22/9/2019
Internacional

«Ortega no piensa dar marcha atrás»

“Vamos hacia un régimen de partido único y economía de mercado como en China o Rusia”, dice Sergio Ramírez, exvicepresidente de Nicaragua y escritor

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«Ortega no piensa dar marcha atrás»
Daniel Ortega y Rosario Murillo en la toma de posesión de Nicolás Maduro en Venezuela, en 2013. LEO RAMIREZ / AFP

El escritor Sergio Ramírez se confiesa abrumado con la lluvia de solicitudes de la prensa internacional, que desea conocer su opinión sobre los últimos sucesos que han puesto en el radar la deriva autoritaria del régimen de Daniel Ortega. La voz de Ramírez, uno de los intelectuales más respetados e influyentes de América Latina, tiene además el peso de la experiencia política. Con la ilegalización de la oposición, Nicaragua ha entrado “en una nueva fase que terminó con el poco pluralismo que existía. Vamos hacia un régimen de partido único con cada vez menos libertades y sin posibilidad de alternancia en el poder. Aquí ya no hay marcha atrás”. Ramírez fue vicepresidente durante la revolución que acabó con la dictadura de la familia Somoza y fundador del Movimiento Renovador Sandinista en 1995. Retirado de la política, advierte que el matrimonio formado por Daniel Ortega y Rosario Murillo —con su anuncio de presentarse juntos a los comicios del 6 de noviembre, ella como vicepresidenta— colocará a la empresa privada en una encrucijada, al proponer refrendar el régimen de partido único con economía de mercado.

Tras los últimos acontecimientos parece que de repente la comunidad internacional se ha percatado de lo que está ocurriendo en Nicaragua.
Si los diputados electos siguieran en la Asamblea Nacional y si la oposición del Partido Liberal Independiente hubiera sido legalmente inscrita para participar, este escándalo no se habría producido, aún con la elección de Murillo como candidata a la vicepresidencia. Nicaragua no era noticia. Hoy sí lo es. Entonces la primera pregunta que surge es: ¿por qué ponerse en el radar de manera tan negativa? Porque no es que estén alabando a Ortega. Al contrario, la gente está sorprendida.

¿Y por qué  da Ortega estos pasos?
Lo único que te podría decir es que no se trata de hechos caprichosos. No es que alguien un día amaneció encolerizado y dijo “ahora vamos a sacar al PLI del juego y a estos diputados de la Asamblea Nacional”. No, me parece que alguien va con un lápiz uniendo las líneas hasta formar la figura que quiere, y es una figura que necesariamente nos lleva a la restricción cada vez mayor de los derechos políticos y democráticos, de las libertades públicas. Han anulado la verdadera oposición que quedaba en el país. El otro día vi una papeleta electoral con todas las fotos de los candidatos, más la de Ortega, y nadie los conoce. Son gente improvisada, inventada, que está ahí como un relleno trágico de esa papeleta. 

¿Qué tipo de modelo de Estado prepara la pareja presidencial? Las restricciones existen desde hace años, pero también hay una alianza sólida entre Ortega y los sectores empresariales. ¿Se mantendrá?
Sin ninguna duda. Creo que lo que el régimen va a probar es que puede existir un modelo de casi partido único con economía de mercado en el que la empresa privada se entienda con un gobierno sin oposición que ejerza el control total.

El sector privado advierte que estas restricciones democráticas son negativas para los negocios y pide diálogo político. Pero no hay respuesta por parte del Gobierno.
Precisamente eso me da más la razón. ¿Con quién se va a producir ese diálogo? Ni Pedro Reyes (candidato a la presidencia del PLI después de que la Sala Constitucional del Supremo, controlada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Ortega, entregó a Reyes la representación legal del partido en detrimento del opositor Eduardo Montealegre, la segunda fuerza más votada en las elecciones de 2011) ni Maximino Rodríguez (candidato del PLC) son interlocutores válidos. Vamos a ir a un esquema de partido único y economía de mercado. A ver si aquí puede ocurrir lo mismo que en Vietnam, China o Rusia, donde se han creado grandes fortunas a la sombra del Kremlin.

En ese caso el sector privado tendría que aceptarlo, o bien apostar por la democracia, pero los empresarios dicen que no son actores políticos.
La regla clásica del Gobierno con los empresarios ha sido: “Yo me ocupo de la política y ustedes de los negocios, no crucen la raya”. Y me parece que eso, no crucen la raya, ahora va a ser mucho más evidente. Este es el sistema político que hay en Nicaragua. Lo único que puede decir la empresa privada es: “No, nosotros consideramos que un régimen de libertad de mercado y de economía de mercado está íntimamente ligado con las libertades democráticas. No puede haber un sistema donde se elimine a la oposición política, no puede existir la absorción total de los poderes del Estado y la eliminación de la independencia de los poderes del Estado, y al mismo tiempo una economía de mercado”. Esto me parece que es crucial.

Eso lo pueden decir en un comunicado, pero de ahí a ejercer presión...
Aquí la bola va a quedar en la cancha de la empresa privada, no de los partidos políticos, porque repito que los que participan en estas elecciones no son interlocutores.

En las calles no hay sensación de emergencia. A pesar de que se han cercenado los derechos se vive un estado de aparente normalidad.
Tiene que crearse un nuevo tipo de liderazgo político y la oposición debe hacerse cargo de la realidad y actuar en consecuencia. ¿Qué quiere decir esto? Tratar de superar el control social tan cerrado en los barrios, las comarcas y los municipios con un gran peso del partido en el poder sobre la gente que impide o dificulta la movilización política. Aquí las únicas movilizaciones reales que hemos visto en los últimos tiempos son las que dirige Francisca Ramírez desde Nueva Guinea, que reclama la abolición del tratado del canal y el respeto a los derechos de propiedad de su tierra en la supuesta ruta del canal. Creo que la gente todavía está menos preocupada por los derechos políticos que por problemas reales como el empleo.

¿Cómo interpretas la designación de la esposa de Ortega como candidata a la vicepresidencia? Rosario Murillo ya juega un papel importante en el Gobierno, y ahora se coloca en la sucesión del poder. ¿Es un mensaje para el FSLN o para el resto del país?
Yo lo veo como una consecuencia natural de todo lo que ha ocurrido en los últimos años. Este es un régimen basado en la lealtad familiar. El propio presidente lo dijo el 19 julio, que la lealtad para él es lo esencial y no confía en nadie que pueda llegar a abandonar el barco. El límite de los que nunca van a abandonarlo está dentro de su propia familia. Entonces pensé que el siguiente paso es que, alabando la lealtad de su propia esposa, ella será su sucesora y vicepresidenta. Los últimos vicepresidentes eran figuras decorativas que nunca ejercieron ninguna función real. Ahora va a haber una vicepresidenta que comparte el poder con Ortega. Alrededor de la pareja presidencial solo hay operadores políticos: gente que ejecuta una orden y regresa a informar de que la ejecutó, pero no tienen poder de decisión.

¿Cómo ves el final? ¿Apunta hacia una prolongación dinástica?
Esta película ya la vimos y no creo que vaya a terminar bien. Yo aspiro a salidas democráticas. Ya tuvimos demasiados muertos en el pasado y no nos llevó a nada. Espero que tengamos la madurez suficiente para que esta situación se resuelva por la vía pacífica. Creo que tanto en el Frente Sandinista como en la oposición habrá gente de buena voluntad que sabrá que lo único posible para que nos entendamos es un diálogo que nos lleve a la estabilidad política y a la democracia.