26/11/2020
Cine

Una historia del cine fragmentaria

The Story of Film: An Odissey se acerca a las películas de una manera heterodoxa

Roberto Amaba - 18/09/2015 - Número 1
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The Story of Film: An Odyssey, de Mark Cousins, fue libro (Blume, 2005) antes de convertirse en serie de televisión (More4, 2011). Cineasta, escritor y docente, Cousins (Belfast, 1965) escribe y filma conociendo las limitaciones y las ventajas a las que se enfrenta: historiar es una tarea compleja de por sí, hacerlo en televisión —aunque sea partiendo de un material literario preexistente— se vuelve crítico. 

Toda historia implica un relato y The Story of Film: An Odyssey lo tiene. Cousins no pretende ser enciclopédico, ni taxonómico. Su exhaustividad viene limitada por dos factores. Uno es físico y logístico: la televisión facilita la serialidad, pero no tolera demasiado bien la densidad. El otro límite es cultural y estético: el cine como arte e industria es demasiado vasto y diverso. Pretender abarcar el todo lo aleja de la profundidad de la serie que Kevin Brownlow y David Gill dedicaron al cine mudo norteamericano y europeo (Hollywood: A Celebration of the American Silent Film, 1980), o de aquellas Imágenes pérdidas (1991), de Vicente Romero, sobre el cine mudo español. Para compensar estas dificultades, Cousins opta por una estructura flexible. Su historia del cine posee un esqueleto cronológico, pero, al mismo tiempo, músculos y tendones que le aportan movimiento. Huyendo de la rigidez, la línea temporal del relato queda rota desde el comienzo por saltos y digresiones: anuncios y avances, saludos y despedidas, regresos y evocaciones.

Una de sus grandes virtudes se encuentra en la reivindicación de las cinematografías periféricas


No resulta fácil dirimir qué toma Cousins como unidad significante de la narración, si la escena o la secuencia. No sorprende si tenemos en cuenta que ya realizó un programa de televisión con ellas como motivo: Scene by scene (BBC, 2000). Al contrario que The Story of Film: An Odissey, primero fue serie de televisión y luego libro (8 ½, 2002). La secuencia le permite ser más claro y literario que, por ejemplo, Godard, que tomó como unidad para sus Historie(s) du cinéma (1988-1998) no tanto el plano como el fotograma. Es decir, Cousins usa el sintagma y Godard la letra. Cousins busca coherencia y fluidez en el ensamblaje de materiales en una labor casi de bricolaje. Las herramientas con los que cuenta para construir la historia del cine son escenas de películas, material de archivo, entrevistas, metraje propio y voz en off . Utiliza las escenas para analizar, el archivo —puntual y escaso— para ilustrar y las entrevistas como fuente de información, contraste y verificación. Todo ese metraje de aspecto más anodino que separa escenas, personajes y periodos es más importante de lo que parece: le sirve para practicar técnicas propias del ensayo audiovisual y para jugar con la ironía. Además, esas imágenes tomadas durante sus viajes alrededor del mundo muestran la evolución y la variedad del paisaje. Escenarios que parecen reclamar el poder del cine para sacralizar lo abstracto y lo concreto, la piedra y la memoria.La discontinuidad es una de sus características fundamentales. Hace décadas se consideraba casi una herejía,  pero la discontinuidad adquirió estatus epistemológico a partir de Foucault y se incorporó como concepto operativo del relato histórico. En el caso de la serie de Cousins, la discontinuidad viene provocada por la fragmentación. Primero Foucault y ahora Benjamin. Más allá del necesario proceso de selección y descarte, The Story of Film: An Odyssey es una historia fragmentaria y del fragmento; la primera por necesidad, la segunda por elección. También es acéntrica. El cine ya no es solo el cine, es el audiovisual. Y el cine no es solo Hollywood y Occidente, es África y Sudamérica, Asia y Oceanía. Tampoco es solo el hombre, también es la mujer en todos los espacios y en todos los oficios, desde las pioneras del cine mudo a Claire Denis, pasando por Ida Lupino. La historia de Cousins no es etnocéntrica: una de sus grandes virtudes se encuentra en la reivindicación de las cinematografías periféricas.

Ideas, innovación y pasión son los tres criterios que guían este particular relato no lineal


La historia del cine —igual que el relato de Cousins— no es irreversible, está sujeta a retrocesos y simplificaciones tanto estéticos como tecnológicos. Tres criterios guían el avance de esta particular cronología del cine: ideas, innovación y pasión. Hay cierto romanticismo —el mismo que señala a propósito de Hollywood para oponerlo al clasicismo japonés— en su planteamiento, pero no es ingenuo. Es consciente de la decisiva influencia industrial y comercial del medio y la incorpora al discurso.El método analítico que utiliza el cineasta es el de esquema y variación, heredero del esquema y corrección acuñado por Ernst Gombrich. La influencia del maestro en esta doble historia del cine hecha de papel e imágenes es evidente. Cousins se queda a mitad de camino entre la historiografía cinéfila, el formalismo y el cognitivismo. Sobrestima el poder de la filiación dentro de unas estructuras universales afectadas por cambios culturales. Esas variaciones no responden necesariamente a una idea de perfeccionamiento, complejidad y progreso constante. 

Cousins tiene gusto educado, excelente capacidad de síntesis oral y un gran ojo para detectar metáforas. Lo que no quiere decir que siempre acierte con sus significados. Es en la atribución de estos donde en ocasiones resulta categórico. No es frecuente, pero a veces pasa de una historia descriptiva y analítica a otra normativa. En cualquier caso, no puede ser tachado de dogmático. Quizá sea un poco revisionista, lo que en la historia del cine no tiene por qué ser necesariamente negativo, intoxicada como ha estado siempre por toneladas de errores y leyendas. La historia de Cousins es accesible para legos e iniciados. Es una historia que sirve para descubrir, pensar, recordar y para discutir. 

No cometa la equivocación de ver la serie en su versión doblada. Es un elogio de la frigidez. La voz de Cousins forma parte inseparable del relato. De inicio puede parecer impostada, pero termina siendo sincera y acogedora como la de un padre leyendo un cuento a su hijo. Es el suyo un acento que parece haber incorporado la guturalidad escocesa —donde reside— a la musicalidad irlandesa —de donde procede—. Permita que sea Cousins y no otro quien le cuente esta historia.