25/6/2019
Política

Rajoy prueba la derrota

El candidato del PP llega a la investidura sin los votos necesarios para ser reelegido presidente pese a su amenaza de que si fracasa habrá elecciones el día de Navidad. El PSOE, impermeable a las presiones, se reafirma en el no

AHORA / Rosa Paz - 26/08/2016 - Número 48
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Rajoy prueba la derrota
Rajoy baja una escalera en el Congreso de los Diputados. chema moya / eFE

Tras hartarse de repetir que las sesiones de investidura son para elegir un presidente y no tiene sentido someterse a ellas si no es con los votos suficientes para lograrlo, Mariano Rajoy, el aspirante del PP a seguir en La Moncloa, ha tenido que claudicar aún sabiendo que esta vez va a perder. Se vio forzado a ponerle una fecha al pleno porque corría el calendario y su habitual inmovilismo podía acabar por volverse en su contra: dos meses después de las elecciones no había hecho nada para conseguir los apoyos suficientes. También influyó que las circunstancias políticas habían cambiado con la oferta de negociación de Ciudadanos y, tal vez, que los poderes económicos le presionan para que acabe pronto con el largo periodo de interinidad.

Aunque Rajoy y su equipo pensaron con cuidado el día —el 30 de agosto no es una fecha cualquiera porque si nadie consigue la investidura habrá terceras elecciones el día de Navidad—, su intento de utilizar ese argumento como un elemento más para coaccionar al PSOE no les ha funcionado. “Si hay que votar el 25 de diciembre la responsabilidad será de los socialistas.” Lo dicen los dirigentes del PP y lo repiten algunos medios de comunicación. La estratagema solo ha servido para que la dirección socialista se ratifique en su negativa a facilitar la investidura de Rajoy.

Petición de ayuda al PNV

Así que todo apunta a que Rajoy comparecerá el martes en el Congreso de los Diputados para exponer el programa de su gobierno sin los votos suficientes para ser investido. Solo contará con los 137 del PP y los 32 de Ciudadanos, insuficientes para salir reelegido presidente. Por eso en los últimos días han apelado a los nacionalistas vascos. El candidato del PP en Euskadi, el exministro Alfonso Alonso, ha pedido directamente al PNV que apoye la investidura de Rajoy, para demostrar que “es un partido institucional”. No parece, sin embargo, que eso vaya a ocurrir, al menos hasta que se celebren las elecciones vascas el 25 de septiembre.En el PP confían en que si el PNV necesitara su apoyo para gobernar podría cambiar su posición en Madrid. Pero, de momento, el lehendakari, Iñigo Urkullu, está siendo tan duro como los socialistas, al afirmar, por ejemplo, que si hay terceras elecciones será responsabilidad única de Rajoy, algo que ni siquiera admiten públicamente algunos veteranos del PSOE, críticos con Sánchez, al que presionan para que facilite la reelección de Rajoy por “razones de Estado”.

Ni esas peticiones ni las que hacen de manera soterrada algunos de los barones territoriales parecen afectar al líder socialista y al núcleo dirigente. Como no les afectan, aparentemente, las que les llegan de sectores económicos y mediáticos. Por el contrario, en la ejecutiva del PSOE explican que a medida que se conocen los intentos de hacerles cambiar su voto en la investidura se incrementa el apoyo de sus votantes y de sus militantes a la negativa a mantener a Rajoy en La Moncloa.

En octubre, tampoco

No se prevé, por tanto, un cambio de posición de los socialistas, al menos, hasta ver cómo Rajoy sale derrotado y se traga las invectivas que lanzó contra Sánchez cuando el líder del PSOE intentó la investidura el pasado mes de marzo. “Ha venido aquí sin los apoyos suficientes a hacernos perder el tiempo”, le dijo entonces, antes de calificar de “bluf” su candidatura. Y está por ver si se produce después, porque esa posible abstención que se barajaba en privado ha quedado cuestionada esta semana cuando tras la reunión de la permanente de la ejecutiva, Patxi López, que ejerció de portavoz aseguró que si Rajoy fracasa en las votaciones del 31 de agosto y el 2 de septiembre, seguirán votando que no en octubre.

La dirección del PSOE asegura que tampoco facilitará la elección de Rajoy tras los comicios gallegos y vascos

La mención a octubre responde a las hipótesis de que los socialistas pudieran modificar su posición tras las elecciones vascas y gallegas del 25 de septiembre. Quienes hablan de esa posibilidad señalan que abstenerse antes perjudicaría las expectativas electorales del PSOE en esas dos comunidades, pero que después podrían hacerlo apelando a la necesidad de acabar con tantos meses de interinidad política. Una cuestión de Estado.

Que Sánchez no se refuerce

El endurecimiento de las posiciones de los socialistas tiene mucho que ver con sus peleas internas y con la proximidad del congreso del partido en el que la presidenta andaluza, Susana Díaz, le disputará el liderazgo a Sánchez. Algunos barones territoriales apuestan en privado por la abstención pero no se atreven a hacerlo en público, ni siquiera a solicitar la convocatoria de una reunión del comité federal para replantear el no, porque temen que ese posicionamiento les perjudique ante la militancia en vísperas de ese congreso. “Si forzamos un comité federal y una mayoría a favor de la abstención, entonces Pedro llegará al congreso aclamado por las bases como el adalid de la izquierda”, afirman algunos líderes autonómicos, que se lamentan de la “granítica” resistencia que está demostrando Sánchez.

Tampoco ayudará mucho a que el PSOE modifique su voto el acuerdo que el PP está negociando con Ciudadanos. Hasta el momento, los negociadores  populares, veteranos en estas lides, están logrando adaptar a la medida de sus intereses las exigencias del partido de Albert Rivera. No solo las referentes a políticas económicas o laborales, donde las distancias programáticas no son tan grandes, sino también las relativas a la regeneración democrática de las que Ciudadanos ha hecho bandera.

El PP logra amoldar a sus intereses las exigencias anticorrupción de Ciudadanos

Al PP de Mariano Rajoy le exigieron ya menos condiciones que las que impusieron a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, o a la socialista andaluza, Susana Díaz. Pero además los populares están consiguiendo modelar esas pocas exigencias a su medida. Así ahora en Ciudadanos distinguen entre corrupción política, que sería, a su juicio, el enriquecimiento personal y la financiación ilegal del partido, y mala praxis política, en la que se encuadraría el caso del diputado por Castellón Óscar Clavell, procesado por prevaricación y malversación en su etapa de alcalde de Vall d’Uixó. De ese modo, Clavell no se vería afectado por el compromiso de dimisión de todos los cargos públicos imputados por corrupción política. Un gol del PP que, de conseguirlo,  deja a Rivera y a su partido en una posición muy complicada —aunque solo buscara una coartada para dar el sí en la investidura, Ciudadanos necesitaba que fuera en medidas anticorrupción—, pero que también retrata las nulas intenciones regeneradoras del PP.

Menos poder parlamentario

Pero el pacto de Ciudadanos con el PP, que se presenta como solo para la investidura, atañe a más aspectos que pueden limitar las posibilidades de la opoisición de imponer al próximo gobierno algunas políticas desde el Parlamento. Un argumento que esgrimen también algunos de los que defienden la abstención del PSOE: “Se gobernará desde el Parlamento, no desde Moncloa”, aseguran. Pero para que eso sea así sería necesaria la concurrencia de Ciudadanos en el bloque de la oposición junto al PSOE y a Podemos, como ocurre, por ejemplo, en la Asamblea de Madrid. Esas posibilidades se verán mermadas si el partido de Rivera se compromete con el PP en cuestiones como la reforma laboral de Rajoy, la LOMCE o limitando la comisión que investigue el caso Bárcenas y la financiación del PP, por poner algunos ejemplos.