29/2/2020
Opinión

Piña y piñata del PP

Los sospechosos habituales y hasta un diario de estricta obediencia rompieron al unísono el fuego de la disidencia criticando el nombramiento y hubo que rectificar, China mediante, con desdoro manifiesto

Miguel Ángel Aguilar - 08/09/2016
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Piña y piñata del PP
Las breves intervenciones de los portavoces de los grupos parlamentarios que siguieron a la inicial del candidato del PP a la investidura, antes de que se procediera a la segunda votación en el Pleno del viernes día 2 de septiembre, coincidieron en tomar máxima distancia respecto a Mariano Rajoy. Todos, incluido el de Ciudadanos, Albert Rivera, la otra parte contratante del pacto del "sí", le consideraron inadecuado para la función de Presidente de Gobierno, habida cuenta del horizonte penal que tiene por delante como resultado del barrizal de la corrupción en que chapotean su partido y muchos de los dirigentes más encumbrados del mismo, tanto en la península como en los archipiélagos adyacentes. La reclamación unánime solicitaba que fuera propuesto otro candidato por parte del PP.

La primera respuesta a semejante atrevimiento corrió a cargo de Rafael Antonio Hernando último en el turno de palabra. El gesto triste y desgarbado, el flequillo caído sobre el ojo derecho, la dicción arrastrada, el ademán acompasado todo sumaba para realzar la catarata de descalificaciones a sus predecesores sin perdonar a ninguno, tampoco al de Ciudadanos que comparecía como socio con el "sí" por delante. No dejó títere con cabeza. Se empleó a fondo, agotó el diccionario de desdenes intercalando advertencias y amagos de pasar a las manos, a base de afirmaciones centradas en el "no me provoquen señorías". El papel que tenía asignado era el de mover a los diputados para ganárselos sacándoles del "no" al "sí" o por lo menos a la "abstención" pero por la leña inmisericorde que repartía se hubiera dicho que tenía la encomienda de enajenárselos a todos. Y a fe que cumplió de manera ejemplar.

El segundo movimiento instantáneo fue la convocatoria del Comité Ejecutivo del PP ordenada a la secretaria general María Dolores de Cospedal para el día siguiente, sábado 3 de septiembre. De ese cónclave salió el respaldo unánime a Mariano Rajoy per saecula saeculorum. Hubo un cierre de filas, todos hicieron piña y repitieron la consigna de Rajoy o muerte. Entonces, el presidente en funciones, convencido de que quien recibe el honor y acepta el peso del liderazgo no puede darse al relevo ni al descanso, salió para China donde le esperaban en la reunión del G-20, instancia en la que el denostado ZP logró que nuestro país tuviera un asiento, sin que nunca se le haya reconocido el mérito. Antes, dejó resuelta la designación de José Manuel Soria, el exministro sorprendido en últimas mentiras panameñas, como director ejecutivo representante de España en el Banco Mundial.

Nunca lo hiciera que aquella tarde se armó la gris, como cantaba Sarita Montiel en su cuplé de El Relicario. Luego, la catarata de despropósitos y de patrañas desbordó todos los cálculos. Ruido, mucho ruido y al final llegó el final de la renuncia del interesado y de la conversión del ministro de Economía Luis de Guindos en chivo expiatorio. Pareciera que se hubiera dado el grito de rompan filas. Juan Vicente Herrera, presidente de Castilla y León, Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, Alberto Núñez Feijó, presidente de la Xunta de Galicia y candidato en campaña para renovar mandato, los sospechosos habituales y hasta un diario de estricta obediencia rompieron al unísono el fuego de la disidencia criticando el nombramiento y hubo que rectificar, China mediante, con desdoro manifiesto. La cuestión a esclarecer es cómo un presidente con la credibilidad por los suelos, nada más renovar las promesas del bautismo y renunciar a la corrupción a sus pompas y a sus obras en la tribuna del Congreso, procede al nombramiento de Soria. Es imposible pensar que de Guindos lo hiciera por su cuenta y el encadenamiento de mentiras sólo puede explicarse desde la convicción de la propia inmunidad de la que está imbuido Rajoy. Así se pasa de la piña a la piñata donde se premia a todos los inasequibles al desaliento. La siguiente de la fila es Celia Villalobos.