14/10/2019
Debate de investidura

Rajoy solo habló cuatro minutos sobre regeneración

Se llevó 35 ovaciones de su bancada, pero ninguna de Ciudadanos, y causó alboroto al hablar de Cataluña

Carlos Larroy - 02/09/2016 - Número 49
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Cuando AHORA publicó el aplausómetro de la fallida investidura de Pedro Sánchez —hace cinco meses—, lo más sorprendente fue la cantidad de ovaciones que recibió de su bancada: 59. Fue todo un récord. Estos actos habían estado hasta entonces revestidos de cierta solemnidad y el candidato rara vez se llevaba una decena de aplausos. En el diario de sesiones se puede comprobar que cuando Aznar presentó su programa de gobierno solo recibió una y dos ovaciones (en los años 1996 y 2000, respectivamente) y que Zapatero apenas logró arrancar ocho aplausos en 2004.

De ahí cabe deducir que la manera de investir a un presidente ha cambiado. Las causas son muy diversas, pero la ecuación parece tener dos componentes principales. De una parte, la creciente espectacularización de la democracia española derivada del gran interés que de repente muestran las televisiones por la política; y, por otro lado, la necesidad de los partidos de dar al discurso un toque mitinero para echar la culpa al contrincante  en caso de que sea necesario volver a las urnas. Le tocaba el turno a Mariano Rajoy y, pese a que su discurso fue tildado de falto de chispa e incluso de ser propio de un burócrata, la bancada popular le dedicó 35 ovaciones. Pero el presidente en funciones tuvo que conformarse con los aplausos de los suyos. Incluso los diputados de Ciudadanos, que se mostraron muy críticos en la rueda de prensa posterior, estuvieron con las manos recogidas durante toda la sesión.

Tiene su sentido que el partido naranja saliera decepcionado porque Rajoy apenas dedicó cuatro minutos a la regeneración. Y sorprendió mucho que la primera parte de ese escueto bloque estuviera más dedicada a exigir que se le apoyara que a hablar de corrupción. De hecho, llegó a decir que lo más importante para que los ciudadanos recuperen la confianza en la política es evitar que haya unas terceras elecciones y obvió referirse a las prometidas reformas de la ley electoral o del Poder Judicial y, por supuesto, a la comisión de investigación por el caso Bárcenas. Y su aseveración de que el Gobierno del PP había hecho que España fuera más transparente que nunca causó 11 segundos de abucheos que la bancada popular  intentó acallar con aplausos.

Rajoy también causó alboroto con dos afirmaciones. La primera cuando se preguntó si había algún grupo que quisiera convocar nuevos comicios, con llamada de atención de la presidenta del Congreso a sus señorías para que guardaran silencio, mientras en la mente de todos estaba el chantaje del PP al programar la sesión en una fecha que haría necesario votar el 25 de diciembre de no alcanzarse un acuerdo o reformarse la ley. Y la segunda cuando en el bloque dedicado a Cataluña —de 12 minutos y muy aplaudido por los populares— entremezcló apelaciones a la soberanía de todos los españoles con una especie de lección sobre la Constitución de Cádiz. Los rumores fueron imposibles de acallar cuando concluyó que su Gobierno había mantenido “una total disposición al diálogo y a la cooperación con la Generalitat”.