22/10/2019
Europa

Quizás ganamos todos

Una vez más el mareo de las encuestas no ha tocado bola. Contra todos los pronósticos de última hora, el Brexit ha ganado y Reino Unido abandonará la Unión Europea

Diego Carcedo - 24/06/2016
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Quizás ganamos todos
Cameron anuncia su dimisión acompañado de su esposa frente a su residencia en Downing Street.Will Oliver / EFE
Una vez más el mareo de las encuestas no ha tocado bola. Contra todos los pronósticos de última hora, el Brexit ha ganado y Reino Unido abandona la Unión Europea. Será un trámite lento, complejo, pero irreversible. No es cuestión de darles la enhorabuena a los ganadores que no quieren compartir el futuro con nosotros, el resto de los europeos. Allá ellos se lo coman solos, como les gustó siempre, aunque hayan arrastrado a muchos problemas a sus conciudadanos menos nacionalistas y seguramente más pragmáticos y solidarios.

Para Reino Unido es un golpe muy duro y particularmente para su primer ministro, David Cameron, que pasará a la historia como un verdadero irresponsable. El problema no son solo los trastornos que le causará al país desligarse de su gran mercado y de una relación muy estrecha con sus vecinos. Ya se preveía que el referéndum dejaría a la sociedad dividida en dos, pero la dispersión geográfica de los resultados también amenaza seriamente con crearle fracturas irreparables entre sus regiones.

Cameron, que ya se había revelado como un gobernante inexperto e irreflexivo, se olvidó de que los referéndums los carga el diablo: son un recurso válido en algunos casos pero demasiado arriesgado en otros. Su debilidad política y su inseguridad le llevaron a tragar con dos en un año y ahora el país se ha colocado en una situación complicada. Para la UE perder a uno de sus miembros, y de los más importantes, tampoco es una buena noticia, eso por delante, y la deserción de Reino Unido no nos saldrá gratis a los demás.

Pero bien mirado, echando la vista atrás y sobre todo adelante, tampoco es cuestión de ponernos a llorar desconsoladamente y a intercambiar condolencias con los demás damnificados. La Unión Europea funcionó bastantes años de manera eficaz y evolucionó con firmeza hacia los objetivos trazados sin la presencia de Reino Unido. En los 43 años de pertenencia aportó a la organización elementos positivos, pero también fue una fuente permanente de problemas y tensiones que obligaron a los demás a aceptar sus exigencias discriminatorias para el resto.

Bruselas y los demás miembros tragaron muchas de sus exigencias y de sus vetos. Desde que Reino Unido es miembro, el proceso de integración se frenó. Hasta esta palabra se postergó en su programa. A los británicos solo les interesaban las ventajas económicas y rechazaban de plano todo lo demás. Estos días de campaña en torno al Brexit se ha visto que fueron únicamente los intereses económicos los que estuvieron presentes en el debate a favor del Bremain.

La influencia de Londres, que nunca asumió que los demás países socios no fuesen obedientes como habían sido las colonias, limitó las ambiciones europeístas a los intereses del capital. La llamada Europa de los banqueros eclipsó por completo todo lo demás que motivaba la ilusión de las sociedades. El euroescepticismo prendió entre la gente, y contribuyó al auge de los populismos de izquierdas y de derechas, porque estábamos llegando a un momento que parecía que Europa solo era interesante y beneficiosa para unos pocos.

El Brexit puede causar estragos, ejercer un contagio de otras sociedades incorporadas por ventajas económicas y no por vocación. Y sería malo, desde luego, que se produjese una dispersión. Aunque pensar en una UE más reducida, más cohesionada y más convencida no deja de resultar tentador y hasta ilusionante. La reducción de sus miembros quizás tenga alguna ventaja, de momento para dejar claro que quienes quieran marcharse se pueden marchar y que quienes quieran quedarse, se queden con todas las consecuencias, pero sin estar templándoles gaitas todos los días.