18/9/2019
Internacional

Turquía, último frente de la guerra siria

La incursión del Ejército turco acorrala a Dáesh en territorio sirio y trunca la expansión de los kurdos

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Turquía, último frente de la guerra siria
Tanques del ejército turco se dirigen a Jarablus. BULENT KILIC / AFP / Getty

Un denso humo negro se alzaba desde los olivares a la salida de Jarablus. Una serie de fuertes detonaciones sordas nos recordaban que no había ningún lugar seguro. Solo 11 días antes, la zona estaba bajo control de Estado Islámico. Después de tomarla, el Ejército turco convirtió la pequeña ciudad de Karkamis, en el lado turco de la frontera, en un gigantesco puesto de avanzada.

A unos siete kilómetros hay una base militar turca presidida por un inmenso tanque medio enterrado. En el centro de control de la aldea de Kivircik hay aparcadas unas 25 ambulancias modernas. Al lado se han instalado tres tiendas descomunales que conforman el hospital de campaña local. El hospital está ahí para atender a soldados turcos, luchadores del Ejército Libre Sirio y civiles. Junto al complejo hospitalario, docenas de trabajadores humanitarios turcos preparan comida para los residentes de la pequeña ciudad del lado sirio de la frontera, que han sufrido tres años de control de Dáesh.

Casi 90 kilómetros de la frontera turca, de Jarablus hasta Azaz, habían sido liberados de la presencia de ISIS

Un buen número de habitantes recientemente regresados atestiguan que durante el año pasado Jarablus había sido casi arrasada por el hambre. Los locales no podían cultivar sus tierras por las minas colocadas en ellos por los islamistas radicales. La poca comida que llegaba a la ciudad iba en su mayor parte a los líderes de ISIS. No es difícil imaginar la inmensa alegría de los habitantes cuando los convoyes turcos empezaron a llevar comida a través del pequeño pasaje fronterizo inmediatamente después de la liberación.

La mayor parte del contingente de ISIS había salido de Jarablus bastantes horas antes del lanzamiento de la operación Escudo del Éufrates. Como si se esperara un ataque turco. Algunos de los islamistas radicales huyeron a Raqqa, la capital del autoproclamado califato. Otros grupo salió hacia la cercana Al Bab, la última gran ciudad junto a la frontera turca en poder de Dáesh.

Pocos días después de la liberación de Jarablus, los combatientes de la oposición siria ya acompañaban a las fuerzas turcas en su ambiciosa incursión hacia el oeste. Hasta el domingo, casi 90 kilómetros de la frontera turca, de Jarablus hasta Azaz, habían sido liberados de la presencia de ISIS. La mayor parte de los combatientes sirios que se dirigen al oeste son miembros del Ejército Libre Sirio, ahora el principal subcontratado de la política exterior turca en Siria. Esa política no se centra exclusivamente en apartar aDáesh, ni mucho menos. Otro objetivo clave es impedir la autonomía kurda en el norte del país. Antes de la ofensiva turca, la milicia kurda (YPG) estuvo a punto de conseguir la fusión histórica de sus tres provincias en una enorme zona autónoma llamada Rojava. Pero el proyecto ha sufrido recientemente un buen número de devastadores reveses.

Tal como están las cosas ahora, Turquía exige que los kurdos se retiren inmediatamente a la ribera occidental del Éufrates. Lo mismo les han exigido los rusos y, lo que es más importante, los estadounidenses, que una vez más parecen dispuestos a dejar tirados a sus propios aliados. Ese escenario parece más probable aún porque los turcos han abierto otro frente militar cerca de Kilis. El sábado 4 de septiembre, 20 tanques turcos se adentraron en el territorio sirio que se disputan ISIS, YPG y el Ejército Libre Sirio. En cosa de días, los 90 kilómetros entre Karkamis (Jarablus) y Kilis (Azaz) se convertirá en un frente unificado y, muy posiblemente, una zona militar cerrada. Con la ayuda de esta “zona”, las autoridades de Ankara estarían bien posicionadas para formar rápidamente lo que hasta ahora han llamado una “zona neutral” y asegurarse de manera efectiva uno de los que durante mucho tiempo han sido sus objetivos estratégicos en la región. Esto fue confirmado tajantemente a AHORA por varios diplomáticos de alto rango en Ankara. Sería un golpe devastador para los kurdos, que ya han afirmado que no van a abandonar pacíficamente las posiciones que tanto les ha costado ganar.

Reabren las tiendas

El comandante de policía en la vacía, silenciosa y ostensiblemente nerviosa ciudad de Karkamis me informó de que en algunos lugares el Ejército turco ha logrado avanzar hasta 30 kilómetros en territorio sirio.

En Jarablus no había muchos soldados turcos. La mayoría de ellos había seguido avanzando. Como Dáesh no dejó una guía de la ubicación de las minas, un buen número de ellos se dedica a desminar  los campos que rodean la ciudad.

El Ejército Libre Sirio es ahora el principal subcontratado de la política exterior turca en el conflicto de Siria

“Ahora todo está bajo control. Al menos aquí en la ciudad”, dice un periodista sirio llamado Murad Mahli, que regresó a su nativa Jarablus un día después de la liberación de la pequeña ciudad. “Me alegra poder decir que la vida está regresando lentamente a las calles. Unas pocas tiendas han reabierto ya, señal indudable de que la gente empieza a sentirse segura de nuevo.” Mahli estaba entusiasmado pero también era cauteloso. Durante el reinado de Dáesh perdió a varios familiares en ataques con terroristas suicidas. La casa de su familia no estaba muy dañada, así que no tardó en poder instalarse en ella.

Antes de la guerra, vivían en Jarablus unas 30.000 personas. Durante el reinado de ISIS, ese número se redujo a la mitad. En los últimos días, varios miles de exresidentes han podido regresar. “Saber que Dáesh ya no es una amenaza para nosotros es una sensación fantástica”, dijo un hombre extremadamente delgado al que conocimos justo al lado de la frontera y que prefirió no revelar su identidad. “Todos estamos muy contentos de ver el despliegue de la operación militar turca. Muchas de las casas de Jarablus han sido demolidas, hay grafitis islámicos en todas partes, pero la ciudad en sí… Bueno, ha logrado sobrevivir. Muchos hemos salido a la calle a celebrarlo.”

En ese momento, la pequeña ciudad parecía desierta por el calor de la tarde. “Nosotros somos gente sencilla”, dijo el hombre delgado entre un estallido de risas filiales. “Nunca hemos estado muy interesados en la política. Pero entonces vino la guerra. Y por supuesto tuvo un gran impacto en nuestra existencia. Por suerte, en nuestra aldea no cayó ninguna bomba ni ningún cohete. Pero muchos sitios cercanos..., ah, eso es otra historia. Esperamos no tener que ver cómo Estado Islámico trata de vengarse.”

Traducción del inglés de Luisa Bonilla.