7/3/2021
Opinión

Mesianismo tecnológico

Editorial - 15/01/2016 - Número 17
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En qué medida la tecnología determina la acción del ser humano y en qué medida le sirve de coartada es un interrogante que cobra particular relevancia cuando, como ha puesto de relieve el uso masivo de herramientas informáticas, hace más vulnerable la intimidad de los individuos o puede anticipar con un alto grado de fiabilidad sus preferencias, su comportamiento o, incluso, sus esperanzas de vida. No porque existan tales herramientas su uso resulta inevitable, como tampoco fue inevitable en su día el uso bélico de la fisión del átomo. Sostener lo contrario conduce a un fatalismo que haría del ser humano un esclavo de su propio ingenio.

Por prodigiosos que lleguen a ser los avances de la tecnología, la responsabilidad última de usarla o no usarla, así como del uso concreto que se hace de ella, siempre recae sobre el ser humano. Por esta razón, tan ilusorio es imaginar que la tecnología puede alumbrar sociedades más justas y más igualitarias como resignarse a que las haga más fragmentadas e invasivas. Las sociedades serán una cosa u otra en virtud del objetivo que los individuos decidan perseguir, acordándolos a través de la política, así como de la eficacia de las herramientas de las que se valgan para hacerlo. La de la tecnología es hoy tan elevada que parece resultar irresistible la tentación de sacralizarla y proclamarla agente de una nueva era que reduciría a la más completa obsolescencia la experiencia acumulada por el ser humano.

Más que a una nueva era, la tecnología habría conducido entonces a la antesala de una vieja calamidad, porque la alternativa a dirigir la propia vida renunciando a la experiencia es hacer entrega del futuro al mesianismo y a la profecía.