le interesa al

PSOE, Ciudadanos y Podemos temen que sus propuestas queden difuminadas por el peso de la actualidad

PP, porque le libera de tener que rendir cuentas de sus políticas económicas y sociales, de los recortes en sanidad, educación, becas o en el subsidio de desempleo y, sobre todo, de hacer autocrítica por los escándalos de corrupción que le afectan: Gürtel, Bárcenas, la contabilidad B del partido o las investigaciones judiciales abiertas al exvicepresidente del Gobierno, Rodrigo Rato. 

Todos aparecen como voto útil

Al resto de los partidos les convendría que el debate volviera a centrarse en esos aspectos, pero  la actualidad está marcando el paso de la campaña, hasta ahora en beneficio del PP y en perjuicio del PSOE e incluso de Ciudadanos y Podemos, que irrumpieron precisamente por su crítica a la corrupción y a las políticas gubernamentales y cuyas propuestas alternativas tampoco se están visibilizando.

A diferencia de otras campañas electorales, en esta ocasión los cuatro principales candidatos se presentan como posibles futuros presidentes para que su opción sea considerada como voto útil. De hecho, Rivera e Iglesias hablan de la posibilidad de que el PSOE les apoye para gobernar y no de si ellos van a respaldar un gobierno de los socialistas. Nunca había pasado antes ni con Izquierda Unida, ni con UPyD, ni con el CDS, ni, desde luego, con los partidos nacionalistas que han servido de bisagra cuando PP o PSOE no han logrado la mayoría absoluta. Ese hecho y algunos sondeos que sitúan a Ciudadanos casi empatado con el PSOE —como antes colocaban a Podemos— tampoco benefician las expectativas de Pedro Sánchez.
 
El convencimiento de que no es serio llevar al debate electoral la declaración unilateral de Cataluña ni la lucha contra el yihadismo y la sensación de que en la opinión pública se está instalando la idea de que habrá varios partidos compitiendo por el primer y el segundo puesto, más que por el tercero, están  sembrando desánimo en el PSOE, que querría poder romper la barrera de la actualidad.