14/10/2019
Libros

Tempest. La última esperanza inglesa

En su poemario la escritora y rapera confronta las luces y los abismos que implica la construcción de una identidad

  • A
  • a
Tempest. La última esperanza inglesa
Kate Tempest. Alchetron. ’Everybody Down’ (Big Dada)
Que la música y la poesía transitan por caminos que se cruzan y confunden, por un logos compatible, es algo más que conocido y asimilado. Durante los últimos años compositores y cantantes como Bill Callahan, Patti Smith o James Rhodes han dado en la tecla del respiro editorial con sus poemas, novelas o memorias. Mucho antes, nombres míticos como Apolo, Lino u Orfeo fueron a la vez músicos y poetas. María Zambrano ya apuntó que hundirse en el sueño es el origen de ambos géneros. Y parece que la necesidad de llevar esa sabiduría adormecida a la urgencia del ahora mismo es el propósito de la rapera, poeta y escritora inglesa Kate Tempest (Londres, 1985), que no satisfecha con el éxito de su disco Everybody Down, finalista del premio Mercury al Mejor Álbum del Reino Unido e Irlanda, mantiene un pulso literario igual de reconocido y aclamado que por fin ha tenido eco en España gracias a la publicación de su último libro de poemas, Hold Your Own, traducido como Mantente firme por Alberto Acerete en La Bella Varsovia.

Kate Tempest es una máquina de rimar, pero sobre todo una máquina de poetizar. La asertividad de su discurso unido a la solvencia y compromiso en todo lo que toca la proyectan como una de las poetas anglosajonas que más expectativas crea, como la gran esperanza inglesa. No tardará en traducirse todo lo demás, todo lo que venga. Y es que, a pesar de todo, Tempest todavía está empezando.

Hay que reivindicar el indiscutible valor de una voz joven que parte de la tradición y que soporta un discurso valiente

De esta mujer a la que no paran de buscarle parecidos, influencias y justificaciones se sabe poco, y eso, cuando viene acompañado de virtudes cercanas a lo poderoso, ayuda mucho, y protege. Creció en Lewisham, un barrio difícil al sur de Londres donde empezó a frecuentar los bares con micros abiertos a un público deseoso de contar su trágica historia en una zona donde el jazz o el hip hop formaban ya el guion cotidiano, y donde los bares con micros abiertos no son el hábitat natural de los peores poetas. Ante la dificultad que tenía para entrar en el virilizado mundo del hip hop, Tempest encontró refugio y reconocimiento en el spoken word, de máxima cercanía con la música que ya rondaba su cabeza, y que le permitió cantar al amor, que es principalmente a lo que se reducen sus poemas, y por donde normalmente transita la mejor poesía. Así hasta que llegó el disco, los singles, los premios y comenzó el despegue, pero el ascenso no ha modificado el tono, su verdad: “Pero lo que sería perfecto es / hacer un poema que llegase a ser la mitad de valiente / que tú cuando estás desnuda”.

Para contar lo que quiere decir en Mantente firme, la autora se sirve del trasiego mitológico y las transformaciones del adivino Tiresias, cuya leyenda se inicia el día que separó a dos serpientes apareándose y, como consecuencia, se convirtió en mujer, con marido e hijos. Algunos años más tarde volvió a tropezar con las mismas serpientes, de nuevo entregadas a la faena del amor, y al golpearlas volvió a convertirse en varón. Dada la singularidad de su experiencia y su gran adaptación erótica a ambos géneros, Zeus y Hera le cuestionaron sobre quién goza más con el sexo, si los hombres o las mujeres. Tiresias no dudó un instante y respondió que por supuesto las mujeres. Hera, indignada, lo dejó ciego. Zeus, para compensar, le otorgó el don de la profecía. Así, desde estos hechos transformados aquí en capítulos (infancia, femineidad, hombría y rentabilidad ciega), la poeta hace al lector anfitrión del vacío y del veneno que cada periodo, que toda evolución y poema, acumula para cumplirse como tal. 

Enfrentamiento con el mundo

La infancia solo fue tránsito hacia el bullying y la homofobia que sufrió en su adolescencia. Y es ese enfrentamiento con el mundo, con la sexualidad y con las inseguridades y desengaños de la edad temprana lo que a través del mito hace comprender este viaje desde lo más místico a lo más urbano: “Imagina la escena: / Un chico de quince años. Con sueños comunes / y rutinas comunes”. Y por esa cotidianidad avanzan estos poemas escritos con el preciso pulso de una músico que exige toda la rentabilidad del lenguaje a la palabra, que traza desde los zarpazos de su recorrido vital entre el desgarro y la angustia, con la frustración propia y generacional que siempre asoma en la poesía necesaria: “Tiresias: has perdido / a todo el que alguna vez amaste. / Pero permaneces bajo / la crueldad del sol que arde allá arriba / y te limitas a dedicar sonrisas desdentadas / a todo lo que has visto. Tiresias, mantente firme. / Todos los tús que has sido”.

Tempest sostiene durante el casi medio centenar de poemas bien carpinteados una aguda reflexión y confrontación con las luces y abismos que supone la construcción de una identidad en una realidad que nunca lo pone fácil: “Nació con todo eso en el pecho. / Primero nació. / Aprendió al final. / Arde rápido como el papel / a menos que seas leña húmeda”. Y va de lo más figurativo y sus posibilidades elevadizas a la crueldad de un mundo machista y homófobo educado en el abuso: “Cuando nos estamos besando en una fiesta, / un hombre al que no hemos visto / nos agarra por la nuca / y planta la lengua en nuestras bocas”. Pero siempre queda la serenidad de ir creciendo confiada: “Tus hombros desnudos resplandecen, / atrapan el alba, dejándola inmóvil, y la calma”.

En un momento donde la poesía joven, y solo a veces nueva o buena, se impone en las librerías salvando a la poesía de no morir en los anaqueles más oscuros de las escasas librerías, es necesario celebrar y reivindicar el indiscutible valor y la consolidación de una voz joven que parte de la tradición y que soporta un discurso valiente que proyecta la belleza del mundo desde un desencanto contenido, desde una reivindicación —política, poética, sexual— en orden: “Nacidos con cuerpos que necesitan liberarse. / Hállame dentro de ti. / Déjame ser lo que soy. / Tiresias, el que retuerce mis manos. / Tiresias, el que canta los himnos de la tierra”. Así Tempest y sus himnos de hoy.

Mantente firme
Mantente firme
Kate Tempest
Traducción de Alberto Acerete
La Bella Varsovia, Córdoba, 216 págs.